En el mar la vida es más sabrosa

Las vacaciones, como en realidad cualquier época festiva, nos sirven a los mexicanos para reavivar o resaltar las esencias más puras de nuestra nacionalidad.
En primer lugar mencionemos nuestra necesidad de estar acompañados, y no me refiero a ir con nuestra esposa e hijos o en el caso de la soltería plena (que no solterona) acompañarnos de algún familiar para viajar tan lejos o tan cerca como nuestras finanzas nos lo permitan.

Me refiero al acompañamiento de todo un ejercito (dividido en diversos batallones) para sentirse feliz y acompañado, esto claro puede ser casual o causal, imaginémonos a una mujer diciéndole a otra: “Pues fíjate comadre que Alberto anda pensando en alquilar una casa en la playa esta temporada, los gordos ya se cansaron de ir con los tíos a Cancún, ya hace 3 años que fuimos la última vez y como dice Beto: ¡Tienen que convivir con sus amiguitos!”; en esos momentos estamos incitando a la comadre a acompañarnos, esta acción la realizamos sin estar plenamente concientes de su finalidad (puede ser que queramos compartir el costo del susodicho predio o sólo es el deseo de comentarlo para lograr la envidia), de una u otra manera nos hemos convertido en una opción de relax colectivo para un grupo más o menos extendido de familiares y amigos casi familiares (de cariño), que se suman al barco de las ilusiones vacacionales.
Llegado el momento, hasta la abuelita o la tía no tan joven acaba emboletada (con gran felicidad o sin ella) en la aventura, siendo que de alguna manera podrán hacerse cargo del grupo de infantes, de los pre y pospúberes en caso de que nos salga una fiesta a los mayores.
El susodicho predio playero puede estar ya sea frente al mar o a un kilómetro de él, más no pierde atractivo, especialmente si fue cimentado con alguna frase similar a la siguiente: “pues bien comadre ya sabes que ahí está la casa, nomás lléguese con los niños y ahí nos acomodamos, lo importante es que nos reunamos y la pasemos bien todos juntos”.
No digo que no exista la buena y amigable intención, más ¿cómo calificar a ese sentimiento que nos nace del corazón? (como dirían las Pandora). Esa sensación de: “¿qué habré hecho para merecer esto?” y la mirada castigadora del conyugue que nos dice, por ese medio de expresión: “¿era necesario publicarlo?”
Pensemos en un sábado cualquiera de temporada, en donde después de recibir visitas fugaces toda la semana, servir y cocinar para todos, ir por los niños a sus diversos compromisos sociales (sin los cuales perderían status dentro de su selecto grupo de amigos), determinamos que éste fin de semana nanay de nada, a descansar, que cada quien haga y coma lo que pueda y como pueda….. más de repente oímos una voz familiar, rodeada de gran ajetreo que nos grita: “comadreeeeeeeeeeee ya llegamos” y se nos presenta toda la familia de “cariño”, incluida la mascota, cargados con dos bolsas de Sabritas, un six pack, 1 latita de dip y dos botellas de refrescos de dos litros, todo eso como apoyo al almuerzo familiar colectivo.
“Qué padre que está la casa, ya le dije a Huayo o te avivas y rentamos casa el año que viene o ya de plano nos juntamos con los compadres, pues me da tanta pena caerte siempre”.
Es ahí donde la idea de descanso se esfuma y se inicia el movimiento de niños por todos lados, pidiendo refrescos, botanas, toallas que van y vienen, el corre-corre a encargar pescado frito para todos, los señores viendo la vida pasar con su “chela fría” motivados a hablar de su trabajo o de los amigos ausentes.
Uno siente realmente algo parecido al pecado, y no es falta de amor, sólo es engentamiento.
No puedo dejar a un lado a las personas que si son felices recibiendo “in pronto” a cualquier conocido que se les presente, que lo disfrutan y hasta lo promueven, ejerzo hacia ellos solamente una profunda admiración, pues sacrificar tu tiempo personal planeado para el reposo para satisfacer las necesidades de una tribu inesperada y además ser feliz, no puedo más que admirarlo.
En fin, que al atardecer, entrando la noche, suplicando que no sea muy entrada la misma, porque entonces se corre el peligro de que: “en donde duermen cinco, duermen nueve”, los llegados (invitados sin fecha o cita definida) se retiran, muy agradecidos y comunicándonos lo bien que la han pasado, sin desechar la idea de repetir la experiencia.
Nosotros nos quedamos con la casa caída, más cansados que al despertar, pero diciéndonos a nosotros mismos: “son los amigos, son familia, así es la temporada”.

