¿Buena Suerte, Mala Suerte?

Hace ya algunos años que conocí esa frase, refiriéndose a que eventualmente las circunstancias que nos rodean en algún momento definido, tanto nosotros como los demás los atribuimos a la suerte, que sería buena o mala según el impacto positivo o negativo que esta tuviera sobre nosotros.La historia que la respalda es un poco larga, y suelo contarla en clases o en las conferencias que doy sobre un campesino chino de mediados del siglo pasado y las situaciones que le suceden, particularmente relacionadas con su hijo, lo que consecuentemente tomaban sus vecinos para calificarla de buena o mala suerte los efectos que éste campesino tuviera que soportar sobre los actos de o con respecto a su hijo.

Cuenta la historia, hace ya varios años, que en una comarca de algún lugar, vivía un granjero. Este se dedicaba a la siembra, ayudado por un viejo caballo. Un día el animal se fugó hacia una pradera. Prontamente, llegaron hasta la granja todos los vecinos, haciéndole saber que se condolían por lo sucedido, “qué mala suerte” dijeron, a lo que el granjero respondió: “¿mala suerte, buena suerte?.” 
Dos semanas más tarde el caballo regresó acompañado de una tropa de cuadrúpedos salvajes. 
Nuevamente se acercaron los colindantes y exclamaron: “¡Qué buena suerte!”, a lo que el granjero respondió: “¿Buena suerte, mala suerte?. 
Luego de unos días, el granjero le pide a su hijo que subiera a uno de esos caballos y que lo domara. El caballo era bravo, y no fue fácil tarea, tal es así que el joven acabó revolcado sobre la tierra y con una pierna rota. 
Nuevamente todos se acercaron para expresarle al granjero sus compasiones: “¡qué mala suerte!”, rápidamente sobrevino la respuesta : “¿Mala suerte, buena suerte?”. 
Pasados tres días, llegaron al pueblo reclutadores para la milicia, buscando jóvenes que sirvieran a la patria para la guerra que se estaba por librar. Como era de esperar visitaron la granja en busca del joven, pero al ver en las condiciones en que se encontraba su pierna luego del suceso con el caballo desistieron de reclutarlo, ya que no les serviría para sus propósitos.
Los colindantes jubilosos se acercaron a la granja y expresaron ante el granjero: “Qué buena suerte”, la respuesta de éste fue: “¿Buena suerte, Mala suerte?”.Desde entonces consideré que la buena o mala suerte no existen, que se dan situaciones como consecuencias de nuestros actos, pero sé también que algunas veces ciertas personas pagan de más en la vida, y otras van con el camino más aceitadito, y no como consecuencia de sus actos, mas si lo analizamos un poco podríamos encontrar que las causas pueden encontrarse en su entorno o como consecuencia de decisiones de personas cercanas.
La situaciones no esperadas si son buenas debemos agradecerlas, disfrutarlas y compartirlas; las que son negativas, debemos tomarlas como una prueba de caracter y aprendizaje, lo cual nos dejará más fortalecidos cuando las hayamos dejado atrás.
De hecho me enteré no hace mucho de que en Francia se considera de muy mal gusto desearle “buena suerte” a alguien sobre alguna tarea o misión a emprender, pues se asume que esa persona es tan incapaz que sólo la suerte puede ayudarlo, porque si fuera solo por capacidades o habilidades la cosa no estaría asegurada.
Dicho todo lo anterior, procedo al comentario.
Durante muchos años he hecho lo mejor, lo que he considerado más efectivo y adecuado, más la causa por la que opté para actuar así en mi trabajo y en mis relaciones interpersonales es el crecimiento emocional, darse sin medir tiempo, ni cansancio o enfermedad; quienes me leen y me conocen, saben que no me estoy auto alabando, que más bien me he puesto, inclusive, en situaciones no muy favorables para mi misma y peor aún, por causas innecesarias, más cuando uno es así, es difícil dejar de serlo.
“Bien, a la primera y todo las veces”, esa ha sido mi frase y mi motivo.
El deber por el deber mismo.
A partir de entender esta dimensión de la vida y de la raza humana, no he buscado reconocimiento alguno como una forma de vida y gracias a eso no me he sentido defraudada, puesto que en la vida es difícil que alguien señale lo positivo del otro, es más fácil denostarlo o decir algo desagradable, cierto o no, que apagar nuestro ego y reconocer las ventajas, cualidades o rendimiento del otro, aún cuando al hacer eso, nosotros mismos ganamos como seres humanos.
En el mundo en que me desarrollo, que es lo academico, todo esto es peor aún, pues los egos se inflan con los títulos y los grados, lo que como consecuencia logra que. por efectivo que uno sea, no es nadie, al no tener mínimo cuatro grados académicos logrados, perfectamente respaldados por el papel respectivo y pagados, en su mayoría, por las propias instituciones en búsqueda de la excelencia, aunque la utilidad de todo ese conocimiento no se refleje en beneficio ni de los alumnos ni de la comunidad, por el contrario, y salvo contadas ocasiones, en mi experiencia a mayor academismo, menor aportación y rendimiento positivo académico hacia los demás.
Tomando todo eso en cuenta, cuando dentro de ese mundo y más aún del entorno de los negocios, alguien no tan respaldado documentalmente como una servidora, recibe una satisfacción por medio del reconocimiento, es verdaderamente estimulante, es rejuvenecedor, es amable para el alma y emocionante para el espíritu.
Siempre he pensado que los malos son muchos, pero que los buenos somos más, lo que sucede es que no nos hemos decidido en ponernos de acuerdo y actuar.
Por lo tanto, agradezco a quien lee estas líneas y las siente como propias, debido a que si he compartido esta experiencia no es por ego, es para que mis 7 lectores sepan que es posible ir por el camino recto, trabajar más allá de lo “debido”, caminar un kilómetro de más, hacer ese último trabajo hoy y no dejarlo para mañana.
Sentirse que uno es especial, no porque un documento lo acredite, sino porque hace lo que debe, cuando debe, con el máximo esfuerzo, basándose en los valores fundamentales.
Puede uno tardarse la vida en ello, recordemos que además, no debemos hacerlo por recompensa o reconocimiento alguno, no debemos esperarlo.
Pero que si eventualmente llega, ¿Saben?
Es una experiencia religiosa.
Gracias Maritza.

