viernes, julio 30, 2010

Inteligencia aguda e hilarante, sensibilidad asertiva


En nuestro camino por la vida nos vamos encontrando con otros seres humanos muchos de los cuales pasan por nuestro camino sin quedar registrados en nuestra memoria, algunos permanecen por algún tiempo y otros llegan para quedarse en nuestro corazón.
En el mundo académico en el cual me desenvuelvo, es particularmente amplio el margen para conocer a una gran diversidad de personas en sus diferentes estadíos debido al número de alumnos que cada semestre coinciden con uno en el aula, algunas veces en más de una ocasión.
Entre esos alumnos hoy quiero compartir con ustedes, mis queridos lectores, vivencias y anécdotas de uno en particular: Fued.
Fued, llegó a mi vida sin que él lo supiera, pues la directora de la preparatoria de la cual el provenía me comentó: “Hay te recomiendo mucho a uno de mis jóvenes, ya le advertí que si no cambia su forma de ser, en contaduría se lo van a comer vivo”. Obvio que lo primero que se me vino a la mente es: “¡Dios! ¿Qué engendro del mal estará llegando a mi vida?”.
Al término de la charla de inducción que imparto, el propio joven se apersonó ante mí para presentarse, pudiendo percibir en ese mismo momento lo que su mentora trató deadelantarme: seguridad en sí mismo, autovalía, facilidad de palabra. En fin, una serie de características de personalidad difíciles de encontrar a esa edad, no puedo negar que con cierto matiz de pedantería, que podría hacer huir o sentirse amenazado a cualquiera que no este algo seguro de sí mismo.
Él, en un principio, tomó como referencia mi cubículo para ir con cierta cotidianeidad a comentar los sucesos propios o de la institución, hasta que tuve que decirle, de una manera casi directa, que yo no estaba ahí en calidad de confesionario, con lo cual él no regresó, ahora creo que perdí una gran oportunidad para relajarme eventualmente, disfrutando de una inteligencia que difícilmente puede dejar de seducir a quien desee conversar sobre algo profundo o banal, da lo mismo, la platica está ahí.
Con el tiempo tuve la oportunidad de ser su profesora y me encontré al ser que es Fued en toda su dimensión.
Verlo aparecer cada clase con sus camisetas de Mickey Mouse y su vaso de Sea World lleno de agua, con todo desparpajo, como algo natural.
Oír el comentario siempre certero a cada una de mis apreciaciones sobre el tema de la clase, el privilegio de tener a un estudiante que te comenta cada libro y cada película que uno ha mencionado como referencia en alguna clase anterior, es algo extraordinario.
Nunca podré olvidar una tarde en clase, hace pocos años, en donde comentábamos acerca de que los mexicanos nos apenamos cuando hacemos o nos sucede algo vejatorio en público, como por ejemplo, el caernos y que todos los seres humanos cercanos se destrocen de la risa en lugar de compadecerse y ayudar, todos nos reímos, hasta de cómo se trata de levantar la persona.
En eso estábamos, yo habla que te habla, cuando Fued me dice: “Discúlpame Patricia pero yo tengo TODO el derecho del mundo de reírme de los demás, pues que cuando me caí en la segunda fase de la Gran Plaza, recién remodelada ésta, todo el mundo ahí presente lo hizo de mi”.
Obvio es decir que primero nos quedamos (estudiantes y yo) pasmados y luego nos carcajeamos, por la forma desparpajada con que el sentía tal potestad.
Y siguió diciendo: “Podrás decirme lo que desees, pero yo entré para comprar en Mix Up y nadie me advirtió de una fuente a nivel de piso que yo no vi y me fui de bruces, ocasionando la burla de los ahí presentes, por lo que ahora yo ya tengo derecho a hacer lo mismo”.
Recuerdo las risas de sus compañeros, quienes siempre lo veían entre un mal necesario y una gran admiración, por su atrevimiento y conocimiento escolar. Sólo me atreví a preguntar: “Entonces me imagino que te levantaste y te fuiste ¿no?”, respondiéndome: “¡Claro que no!, seguí mi camino a MixUp haciendo ruido con mis zapatos, ¡Chuak, chuak!, todo mojado, entré, compré lo que iba a buscar y me salí”, boquiabierta repliqué: “¿Y el guardia? Si no dejan entrar con bebidas, me imagino que menos a una persona chorreando agua”, respondiéndome: “Pobre de él que me dijera algo, le respondería que primero pusieran avisos de sus fuentes”.
Algunos pensarán que eso pinta de pies a cabeza a Fued, más debo de indicar que es un joven que trabaja casi las 24 horas del día en el negocio familiar, y cuando digo trabajar es una expresión exacta, no es ahí veo cuando vengo.
Además, tiene una parte sensible que raras veces se encuentra en jóvenes de esa edad y condición económica; aún recuerdo el estupor de la encargada de becas de la facultad cuando en segundo semestre Fued se presentó a decir que como había sido objeto de la beca de inscripción por el mejor promedio de su salón, y siendo que él tenía sustento económico para pagar su inscripción, deseaba que se le otorgara a otro estudiante de buenas calificaciones pero de condiciones económicas difíciles, cuando se le explico que eso era imposible pues las becas no se cedían, que en todo caso, de no aceptarla él se cancelaría, inmediatamente indicó: “Bueno acepto la beca, pero el dinero que tengo dispuesto para eso lo doy para el estudiante que ustedes determinen dentro de esas características, con la única condición de que no deseo que esto se sepa, mucho menos por el joven que lo reciba”. Y así se hizo.
Otra ocasión de su gran sensibilidad fué cuando le preguntó a la profesora de arte que salía del aula, si podía quedarse él en la misma a explicarle unos ejercicios de costos a unos compañeros que andaban atribulados con esa materia.
Esto nos da una idea de un joven egresado de nuestra facultad, quien habiendo podido estudiar en la institución que el deseara, optó por la UADY por creer en las bondades de la formación pública y del contacto con todo tipo de compañeros, los cuales conforman una perfecta muestra de la sociedad en la que nos desarrollamos.
No tengo duda de que en Fued tenemos a un futuro líder natural de la clase empresarial, tiene todo para serlo, especialmente sensibilidad social.
Creo en Fued, pues ha sido congruente en nuestra creciente amistad a través de los años compartidos.
Confío en que Fued reconozca en sí, áreas que aún no percibe.
Como colofón a esta historia de vida, el 18 de junio de éste año, recibí un mensaje celular a las 11:26 PM, con reticencia, por la hora, leí el mismo y me he reído hasta que sentí burbujas en el alma.
El mensaje a la letra dice: “Amiga querida del alma: una vez más te ratifico porque tengo toooda la libertad de reírme de la gente que se cae: ¡ACABO DE SUMERGIRME EN LA FUENTE DE ALTABRISA!”.

1 comentario:

Anónimo dijo...

También alumno mío, chico de excepción, adulto siempre y también niño eterno. Aún conservo un libro suyo y por el cual tenemos pendiente un buen café...

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