Momentos gratos

No he tenido un hijo biológico, más la vida me ha brindado la feliz posición de ser amiga, cómplice y tutora de algunas personas con las que me he ido encontrando en el camino de la vida.
¿Cómo nos hemos encontrado? eventualmente en el aula, lugar donde tengo el placer de compartir experiencias y conocimientos con miles de jóvenes algunos de los cuales conforman mi familia del alma.
Ellos y yo hemos crecido, compartido, llorado, reído, aprendido, discutido y querido. Lo más hermoso es que en ese grupo se encuentran seres humanos de todas las edades, condiciones, visiones del mundo y de la vida muy distintos, entonces ¿qué nos une? la afinidad.
¿Pues cómo, no que difieren? exactamente, nos une el respeto mutuo, la lealtad, el cariño pleno demostrado por la aceptación del otro exactamente como cada quien es.
Uno a uno se han ido incorporando con el paso de los años, lo importante aquí es que pocos se han desapegado, inclusive, algunos ya son amigos, independientemente de la relación grupal.
Las anécdotas son infinitas, sería muy difícil relatarlas todas, más se que al leer estas líneas ellos sabrán a quien me refiero.
¿Cómo olvidar el sonido del megáfono en plena platica de Catón en el Club Campestre y la salida cual jugador de fútbol americano del único alumno que nunca hubiera activado dicho megáfono?; la desaparición de una lata con un lechón al horno completo en plena convención; la emoción de ser animada en momentos difíciles al cantarte : "Personalidad" de Tin Tan; el estudiante que se presenta a ocupar un puesto en un despacho en donde no había sido entrevistado para puesto alguno y que permanece ahí por años, demostrando con el tiempo que la dedicación y la inteligencia aplicadas con sencillez son muestra de que no se requiere de golpes políticos o morales para demostrar lo que eres capaz de llegar a ser; la adjunta siempre autogestiva que llega a decirle a la maestra: "no vengo mañana pero ya organice a todos para que ellos si vengan"; el comentar en clase alguna situación personal y al final de ella encontrarse con dos o tres jóvenes dispuestos a proponer soluciones sin esperar nada a cambio. 
Podría seguir describiendo hechos, acciones, vivencias individuales o colectivas que divertirían o asombrarían a algunos u otros al conocer a los protagonistas de dichas acciones, más éstas siento que describen el nivel de relación y sentimientos compartidos.
Es emocionante encontrarnos y recordar, ponernos al día de nuestras vidas, en el caso de que la cercanía no fuese la deseada.
Estos comentarios los comparto debido a que en estos días tuve la oportunidad de acompañar a uno de mis hijos del alma en uno de los momentos más importantes de su vida: su boda.
El ser testigo de ese acontecimiento en donde un joven que has visto crecer, forjarse como persona y como profesional, el recordar tantos momentos compartidos en donde el desamor juvenil era el punto. El verlo pleno, feliz, en compañía de la joven que ha decidido compartir su vida con él fue algo emotivo y lleno de sensibilidad.
Las familias y los amigos más cercanos reunidos ahí hemos sido testigos del amor y la felicidad de encontrar a tu compañero de vida, en la plenitud del conocimiento mutuo y aceptación plena.
Creo que soy una privilegiada al poder vivir y compartir nuestras historias de vida.

