sábado, agosto 22, 2009

¿Buena Suerte, Mala Suerte?

Hace ya algunos años que conocí esa frase, refiriéndose a que eventualmente las circunstancias que nos rodean en algún momento definido, tanto nosotros como los demás los atribuimos a la suerte, que sería buena o mala según el impacto positivo o negativo que esta tuviera sobre nosotros.La historia que la respalda es un poco larga, y suelo contarla en clases o en las conferencias que doy sobre un campesino chino de mediados del siglo pasado y las situaciones que le suceden, particularmente relacionadas con su hijo, lo que consecuentemente tomaban sus vecinos para calificarla de buena o mala suerte los efectos que éste campesino tuviera que soportar sobre los actos de o con respecto a su hijo.

Cuenta la historia, hace ya varios años, que en una comarca de algún lugar, vivía un granjero. Este se dedicaba a la siembra, ayudado por un viejo caballo. Un día el animal se fugó hacia una pradera. Prontamente, llegaron hasta la granja todos los vecinos, haciéndole saber que se condolían por lo sucedido, “qué mala suerte” dijeron, a lo que el granjero respondió: “¿mala suerte, buena suerte?.” 
Dos semanas más tarde el caballo regresó acompañado de una tropa de cuadrúpedos salvajes. 
Nuevamente se acercaron los colindantes y exclamaron: “¡Qué buena suerte!”, a lo que el granjero respondió: “¿Buena suerte, mala suerte?. 
Luego de unos días, el granjero le pide a su hijo que subiera a uno de esos caballos y que lo domara. El caballo era bravo, y no fue fácil tarea, tal es así que el joven acabó revolcado sobre la tierra y con una pierna rota. 
Nuevamente todos se acercaron para expresarle al granjero sus compasiones: “¡qué mala suerte!”, rápidamente sobrevino la respuesta : “¿Mala suerte, buena suerte?”. 
Pasados tres días, llegaron al pueblo reclutadores para la milicia, buscando jóvenes que sirvieran a la patria para la guerra que se estaba por librar. Como era de esperar visitaron la granja en busca del joven, pero al ver en las condiciones en que se encontraba su pierna luego del suceso con el caballo desistieron de reclutarlo, ya que no les serviría para sus propósitos.
Los colindantes jubilosos se acercaron a la granja y expresaron ante el granjero: “Qué buena suerte”, la respuesta de éste fue: “¿Buena suerte, Mala suerte?”.Desde entonces consideré que la buena o mala suerte no existen, que se dan situaciones como consecuencias de nuestros actos, pero sé también que algunas veces ciertas personas pagan de más en la vida, y otras van con el camino más aceitadito, y no como consecuencia de sus actos, mas si lo analizamos un poco podríamos encontrar que las causas pueden encontrarse en su entorno o como consecuencia de decisiones de personas cercanas.
La situaciones no esperadas si son buenas debemos agradecerlas, disfrutarlas y compartirlas; las que son negativas, debemos tomarlas como una prueba de caracter y aprendizaje, lo cual nos dejará más fortalecidos cuando las hayamos dejado atrás.
De hecho me enteré no hace mucho de que en Francia se considera de muy mal gusto desearle “buena suerte” a alguien sobre alguna tarea o misión a emprender, pues se asume que esa persona es tan incapaz que sólo la suerte puede ayudarlo, porque si fuera solo por capacidades o habilidades la cosa no estaría asegurada.
Dicho todo lo anterior, procedo al comentario.
Durante muchos años he hecho lo mejor, lo que he considerado más efectivo y adecuado, más la causa por la que opté para actuar así en mi trabajo y en mis relaciones interpersonales es el crecimiento emocional, darse sin medir tiempo, ni cansancio o enfermedad; quienes me leen y me conocen, saben que no me estoy auto alabando, que más bien me he puesto, inclusive, en situaciones no muy favorables para mi misma y peor aún, por causas innecesarias, más cuando uno es así, es difícil dejar de serlo.
“Bien, a la primera y todo las veces”, esa ha sido mi frase y mi motivo.
El deber por el deber mismo.
A partir de entender esta dimensión de la vida y de la raza humana, no he buscado reconocimiento alguno como una forma de vida y gracias a eso no me he sentido defraudada, puesto que en la vida es difícil que alguien señale lo positivo del otro, es más fácil denostarlo o decir algo desagradable, cierto o no, que apagar nuestro ego y reconocer las ventajas, cualidades o rendimiento del otro, aún cuando al hacer eso, nosotros mismos ganamos como seres humanos.
En el mundo en que me desarrollo, que es lo academico, todo esto es peor aún, pues los egos se inflan con los títulos y los grados, lo que como consecuencia logra que. por efectivo que uno sea, no es nadie, al no tener mínimo cuatro grados académicos logrados, perfectamente respaldados por el papel respectivo y pagados, en su mayoría, por las propias instituciones en búsqueda de la excelencia, aunque la utilidad de todo ese conocimiento no se refleje en beneficio ni de los alumnos ni de la comunidad, por el contrario, y salvo contadas ocasiones, en mi experiencia a mayor academismo, menor aportación y rendimiento positivo académico hacia los demás.
Tomando todo eso en cuenta, cuando dentro de ese mundo y más aún del entorno de los negocios, alguien no tan respaldado documentalmente como una servidora, recibe una satisfacción por medio del reconocimiento, es verdaderamente estimulante, es rejuvenecedor, es amable para el alma y emocionante para el espíritu.
Siempre he pensado que los malos son muchos, pero que los buenos somos más, lo que sucede es que no nos hemos decidido en ponernos de acuerdo y actuar.
Por lo tanto, agradezco a quien lee estas líneas y las siente como propias, debido a que si he compartido esta experiencia no es por ego, es para que mis 7 lectores sepan que es posible ir por el camino recto, trabajar más allá de lo “debido”, caminar un kilómetro de más, hacer ese último trabajo hoy y no dejarlo para mañana.
Sentirse que uno es especial, no porque un documento lo acredite, sino porque hace lo que debe, cuando debe, con el máximo esfuerzo, basándose en los valores fundamentales.
Puede uno tardarse la vida en ello, recordemos que además, no debemos hacerlo por recompensa o reconocimiento alguno, no debemos esperarlo.
Pero que si eventualmente llega, ¿Saben?
Es una experiencia religiosa.
Gracias Maritza.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

