Pido permiso para nacer, para volver a vivirme

En ciertas ocasiones es mejor dar espacio a los sentimientos de tristeza, melancolía y sensación de abandono, para poder hablar de la causa que los ha ocasionado con más objetividad.

Si bien es cierto que la emotividad del momento aporta multitud de sensaciones, la visión a distancia las coloca en el sitio exacto.Hace más de 15 años que me encontré con un escrito de Germán Dehesa y desde ese mismo instante no pude alejarme más de sus palabras.

Su narrativa rica en expresiones irreverentes y coloquiales atrapa y hace que uno se sienta que está junto a un amigo que nos brinda su opinión sobre todas las cosas, desde lo más sublime como es la relación permanente con dos mujeres las cuales compartieron con él, como sus parejas, diferentes etapas de su vida y con las que contaba en sencilla relación; cuatro hijos que se percibía que eran una de sus mayores pasiones y a su vez fuentes de inspiración, hasta el momento mismo en que el hombre supo encontrar un refugio para sus últimos años, su casa de piedra y flores, acompañado de su indomable Fita y su fiel Pancho.

El hablar de sus padres, de su infancia, de sus amigos, esa capacidad para poner los apodos a la vez tan descriptivos, pícaros y sensibles.

Tuve la dicha de experimentar su genio en vivo en la Planta de Luz en su obra Santa Fox, y quedé maravillada de esa vitalidad contagiosa, de la capacidad de improvisación, del mensaje claro, directo, irónico y fino, sentimiento y sensibilidad.

Hace unos años escribí sobre él con motivo del premio que se le otorgó en España directamente de manos del rey Juan Carlos. 
Toda la orquestación y preparativos, casi una revolución anterior al momento de la entrega – recepción de dicho premio, nos fue descrita con gran inteligencia y divertida expectativa que no dejaba lugar más que a contagiarnos, cual si fuéramos coparticipes de dicho premio.

Cada mañana, mi día se iniciaba leyendo a Dehesa, era como un ritual del cual no podía desprenderme, sentía que todo era más brillante o más claro después de haberle saludado por medio de la lectura.

La descripción de lo cotidiano como un medio para la reflexión.

En algún sentido me siento un tanto huérfana, no sé que hacer sin sus letras que me den una visión clara acerca de todo lo que se nos viene encima.

¿Cómo puedo decirles cuanto puede llegar a calar un escritor en nuestras vidas?

¿Cómo explicar ese sentido de perdida y un tanto de desubicación al releer tantos artículos guardados por: “ser lo mejor que le he leído”?

En su escrito del 25 de agosto pasado, donde nos informaba con plena dignidad a sus lectores sobre su enfermedad y de que iba de puntillas por la vida para que no se notara que aún seguía ahí. También indicaba que una forma de prolongar la expectativa de vida que sus médicos habían determinado, era tramitarla por medio de la burocracia mexicana.

Así mencionaba en dicho escrito: “Espero distribuir generosamente entre el personal médico billetes de muy alta denominación, de modo que este plazo se vaya ampliando, por lo menos, hasta 2020. Si se puede obtener más, ahí lo dejo en manos del gobierno. Tengo mucha confianza en que nuestra burocracia acuse recibo de la solicitud en 2018, lo cual nos da margen para seguir resollando. Lo que desde ahora les puedo asegurar es que, mientras pueda yo menear la pluma y no comience a decir puros despropósitos y marihuanadas, aquí me tendrán siempre a sus canijas órdenes y a sus pies, si no les rugen, como solía decir la inmortal Borola Tacuche de Burrón”.

Adiós querido Maestro de todos los buenos días, de las buenas narraciones, de las finas frases, de la alegría por la vida, de las eternas reseñas.

Adiós a los personajes, a la Thatcher, a la Hillary, Canito, la tractor, al tamal, alias el bucles, alias el subcomandante bucles, a la Capufe, a la Rosachiva.


Aquí nos dejas con tanta tristeza y entre tantos mentecatos.
http://www.youtube.com/watch?v=K1Ald8Jv6ws
http://rincondepango.blogspot.com/2008/05/dehesa.html