¡ Ya llegué !

Con la novedad de que he vuelto, claro que para alguno esto no será novedad pues saben que cumplo lo que ofrezco, para otros será una amenaza cumplida, más si no viniera ¿Qué sería de mis 7 lectores que aún me leen y ríen, o se detienen a meditar con mis atribulaciones?
Por tanto por ellos y por mi, he vuelto, renovada, descansada, algo más quemada –esta vez de la piel -, con el azúcar en 126, lo cual no es tanto tomando en cuenta lo que ingerí en el rincón del Caribe al que me fui a refugiar.
Fue tan amplia la ingesta, no tanto la mía – y esto es verdad, sino de mis acompañantes – por aquello del “all”, que pensé que al llegar a recepción para que te quiten la incomoda
bandita al terminar la estancia, -¿Qué no podrían hacer esas mendigas bandas de otro material?- sinceramente pensé que me dirían: "Srita. de la estancia no es nada, la gerencia del hotel ha optado por cobrarles sólo los consumos", y ahí si temblaba la estructura de Tulum, debido a que mis jóvenes acompañantes le tiraron a todo, aunque no tuvieran ganas, finalmente era gratis ¿Qué no?
Apunté algunos detalles de su proceder en varios momentos y situaciones para incorporarlos a la nueva experiencia semestral de la asignatura Etnopsicologia de la sociedad mexicana, pues mis queridos compañeros de aventura dieron muestra de la más profunda costumbre nativa, raza azteca pura, aún cuando sus orígenes sean mayormente mayas, con cierta influencia de otras latitudes.
Y es que reconozco que pondero de manera personal, nuestra raza maya, en lo más alto de la escala social nativa existente en estas tierras a la llegada de los españoles.
Dicho todo lo anterior, llegué a tiempo tambien para dos acontecimientos fundamentales: el partido de México contra USA o lo que es lo mismo, de TODO México contra los jugadores gringos, que de paso ya sabemos que hasta con influenza pueden dar pase para gol – pobre de alguno de nuestros jugadores que llegase a una aduana gringa con cierto atragantamiento por el cacahuate del avión- si el partido hubiera sido en territorio de peregrinos anglosajones, mezclados con mexicas, italianos, coreanos y japoneses, o sease la tierra de Obama, en un acto de rapidez felina los gringos lo regresaban a estas pobres tierras, nos reportaban en simultáneo a la FIFA, suspendían el partido, solicitando además el gane para ellos y nos acusaban ante la comunidad internacional de ir regando nuestros fluidos sin vergüenza alguna. Pero no, como Donovan el “Odioso” sospechaba apenas que tenía INFLUENZA pos vino y hasta pase de gol hizo.