La vida que inicia

Estando en consulta medica, al preguntarme la doctora mi edad, inicié mi respuesta diciendo: “cinc…..y me detuve replicando: ¡Pero que horror…….. no, no, no 49!” y la doctora sonriendo me dijo, “ya se esta preparando para decir cincuenta”: Me quedé anonadada, pues en el sentido mas humilde y fiel a mis sentimientos, reconozco que no me siento mayor de 38, claro que, tal circunstancia ha sido fomentada más por personas que al conocerme y cuestionarme acerca de mi antigüedad no dan crédito en su mayoría al modelo que soy, que por mi falta de visión frente al espejo.
Recordando, me cimbra la maléfica verdad de que de pequeña ya me “andaba” por ser mayor, no era ninguna edad específica, pero quería alcanzar una edad que me permitiera ser autogestiva. Cuán dolorosa enseñanza conlleva confrontar la realidad de que al llegar a la edad debida, la autogestión no se incrementa proporcionalmente con la responsabilidad y la edad, es decir, nos viene la edad con un chorro de responsabilidades y realidades de vida, siendo que la libertad se ve acartonada por dichas responsabilidades.
Recuerdo con gran placer mis años 20´s donde, de paso, me cayeron unos cuantos veintes de verdad; mis 30's son prófugos que pasan como escenas selectas de una película en DVD, más bien son un álbum de circunstancias seleccionadas.
Y aquí es donde se inician las meditaciones pues generalmente quienes nos rodean son personas de nuestra edad o mayores, así como retoños propios o ajenos, sobre los dos primeros grupos nunca falta la frase, “hija disfrútalo….la vida empieza a los 30's” y uno se dice ¡YES! Ahora sí....
Al ir acercándonos a los 40’s las mismas voces, u otras, que han sustituido a las voces ausentes, nos indican: “los 40’s son una etapa inigualable, es la plenitud, realmente se inicia la vida a los 40’s” y uno, que ya se siente más en ellos que en los anteriores, se dice: “¿Ves?, esto era solo un calentamiento…”
Ahora al borde de los 50 años de edad, me salen con que, no te preocupes mujer, ¡La vida empieza a los 50’s!....yo francamente me quedo viendo a la distancia y me pregunto a mi misma ¿Será que alguna vez llegue al medio término de la vida?
O como decía mi mama, soy candidata a ser de esas personas que “….pasan directamente de verde a podrido, es decir nunca les llega la madurez”….sea esto lo que sea, dicho sea de paso.
Con aquello de que ahora no hay ancianos sino adultos en plenitud, si no acabo de iniciar la vida ¿Cuándo llegaré a estar plena?
Mejor me dejaré de engaños y determino que la vida inicia cuando somos procreados, nos llevamos nuestra primera metralla de experiencia al nacer y de ahí para adelante cada quien va teniendo la edad que sienta.
Finalmente todo está en nuestra mente y en la actitud que tomemos ante la vida.


