domingo, octubre 23, 2005

Y no fue un Huracán mas


A unas horas de que el huracán Wilma se ha alejado de las costas de la Península de Yucatán inician los recuentos del daño.
Yo que he nacido y vivido en ésta parte de México en donde de junio a noviembre de cada año tenemos el período ciclónico, que viví la llegada de Gilberto e Isidoro, nunca ni en mis mas profundos recuerdos y temores de esos momentos he sentido esta desazón que siento en este momento, y no encuentro como explicarlo.
Por un lado, a pesar de estar en alerta roja y resguardados, los habitantes del estado de Yucatán, particularmente de Mérida (que es mi ciudad) no tuvimos más que estar, prepararnos y mantenernos informados.
Hoy la verdad me abruma veo las imágenes de la zona de desastre en Quintana Roo, y pienso cuanto se ha llevado Wilma con ella.
Pienso en tantos amigos, tanta gente querida que vive y trabaja en esa zona y me pregunto ¿cómo estarán?, ¿cómo ayudar?, ¿qué hacer?
Y por igual me indigno ante las discusiones peregrinas de que si Chiapas está peor que Cancún, que si merece más ayuda Chiapas que Cancún, el sólo oírlo me irrita, quiero preguntarme, ¿qué acaso no todos son mexicanos?, ¿qué acaso dejamos a un hermano en desgracia por correr a atender al otro?
Si algo caracteriza a ésta sociedad mexicana es su capacidad para sobreponerse a los embates del destino, cierto que últimamente la naturaleza se ha cobrado varias cuentas juntas, cierto también que tenemos la fuerza, el carácter y el alma para dejar las cosas mejor que lo que estaban, partir de lo que hay para terminar con algo superior, en todos los ordenes, en todas las zonas.
Gran reto para la sociedad civil y para el gobierno a todos los niveles, uno deberá ser colaborador y vigilante, el otro deberá esforzarse al límite de todo su potencial para justificar su existencia.
Por lo pronto emprendamos cada quien desde nuestro sitio y posibilidades una acción de hermandad.


Fotografía: Diario de Yucatán

1 comentario:

Anónimo dijo...

Horas de angustia se vive con estos fenómenos naturales. Durante ese día, esa noche, recibía mensajes de amigos que están allí en Cancún, hasta que la señal se perdió. Como el de una amiga de Isla Mujeres, que me decía que se hunde la isla. Momentos difíciles.
Y... Chiapas? Chiapas ya estaba viviendo estragos de un anterior huracán. Si me dieran a elegir a donde ir para ofrecer ayuda, yo elegiría Chiapas. ¿Por qué? A pesar de que tengo amigos en Cancún, inclusive una media hermana y una amiga que esta presente, pero me iría a Chiapas por ser mas vulnerable sus habitantes y otra por recordarme mis tres a cinco años de mi infancia. Si, etapa que viví corriendo caminos rojos y pedregosos, sin zapatos, cuando mi hermano nació y yo empecé a ver a mi madre como se rompía el cuero y los pulmones por darnos un poco. Aquellos caminos el aire y aquellos papalotes que construía para correr y empecé a cuidar a mi hermano menor. Me divertí y viví, goce esos dos años y aprendí que la vida es mas que estar descalzo y correr caminos rojos. Así vi a Chiapas, niñas corriendo por las calles y trabajando, mujeres con cargas y sus manos siempre en movimiento; trabajando, y mucha falta de atención y educación.
Todos como seres humanos tenemos los mismos derechos, cierto como dice, todos somos mexicanos, pero Chiapas no se le ha brindado esa equidad en mucho tiempo, y aun falta mucho por hacer en Chiapas. Y esas acciones de hermandad hagámoslo por todos y un poco mas a quien más lo necesite.