domingo, abril 18, 2010

El Cambio Personal y Colectivo: la Fuerza del Ahora

Todos los que compartimos este blog asumo que lamentablemente hemos sentido en carne propia o en la de de algún conocido, el que en estos últimos tiempos haya sido victima de algún tipo de violencia física o psicológica, ya sea intrafamiliar, en el ámbito laboral, en el aspecto escolar, social o de la aplicación de la ley.
Situaciones que antes eran impensables, ahora son nuestros más profundos pendientes.
En un pasado no tan lejano, veíamos por televisión a los niños africanos con hambruna, las inundaciones y el hambre en Biafra, los observábamos en los noticieros como algo ajeno, lejano, situaciones que finalmente sentíamos que no tenían que ver con nosotros y que probablemente eran provocadas por razones estructurales de sus propias regiones.
Vivimos con sorpresa el terremoto de la ciudad de México y el huracán Gilberto.
Algunos pensamos: “Bueno algún día algo nos tenía que pasar”, desde esa visión apocalíptica y cíclica sembrada en nuestro inconciente colectivo producto de nuestra influencia indígena, similar a lo que los nativos de estas tierras sentían que era lo que provocaba el calor de la sangre humana en el dios sol.
Ahora, abrimos el periódico, revista o pagina Web y descubrimos que la nota roja prácticamente ocupa gran parte de los mismos, puesto que las violaciones a los derechos humanos, los secuestros infantiles, las violaciones sexuales, la pederastia desde el ámbito religioso, el canibalismo humano y político, todos esos sucesos son también noticias de nota roja, aunque se presenten como notas nacionales o internacionales.
Esos hechos, hechos humanos inaceptables, se suceden con mayor frecuencia en estos tiempos, mucho más de lo que de lo que quisiéramos saber y que seguro sabemos.
En consecuencia a fuerza de repetición y explotación en los medios masivos, lo vamos asimilando, pareciera que hasta ya nos vamos acostumbrando a que lo natural sea tener miedo, desconfiar, no reír lo suficiente porque podemos llorar; nos vamos yendo instintivamente hacia acciones y conductas que parecen normales, como reacción a estas fuerzas violentas que nos golpean de afuera hacia adentro, mas lamentablemente, también ya hay acciones que son protagonistas de eventos de dentro hacia fuera; nos vamos situando en que lo natural es accionar para sobrevivir, es decir, no es vivir plenamente, es hacer lo necesario para sobrevivir, que no es lo mismo.
¿Cómo influir en nuestros niños para que logremos un cambio en el inconciente colectivo y en nuestra sociedad?
Primero debemos distinguir entre el bien personal y el bien publico.
Sobre el primero estoy convencida de que debemos creer en nuestro propio valor, valor para ver nuestra realidad, el valor para no sufrir por el pasado, no desesperarnos por el futuro, simplemente entregarnos con fuerza al ahora.
