domingo, junio 13, 2010

Déjà Vu: Una Situación ya Vivida

A mis apreciados siete lectores (dos francamente ya tiraron la toalla conmigo) les agradezco la larga espera ocasionada más por no estar capacitada, que por no desear intercambiar con ustedes, queridos amigos, los sucesos, propios o ajenos; pareciera que desde que Sabina llegó en vivo a mí, como que me atacó una mezcla de síntomas inenarrables y algo confusos que me ocasionaron un ataque de "minoridia" combinada con malestares francamente incapacitantes, que no me hicieron sentir como que eso ya lo había vivido, sino más exactamente sentí como se espera que me sienta, sea y me vea en diez o quince años más.
Francamente el sentirme así, me hizo meditar mucho y ante la imposibilidad de intercambiar con ustedes mis atribulaciones, el vacío fue un tanto mayor.
Toda la vida nos la pasamos viviendo el presente (lo que es muy sano) más preparándonos en cosas materiales para el futuro (lo que tiene su grado de importancia también, y muy alto).
Pero esta semana descubrí, que no me he estado preparando para depender de los demás con gratitud y humildad; de tomar con simpatía el olvidar lo que tenias hace tres nanosegundos en la mente; de querer decir una palabra que esta “en la punta de la lengua” y que simplemente ni a cozes te sale.
El saber que tienes un compromiso y no desear levantarte, ni que logren hacerlo, aunque ames la actividad, evento o compañía que te esta esperando.
El tratar de disfrazar que ya no puedes todo lo que antes podías, y tomarlo con la elegancia de que siempre se podrá algo nuevo, que es bueno variar, acorde al estado de nuestras capacidades.
Queridos amigos que me siguen, por razones innecesarias de describir, he pasado y aún me quedan rezagos de esta experiencia que no fue imaginar que eso ya se había vivido, les repito, sino vivir en carne propia en tiempo presente lo que sé que a todos los que esperamos seguir en esta tierra dando lata por mucho tiempo, nos llegará inevitablemente.
Lo he vivido con desconcierto, con temor al principio y con coraje después.
Hasta que me llegó la reflexión de lo que quedaba bajo mi control y agradecer a todos los que me han rodeado estos días por mis despistes y mi desazón eventual por las circunstancias, con su trato amoroso, con un cuidado al detalle y con una paciencia, supliendo todo aquello que deseaba hacer, pero que francamente no me era posible realizar.
Aprendí que debo fomentar desde ahora en mí la paciencia, la comprensión, el hecho de que nadie debe hacer algo por mí, sino agradecer porque lo haga, por pequeña que esta acción sea.
Aprendí a no temerle al futuro, pues se me ha brindado un ensayo a carne viva y creo ya saber qué es lo que debo preparar en mí y en lo material.
Aprendí lo que es el cariño fraterno de quien te dice: “Te veo mal y o vas al medico o vas al medico”.
Aprendí que aunque un salón este con varias decenas de estudiantes, siempre habrá quien diga “¿Maestra se siente mal?”, con cara de aprecio y preocupación.
Si uno pasa la crisis de lo desconocido, lo asume, lo combate dentro de lo que esta bajo nuestro control; no espera pero agradece lo que recibe; siente que no es el fin sino una provechosa forma de detenerse para aprovechar la oportunidad de la experiencia, entonces todo se suaviza.
No hubiera deseado pasarlo, pero ya que así fue, me he quedado con un disco duro lleno de experiencias.

P.D. A todos aquellas personas cercanas a mi, que lean esto y digan “¿Pos que onda, yo la he estado viendo y ni supe que pasó?” Gracias mil, pues quiere decir que mi terquedad y el circulo de afecto que me rodea, permitió que todo siguiera funcionando como se debe.