Por menos los chilenos nos hicieron un uptodimother cuando un mexicano los escupió, que hasta le dieron de latigazos por el Cardenal Norberto en pleno zócalo y lo obligaron a decir que no lo volvería a hacer.
El segundo evento era estar a tiempo para felicitar por su cumpleaños a un señor al cual quiero con pasión y total desenfreno, el cual responde al apodo del REY de CHOCOLATE, el apodo omito explicarlo, el cariño no se requiere explicar.
Por todo esto y por lo que viene, que como diría una amiga mía venezolana: “¡Esto es una Vaina!”, ya estoy aquí para lo que requieran.
Con gusto he recibido mensajes solicitándome asesoría sobre mi experiencia con la banca española-mexicana, misiva a la que di respuesta en tiempo y forma.
Agradeciendo, de paso y ya tocado el tema, a mi fiel exalumna quien espero que llegue a conducir el banco para el cual labora, pues debido a ella y a su voluntad de servicio no sólo ya se dispuso que lo que me pusieron no procedía, sino que mi ejecutivo de cuenta (no sabía que lo tenía) me llamó por phono muy atento para visitarme y que le cuente todo lo que me ha acontecido, con el trabajo que tengo y por todo lo sucedido, le pregunté que para cuando creía el que podría sentarse como una semana a tomar apuntes, y creo que se medio chiveó.
Lo hablaré para concertar cita, me siento Cayetana, Duquesa de Alba.
Procuraré que quede en mi mente el delicioso té de manzana con canela, el mar azul, la arena blanca, los 4 camarones y 5 pedazos de carne que era lo único que traía la brocheta "mar y tierra" que me comí, disque en un sitio de mucho caché.
Me anclaré a todo ello, para regresar a la ruta habitual, la cual también tiene sus cosas hermosas, ahora ya puedo volver a apreciarlas.

No estoy

Queridos y amables lectores, me dirijo a ustedes para avisarles, con la pena, que me voy de vacaciones. En parte porque me toca y en parte porque mi doctora me ha indicado que, o las tomo o vaya seleccionando cajita para que quede cómoda en mi camino a la vida eterna, ¡Aja!.

Más como una servidora tiene pendientes agendados, a la fecha, hasta el 2015 y porque además uno de mis mayores placeres es hacer lo inesperado, he decidido no darle vida a la profecía médica y mejor cumplir sus designios, por lo que procedo a tomar camino con destino no muy definido pero con una razón muy identificada, relajarme hasta cansarme de estarlo y casi pedir abrir el correo electrónico, o suplicar por una llamada para solucionar algún entuerto propio o ajeno.

Debo de confesar que lo que más disfruto de las vacaciones es la expectativa de las mismas, determinar el dónde, el cuándo…..y el con qué.

Resuelto eso, queda la espera del momento y el cúmulo de pendientes que terminar para poder alcanzar el paraíso llamado: libertad para no hacer nada.

Todo inicia bien, más según van pasando las horas de ese "Dolce far niente" empiezo a sentir culpabilidad cimentada en la formación obtenido en colegio católico y siento como que debo de llamar a alguien para algo que no recuerdo que es, pero que seguramente es importante, o que alguien debe de estar buscándome o requiriendo mi valiosa visión y determinación para resolver lo que nadie más que yo (según yo) puede.

Lo que quiero decir es que simplemente mientras inicio el proceso de relajarme, inicio el proceso de culpabilidad por estar sin hacer más nada que eso, NADA.
Lo que me lleva a meditar acerca de los problemas de tantas personas conocidas y no tanto, que me voy apenando con sinceridad, de disfrutar, e inicia ahí una rebeldía entre el ser y la calamidad de ser como soy.

Si alguno de mis 4 lectores (los otros 5 están de vacaciones, felices y regocijados, sin computadora y sin necesidad de saber mi opinión o mis avatares) piensa que esto es un problema psicológico, debo de decirles que tienen razón, me molesta estar agotada y me hace sentir culpable el descansar.

Trataré con todas mis fuerzas el superar este escollo y divertirme hasta que me falte el aire.

Remojarme hasta quedar como papel pergamino.

Disfrutar de los sabores, a la medida de mis posibilidades físicas.

Y regresar a la vida, con nuevas fuerzas, ánimo, serenidad y tolerancia.

Mientras eso sucede, ahí les dejo estas letras y mi reputación, con lo primero espero que se relajen, pues descubrirán, que por confundidos que estén, yo lo estoy más; con lo segundo, les doy libre albedrío para decir lo que deseen sobre esta persona, finalmente de mi como de Benson and Hedges ya todo está dicho.

Ahí nos vemos, dijo José Feliciano.