Sabernos capaces de poder influir en nosotros mismos para cambiar de adentro hacia afuera, vernos en el espejo y decirnos: “voy a creer en mi fuerza interior”, que me llevara a marcarme metas, con objetivos parciales, que me vayan guiando hacia un entorno mas armónico sin esperar a que el otro cambie, porque nadie cambia, a menos que exista una fuerza suficientemente relevante que lo impacte para lograr ese cambio.
Por lo que finalmente solo nos quedamos con la responsabilidad sobre el cambio personal, de nosotros mismos, y ese es el verdadero reto, puesto que es más fácil pararnos a perseguir el cambio de los demás hacia nuestra visión, que cambiar nosotros y responsabilizarnos de nuestras propias acciones.
Sentir que cambiando yo, estoy logrando un objetivo valioso, dejar que los demás entiendan estos conceptos a su propio ritmo y en su propia escala, es golpear nuestro ego, es desdoblar nuestros pensamientos y nuestra visión acerca de nosotros mismos y nuestra misión como personas.
El entorno público es un estadío diferente, que se establece a partir del cambio individual, pues no puedo interesarme en los sucesos colectivos, si primero no estoy conciente de mis propias verdades y responsabilidades.
Lo colectivo nos lleva a las situaciones sociales y por obviedad al servicio que la sociedad paga a miembros de la propia comunidad para que ejecuten las acciones pertinentes en beneficio de la mayoría, para que exista una aplicación de la ley coherente y congruente, una misma ley, clara e igual para todos; y un grupo de tribunos ocupados en determinar las áreas de oportunidad y de preservar el equilibrio entre lo que la sociedad requiere y los que el ejecutivo y el ámbito judicial realizan.
Que la ley y los beneficios sean homogéneos, logrando con ello una sociedad menos polarizada entre una inconciencia irresponsable acerca de la obligación de contribuir a la hacienda publica, como parte de la redistribución del ingreso; la inquietud por saber quienes conforman las opciones para representarnos y servirnos, enterarnos de sus propuestas y asistir a depositar nuestro voto, como punto de partida para legitimizar un proceso que en la actualidad es mas un intento de democracia que una realidad hacia la trascendencia de vivir en la misma.
Alzar nuestra voz sin temor y de manera oportuna y pertinente, ante incompetencias y desaciertos que hacen que nuestro entorno cada vez sea más negativo, creando una juventud desesperanzada y cínica.
Cuando voy por las calles y veo en estos días a esos grupos juveniles encamisetados, embanderados y con música, tratando "animar" la política, bailando ritmos ajenos -¿Por qué batucada y no jarana, me pregunto?- ellos ciertamente están recibiendo alguna retribución por su actuar, pero a la vez, están aprendiendo en directo como no se deben hacer las cosas del bien común.
En mi visión debemos de dejar de pensar que el pasado fue mejor, no estemos esperando que regrese algún simulo de Quetzalcoatl, tomemos nuestro destino bajo nuestro control en este momento, y preguntémonos:
¿Qué debo de hacer, primero, para volverme una mejor persona, y entonces evolucionar para lograr ser un mejor ciudadano?