HAY PANGO¡¡
QUE COSAS¡¡ CREO Q CUANDO ESTOY A PUNTO DE DARME POR VENCIDA ESCRIBES ALGO Q ASHH LLEGA AL CORAZON PERO ES Q TIENES RAZON MUCHAS VECES NO NOS VALORAMOS... YO TENGO TANTO MIEDO A TODO AHORA Q PREFIERO DEJAR PASAR LAS COSAS Q AVENTARME Y LASTIMARME PERO PUES NO QUIERO QUE SEA SIEMPRE ASIII GRACIAS POR DARME LA ENERGIA Q AVECES NECESITAMOS¡¡ TU LECTORA NOSE QUE NUMERO ¡¡¡¡ PERO LA QUE SIEMPRE NECESITA LEER UNAS LINEAS DE LA DOCTRINA PARA EMPEZAR LA SEMANA

Anónimo dijo...

CLARO, LA SUERTE NO EXISTE, TODO TIENE UNA RAZÒN DE SER, QUE TAL VEZ MUCHAS VECES NO SABEMOS CON EXACTITUD DE DONDE PROVIENE O MAS BIEN NO ANALIZAMOS DE DONDE PROCEDE, PERO ERRRONEAMENTE LE LLAMAMOS SUERTE, EN LA MAYOR PARTE DE LOS CASOS TODO ES CUESTION A MI PARECER DE ESFUERZO Y DEDICACIÒN, NO HAY MAS!!! SALUDOS MAESTRA!!!

LJL

Anónimo dijo...

AHH Y ABRAZOTE Y BESO INTERMINABLE!!!LJL