The End

La Temporada

Pensando en las próximas vacaciones de verano, recordaba los ayeres en los que en contraposición a mis contemporáneas yo viajaba con mi mamá a la ciudad de México.
Algunas de mis compañeras hasta viajaban a otro país, más invariablemente, se agendaba un espacio famliar para pasar en las playas de nuestro bello puerto de Progreso, ese sitio privilegiado que se viste de gala tan pocas veces al año, kilómetros y kilómetros de playa con cientos de casas, muchas de las cuales hoy disfrutan extranjeros más visionarios.
En esa época, finales de los 70’s mediados de los 80’s (del siglo pasado, conste), era como un sitio especial para vivir plenamente “lunadas”, en donde la guitarra solía ser la gran compañera de las reuniones frente a la fogata en la arena.
Tuve la oportunidad de disfrutar, eventualmente, algunas de esas vacaciones a invitacion de apreciadas familias que me abrieron sus casas y alentaron en mí el gozo de esos rituales que variaban según la época y la edad.
Mis recuerdos acerca de mi única pesca, la cual fue desde la orilla de la playa una madrugada de agosto se siembran especialmente en la importancia de soltar o jalar el cordel, lo cual en mi vida actual sigo practicando; la sentada en las “barditas”, cuyo objetivo era ver y ser visto; la visita a los futbolitos, que tenia como fin el mismo del punto anterior; los dulces de Miguelito; la jugada de lotería y posteriormente de continental.
No recuerdo, aunque probablemente se daba, que en esas épocas existieran grandes bailes con horas de ensayo y coreografos, ni multitud de competencias organizadas formalmente y de todo tipo, refrescadas con grandes cantidades de cerveza, ni mucho menos los indispensables “pomos” para alegrar la noche, insisto, no dudo que lo hubiera entre circulos muy específicos y con edades que ya tenian varios ayeres de haber obtenido la licencia de conducir (no existía el IFE).
No visualizaba que algo fuera distinto de una casa a otra, aun cuando en la vida real hubieran notorias diferencias, si acaso lo único que viene a mi mente es la incongruencia de una piscina frente al mar, más reconozco su gozoso beneficio. Lanchas habian y lo más cercano a lo "nice" eran de no muchos pies de largo, sólo para dar vueltas o ir de pesca a algún bajo, con un buen pescador que guiara y preparara el ceviche inicial; las inflables (lanchas) eran de “alta tecnología”.
Lo más extravagante de esa época para mí, fue aprender a montar en minimoto, posesión escandalosa de una joven de la sociedad meridana, la cual tuvo a bien proporcionármela por algo más de 10 minutos y con la que me di una gran derrapada en la arena, lo cual provocó mi deshonroso destierro de la lista de motociclistas autorizados.
Todo esto lo retomo estos días al iniciar una nueva etapa de la temporada, a pesar de que son muy pocos mis recuerdos sobre el tema, año con año me he ido enterando, por referencias, de los diversos tipos y ámbitos de diversión que se van generando para pasar un buen verano, las diferencias son notorias y no pretendo aseverar que el pasado fue mejor, más me conmueve el presente.
Me conmueve la cantidad de dinero invertido en ser feliz, barcos-veleros-yates, motos acuáticas,
motos de playa, automovilistas menores de edad, discotecas que abren sus puertas la mayoría de los días de la semana y en las cuales sin pudor alguno podemos saber que salen muchos de nuestros jóvenes en estado tal que se vuelven enemigos de si mismos y del ser humano que tenga la poca fortuna de cruzar por su camino; la logística de los padres de familia para repartir a púberes y pospúberes, en el caso de que estos no tengan vehiculo asignado, con las debidas quejas entre dientes por las largas distancias y los multiples pasajeros a repartir y tantas otras circunstancias tan ajenas a nuestro verdadero ser y sentir con respecto al sentido de la "temporada".
Se percibe como poco usual el precioso tiempo compartido entre familiares de diversas edades y niveles de parentesco, las relaciones de amistad cimentadas en grandes aventuras, el conocimiento de la naturaleza, el disfrutar de lo sencillo por puro placer.
Todo esto pareciera que ya no da felicidad, veo las fotos de las actividades actuales en las secciones de sociales de la prensa escrita y me pregunto ¿será que no entiendo lo que es divertirme actualmente? ¿podrá ser que ya llegué a ser “Old Fashion”?
Razono que no es cuestión de edad, pues ante mis ojos desfilan hombres y mujeres que fácilmente podrían ser mis padres, jovenes, niños y bebes con grandes sonrisas (algunos mas bien con cara de "alguien me puso aqui"), todos abrazados y apretujados con todos, misma pose que se repite foto tras foto, variando eventualmente los rostros, los eventos y el fondo de la foto.
Si alguien anda perdido en ésta reflexión lo invito a acompañarme, pues lo único que pretendo decir es: ¿Dónde ha quedado el simple placer por el placer mismo? Sin ropas de marca, sin equipos motorizados, sin grandes automóviles, sin el alcohol que muchos muestran en dichas fotos "de sociales"brindando entre si, como enviando el mensaje: ESTO ES LO QUE DA LA FELICIDAD.