miércoles, abril 07, 2010

Los Demonios siguen sueltos

Los seres humanos, esos que nos sentimos normalitos, somos tan afectos a juzgar sin piedad a cualquiera que no sea, haga o diga lo mismo que el colectivo, es decir aquel que es diferente es señalado.
A simple paso, por la calle se hace el famoso ejercicio del micrófono, y aquellos sorprendidos con la cámara encima de su humanidad un micro frente a su boca y un/a reportero preguntadole desde ¿Qué opina de que un país europeo tenga el penacho de Moctezuma y no nos lo quiera devolver? Hasta si las lista de convocados para la selección esta completa, sobrada o fallada.
Usualmente los mexicanos normalitos, callarían, los medio calzonudos expresarían su opinión aunque no se las pidiera nadie (una servidora cae en esta clasificación) y el mexicano clase política /artística tipo Carmen Salinas, que ella opina sobre todos acerca de todo lo que les sucede, sin dejar de mencionar lo grande que fue su hijo Pedrito.
Pero al mexicano de a pie que le clavan en micro en la cara, no le queda más que responder en conciencia o sin conocimiento, lo que sea, pues de otra manera se evidenciara como un anicéfalo semoviente, por lo que contesto lo que sea, aunque sea una brutalidad, aunque yo mismo sepa que lo que diré será una burrada.
Dentro de mi descanso soñado, pero que resulto obligatorio, entre sueño y sueño, flema y flema, oía yo del caso de la niña Paulette.
No puedo dejar de señalar que me parece muy triste que los niños de este país, de cualquier nivel y condición estén en completa indefensión en la mayor expresión de lo que la ley define ese término.
Niños solos, olvidados, mimados hasta la nausea, pero solitarios, reprimidos, obligados muchos de ellos a trabajar desde tan tierna edad, donde la niñez y adolescencia se ve subyugada a la realidad de su entorno y pasan en Fast Track a la vida adulta con todas sus obligaciones y sin sabores.
Un padre en Valle de Bravo con sus hijas y una de las dos nanas, que regresa al mismo tiempo que la madre retorna de una tournée por Los Cabos con una amiga que se ve mas asustada que si le hubieran puesto a Jack Nicholson en The Shining.
La madre que dice que la acostó y la arropo, nos dice en primera instancia que la cama era matrimonial y que ahí dormían las dos niñas, cosa que no se ha vuelto a mencionar.
Ahora unos dicen que el papá es medio lerdo y la madre una bruja.
El amigo/amante internauta de la madre a quien se le define al inicio como su entrenador personal, ahora resulta que es un hombre de negocios, que no visita gimnasio alguno y que solo tomó el café una o dos veces con la madre, y chateo con ella “banalidades”.
Grabación de la voz de la madre advirtiéndole a la hija mayor que no dijera nada: “si dices algo hasta a ti te acusaran de haberla sacado en la noche” ¿?.
Los perros no ladraron, los tres guardias de seguridad uno por cada entrada (dos) y otro en rondín, nunca vieron nada extraño.
La amiga con la que viajo la madre duerme en la misma cama de la niña 4 noches seguidas.
Lily Téllez de TV Azteca le hace una entrevista el día 26 de marzo a la madre desde la misma cama.
En un video aparece la piyama de la niña doblada, piyama que es con la que aparece muerta 5 días después.
Pienso y pienso.
Cada vez que oigo “¡Ay! La culebra” recuerdo un 23 de marzo y la muerte de Luis Donaldo Colosio, alguien que no tenía porque ir a donde fue, es decir lo pusieron ahí no más para que se diera el asunto.
¿Y Ruiz Massieu? Donde la Paca hasta encontró los restos del asesino intelectual, siendo que después nos dirían que los demonios andan sueltos.
¿Y el Cardenal de Guadalajara? ¿Ya se le habrán olvidado a Carlos Salinas los gritos de “asesino”?
¿Como unos narcotraficantes pudieron llegar hasta la Nunciatura Apostólica del Vaticano en México, hablar con el nuncio, pedirle una cita con el presidente Salinas, el Nuncio irse a llevar tan relevante encargo, el presidente no acepta la reunión y en medio de todos esos dimes y venires, nadie, pero nadie puede aprenderlos en la espera?
Y así aunque tengamos cámaras que nos muestren quienes, como y cuando, como en caso del Bar Bar, aún seguimos sin saber nada del JJ.
Pero eso si, no hay implicación alguna para el dueño del mismo, aunque su propia gente ayudo a salir al asesino y minutos después ayudo a limpiar y a impedir la entrada de la policía.
Y así podría seguirme, y es que no sé si nos da miedo la verdad o como todos tenemos nuestro “secretito”, obvio que no de estos niveles, puesto que a nuestro nivel será un pecadillo por ahí de impuestos o placas vencidas.
La vida pasa, este México, se nos cae a cachos entre la ecología rebasado por la queja de la naturaleza; una democracia más limítrofe que el padre de Paulette.
Unos partidos políticos que ya esta pidiendo “todo el peso de la ley para este caso”, pero que no se comprometen a crear una comisión para descubrir quien mato arteramente a ese grupo de madre y niños que iban ilusionados por sus becas de la SEP.
Todo se resume a que los adultos de estos años debemos sentirnos avergonzados de no elevar la voz y decir que esto se acabó, basta de sueldos millonarios, de prebendas, de conciertos y salidas a ver el mundo, como lo hacen nuestros diputados, Basta de camionetas blindadas, ¿Para que las necesitan? ¿Por qué alguien quisiera asesinar a tan sensibles y entregados tribunos?
México como me dueles, México que avergonzado debes de estar de quienes te poblamos.
México quiero volver a creer en tus ciudadanos.