Acerca de mi madre

A los lectores que me quedan después de tanta inestabilidad en este espacio, quiero anunciarles que el tema de hoy es uno recurrente en mí, mi madre.

Quiero aclarar que lo haré desde la visión que yo tengo de ella en base a lo vivido y compartido directamente con ella, probablemente otros frutos de su vientre no compartan mi visión o percepción sobre algunos eventos o rasgos acerca de ella, más es necesario determinar que no existe más verdad para uno, que la que uno percibe, siente y ve.


Cada quien en su momento, espacio y tiempo, podrá haber conocido otras facetas o versiones de los mismos eventos sobre ese gran personaje que tuve como madre, más aquí, en este espacio y en mi corazón, ella es lo que trataré de transmitirles.

Quisiera iniciar con su nombre: Lily, para mí era un nombre especial, debido a que ninguno de mis conocidos tenía ese mismo nombre, y además todos los pronunciaban mal (Lilí en lugar de Lily) para mí, desde ahí iniciaba lo especial, lo diferente.
Era bella, y mucho y aunque ella dijo que pudo escoger “mejor”, la verdad es que creo que escogió al hombre que supo amarla como ella era y por lo que era.


Tenía un carácter fuerte, con facilidad de palabra y de veloz respuesta, salvo cuando no le convenía, entonces, y muy esporádicamente, parecía sumisa; en oposición a su silencio, entre glaciar y sepulcral, que era la expresión misma de su máximo nivel de enojo, cosa que era francamente de temer.

Yo conviví una etapa de su vida en la que ahora entiendo no pudo haber sido fácil el tener una hija pequeña cuando crees que ya has salido del paquete, con una hija hasta casada; como diría ella: “Eso de volver a empezar, me hizo llorar”; ahora, a mi edad yo no lloraría, creo que caería en etapa catatónica.

Durante el proceso de mi gestación decidió que la situación no era para tal drama pues seguro tendría un varón, y eso era una buena nueva en parte, porque: “Los varones sufren menos”…..y le salí niña.

Al tiempo valoró que no todo estaba perdido pues entonces sería la compañerita de su vejez……. ¡Cataplum!, cuando esto lo digieres en la pre-pubertad, asusta; más eso fui o traté de ser, su compañera y soporte, aunque si pesa la frase psicológica: “Infancia es destino”, y verdaderamente el mío fue marcado con privilegio, aunque el proceso haya sido un tanto, y de vez en vez, peripatético.

Desde pequeña, es decir meses de edad en mi moisés, hasta los 10 o 12 años en que logré ser liberta, “compartí” sus tardes, tres veces por semana, de juego de canasta en casa de Doña Ma. Cristina Palma de Patrón, con ello viví, aprendí, me enteré y valoré mucho de lo que la permutación y combinación de esas 8 damas podían ser capaces de ser, decirse y comentar de ellas y entre ellas, acerca de ellas mismas y de cualquier otro ser cercano a su entorno o no tanto, o tratándose de algún evento relevante.

Según fue pasando el tiempo, en el que fui abriendo mi mente y aumentando mí
vocabulario, logré disfrutarlas desde aquel sofá que era “mi sillón designado”, para existir sin derecho a ser oída; reitero que aprendí varias cosas, más una que nunca entenderé, es ese enredo de naipes llamado pozo que ocasionaba tales iras, entre frases deliciosas y ocurrentes de esas verdaderas damas, quienes se insultaban con tanta fineza “por dar el pozo”, que francamente sus expresiones podrían haber sido sugeridas por Carreño, aquel el del Manual de Urbanidad, bajo el apartado de: “Expresiones apropiadas para transmitir el rencor y enojo, sin quedar mal ni fuera de lugar”, ejemplo: “ Con ese collar de perlas pegado al cuello, es difícil que puedas darte cuenta de la carta que tienes enfrente”, por referirse a la prominente papada de una de ellas y que según esto, dicha característica minaba su amplitud de visión.

Mi madre, como la mayoría de las madres mexicanas, apoyó con su trabajo fuera de casa a la economía familiar en lo que sería un trabajo adecuado en esa época, que consistía en traer ropa de USA para vender entre clientas (amigas y conocidas) prendas, algunas de las cuales eran sobre encargo; eventualmente, cuando el color de mi vida se opaca, recuerdo como cansada del viaje, de desempacar y etiquetar y bajo el miedo de que “le cayera la aduana”, se sentaba en la sala ya de noche o madrugada, a verme desfilar los regalos traídos para la hija menor, consistentes en los vestidos más floridos, los sombreros más femeninos, guantes y toda la parafernalia, un tanto cursi para mi personalidad, pero que me hacía sentir bella y segura al verme a través de su mirada, mientras yo disfrutaba a la madre que cíclicamente se ausentaba.

Recuerdo que mi primer reloj llegó cuando tenía yo un poco más de 8 años de edad, era un reloj grande para lo usual, hippie, de correa de colores, con números romanos, de ahí, probablemente, mi placer por coleccionar relojes, especialmente de números romanos, algo diferente, me enseño la valentía de serlo y el precio que eventualmente se paga por ello.

Ella decía todo con la mirada, era como de Superman, sólo sentías el calor sobre ti y sabias que evidentemente estabas saliéndote del camino.

Era una convencida de que uno era responsable de sí mismo casi desde que eras capaz de caminar y comunicarse, por tanto, su relación con mi educación se dirigió a situarme en buenos colegios, darme buenos consejos y advertirme que estudiaría hasta la primera reprobación; además de que tanto a mí, como a la persona encargada, de la institución a la que fuera yo inscrita, era directa al dejar claro que yo era responsable de mis actos, por lo que nadie iría a resolverlos por mí, puesto que ella ya se encargaba de la parte de mi formación en el medio familiar.

Debo reconocer que sentía cierta eventual rigidez sobre dicha formación, en un medio de gente mayor, sintiéndome eventualmente una niña judía en tierra de alemanes, en la época equivocada; más también es cierto que ella era tremendamente amorosa y juguetona, mientras yo entendiera que todo debía ser ganado, pues en la vida no se recibe algo por nada.

El tiempo fue pasando y su definición de lo que deberían ser mis estudios superiores fue basada más en lo pragmático que en lo deseado, al final de la vida reconozco que cuando uno desea ser, hacer, crecer, no existen pretextos ni limites, soy contador público, no periodista de prensa escrita o de radio, de política o de eventos trascendentes, más supe hallar mi nicho donde soy, hago y crezco, así que también por eso le agradezco.

Compartimos mis juveniles años con su etapa final.
Tantos y tantos recuerdos llegan a mi mente, como su deseo perenne de pasear en auto “para ver casas”, que yo no comprendía; su definición sobre que el Diario de Yucatán era un documento confiable sin límite de lealtad, hasta un día que el propio medio tituló en Sucesos de Policía:
“Anciana atropellada”: Juanita Pech de 60 años de edad fue atropellada por…. “¡Que les sucede a esos Menéndez, ahora sí que me friegan! ¿Anciana a los 60? ¡Yo tengo 62 y no soy una anciana! seguro que no lo supervisaron!”

Siempre les dio su lugar a sus nueras y yernos, bien decía que tenía que hacerlo para que sus hijos fueran bien tratados; ayudó sin nunca comentarlo; apoyó sin esperar ni recibir recompensa.

Su voz era de tal nivel de decibeles que, al pasar en cama los últimos años de su vida, al conversar con alguien en su cuarto, su voz y carcajadas se oían hasta el parque de la colonia que está frente a su ventana, de ahí que yo pudiera, hasta hace algún tiempo y por herencia, hablar ante un auditorio de 200 personas sin micrófono, y ser escuchada con claridad.

Su manipulación era por igual sutil que francamente explicita, sin menoscabo de que obtenía lo que deseaba, cuando menos de mí.
Tenía al final de su vida pocas pero valiosas amistades, quienes la visitaban con muchísima frecuencia y lealtad.
Era francamente disfrutable oírla dar opiniones sobre cualquier tema y sentir que tenía la razón, aunque no siempre fuera así.

Yo sabía que no sería eterna, pero temía tanto su partida que cuando se dio, me dejó preparada para poder sostenerme en todos los sentidos, de manera equilibrada e independiente.

Me mostró caminos, me enteré de historias, aprendí de todo, de lo bueno, y de lo no tan bueno.
Me dio la vida que tengo ahora, formándome a fuerza de critica eventualmente un poco cruda pero constructiva.

Pocos escapaban a su opinión y siempre era muy atinada, si te tomabas tiempo para analizarlo.

Tenía tendencia a repetir como fue a ver en medio de mil calamidades y dos hijas menores, una de ellas muy enferma, la película: Lo que el viento se llevó.
Era tal su tendencia a decirlo, que estando ella mayor, mi hermano Eduardo en una de sus anuales visitas tuvo el atrevimiento de replicarle que más que una hazaña era una inconciencia, pues: "¿Qué madre llevaría a una bebé enferma, bajo la lluvia a ver una película en Candelaria, Campeche a finales de los años 1930´s?"
No recuerdo la respuesta, pero sé que nunca lo volvió a decir, más si murmuraba que el respeto ya no era tan usual en esta familia.

Podría escribir historias, anécdotas, tragicomedias, líneas y líneas sobre mi madre, más el disco de la computadora no me podría respaldar tantos recuerdos.

Este resumen es solo una forma grata de decirle cuánto la recuerdo y cuánto la comprendo, ahora que estoy en los años de vida en los que ella, mujer de inicios del siglo XX, se confrontó a la realidad de tener que cuidar, proveer, crecer y por sobre todo amar a una niña de mediados del siglo XX, que tendría su plenitud en el siglo XXI.


Gracias mamá.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

waaaaa pangooo¡¡¡
me has dado en el clavo del sentimentalismo puroo... en estos dias hee estado meditando tambien los sucesos que me han ocurrido en mi corta vida digo corta por lo chaparrita jajajaja ... pero que cosas de la vida que siempre me tienes q instruir con el ejemplo, cada que leo un post es sinonimo de reflexion interna y externa de una lectora amiga tuya y esta vez si llore te lo confieso porque este tema de la familia es muy dificil y esta cañon¡¡¡¡ ahora solo queda aprender y seguir tu ejemplo de madurez y comprension hacia aquellos que sin saber como hacerlo trataron de hacer lo mejor por mi ¡¡¡ osea mis padres
espero que estes bien osa amigaaa hace mucho que no te veo ni te leo¡¡¡¡ cuidate y haber que dia platicamos vespertinamente ¡¡¡¡ attenamente jezz

maria dijo...

Siempre tus fotos son tan oportunas... la imagen, lo visual, ya sabes, no puedo evitar comentarlo siempre.
Yo creo que Lily sonreirá desde donde esté y te abrazará de nuevo.
Panguito, mil cosas me impiden escribir más amplio, me encantó recibir tu llamada el otro día...
Tengo para ti un regalito de amistad si es que no lo habías visto ya...

http://www.youtube.com/watch?v=Glny4jSciVI&feature=featured

Si no baja, por We Are the World 25 y seguro cae.
Ah! y él me dijo que sí te manda un beso ;)