Santa paz


Como ustedes, queridos amigos lectores ya saben, las fiestas navideñas y mi cumpleaños equivalen para mí a las celebraciones del reciente Bicentenario.

Con tal comparación, imaginaran que dichas fechas son preparadas y celebradas por mí con mucha anticipación, planeo reuniones con seres allegados a mi vida y a mi corazón, me voy relajando según van llegando los días mencionados. 

Esta navidad, sencillamente decidí iniciar desde mediados de noviembre, comprando prácticamente el primer árbol que llegó a estas tierras y el reto fue conservarlo – regado y en aire acondicionado- para que llegara en su plenitud a las fechas precisas.

Pinté partes de mi predio, historia relatada en el post anterior; compre todo lo requerido, antes que las multitudes en plena tensión mental y arterial salieran en actitud frenética y desesperada a apropiarse de lo necesario y de lo no tan necesario, provocando con ello filas larguísimas en las cajas de pago, estacionamientos llenos, padres alterados, niños histéricos, jóvenes felices porque nadie se da cuenta de lo que ellos hacen o dejan de hacer con la misma asiduidad de lo normal, en fin el despelote en su puro desarrollo. 

Mientras, yo lista con todas mis necesidades, me relajo conversando, visitando y disfrutando a personas que no puedo frecuentar tanto durante el año, o pasarme las horas con las personas cotidianas, criticando a todos los del despelote.

Todo lo que podía estar planeado y bajo mi control lo estaba, considerando, inclusive algunos factores que no lo están –estrictamente bajo mi control- pero que son predecibles en su embate, ya estaba lista como navaja de afeitar…… hasta la mañana del martes 21, en la que desperté sintiéndome apaleada, francamente pensando que en la noche me habían convertido en puré de camote, la fosa nasal derecha en estado de chile habanero, el ojo del mismo lado llora y llora, mientras el izquierdo delataba cierta perturbación por no estar ni ligeramente triste como su compañero, decisión inmediata, Dra. Lope ahí voy.
Me recibió con su cordialidad usual, diciéndome: “… es natural, es tiempo en que los asmáticos se retientan y con su rinitis peor”, yo guarde profundo silencio, pues me he pasado todo este año en la viva tos, afonía y lagrimeo y siempre ha sido "este endemoniado clima", preguntándome cuál es el que me había convenido hasta el año pasado, mientras ella seguía diciendo: “es natural que se sienta así”.


En fin que para no hacerla larga, me fui con mi bastimento de medicinas contra todo mal presente y repose, pues en la noche me esperaba mi posada navideña de la facultad a la que en ningún momento puse en duda el no asistir, lo cual hice, pasando momentos divertidos, amenos y amables entre amigos, y algunos que olvidamos, en ese evento, que no somos tan allegados el resto del tiempo, pero que dicho evento nos olvidamos de manías, pataditas y achuchones.


Retorne a mi predio a hora apropiada y seguí mis días con cabalidad más, al llegar el 24 por la mañana –madrugada para mí - me invadió una sensación de devolución total de todo, alimento, medicinas y hasta lo que no sabía que tenía, por todas las vías posibles.
Dra. Lope al rescate, diciendo que mi flora intestinal se había vuelto aparentemente fauna y que refrenara los medicamentos bronquiales y pulmonares, para atacar los efectos intestinales.
Obvio que con ello todo plan quedaba a un lado, la comida en el refrigerador y algunas actividades canceladas.

Aquí viene lo medular de esta larga descripción de tan poco amable panorama, frenados los desahogos físicos y con la tos y afonía a la alza, impredeciblemente no sentí alejarse de mí el jacarandoso espíritu navideño.

Sabía que la gente tenía sus planes y debían cumplirlos, misteriosamente no entré al drama del: “¿Por qué yo?”; algunas otras navidades las he pasado en cama con esa sensación de: “Pobrecita de mí” o “Ahora no haré otra cosa que dejar pasar los días de navidad, pues seguro me enfermare”.

¡Nanay!, asumí la gelatina, la manzana en trozo, en jugo, en concentrado y me di a la tarea de disfrutar de lo que sucedía.
He visto TV hasta el amanecer, he leído, he pensado y he encontrado que la pasé a todo dar.

Agradezco con infinito cariño a todas las queridas personas que estuvieron comunicadas en todo momento, pero, el dormir hasta las 6 de la tarde del 25 y las 3 de hoy, el poder no cambiarme de pijama, en fin el hacer, no hacer o deshacer, ha sido el mejor regalo de navidad y ya me gustó.

Algunos post atrás –como 123- ya había yo afirmado que por fin estaba haciendo lo que yo quería y que ya me había gustado, pero evidentemente que ahora he descubierto que cuando menos mi vida es como un rol de canela, que se ve como un todo, pero que al ir desenrollándolo encontramos todas sus partes y complementos.

Que si me gusta estar enferma: ¡Para Nada!, además de que cuando me envía la cuenta de mis medicamentos cada año el Jefe Escoffié, paso un mal rato, pero que me gustó esta plácida tranquilidad, compartida en su mayor parte por la única persona a quien debo rendir cuentas: a mi misma.

La verdad que esta versión Pango 5.1.11 se cae mejor a la inmediata anterior.

Así que me pondré a flotar los próximos días en el mar de lo esperado y de lo inesperado, con los ojos bien abiertos (uno de ellos con lagrimeo) tanto como el corazón.

Un abrazo por compartir estas letras.

P.D. Todo el mes de enero no contemplo decir las fechas del calendario en voz alta, con el fin de que mi organismo no inicie su proceso de boicot con el fin de baldear mi cumpleaños, pues si bien no niego mis letras arriba plasmadas, el cumple es el cumple – o sea mi Bicentenario anual particular- y yo lo festejo desde una semana antes hasta otra después de la fecha, para meditar ya estuvo bueno, ¿Ok?

Los colores de mi vida

A mis queridos 7 lectores a los que ruego sigan esperando mis humildes letras, les quiero comentar acerca de la emoción que me invade al pintar mi casa.
¡¡ ¿Qué tema es ese?!!
 Siendo pequeña, la casa donde vivía estaba situada en el Paseo de Montejo, en ella compartía con toda la tropa familiar, en calidad de observadora, de un mundo de personas jóvenes adultas y adultas tirando a la madurez, era y es una de las casas de la privada que ahora han ido botando de una en una, pero la mía - la nuestra - era la primera, además de ser un poco más grande que las demás y con patio al Paseo Montejo, lo cual no era ni es cualquier cosa.
Esas épocas eran de frugalidad familiar obligada, por lo que para mantener la casa mi hermana mayor se avocaba a la labor de la brocha amplia, (no utilizaré la palabra gorda porque soy alérgica a ella, prefiero obesa, lo de gorda, sólo se los permito a mis queridas Mimí y Mary), como yo no tenía nada que hacer, me gustaba meterme en lo que ellos hacían, lo cual no siempre era muy agradecido, pero en éste caso ella, mi hermana, me compraba mi brochita y yo pintaba hasta la altura que físicamente mis 4 o 5 años de edad me permitían
Con esa capacitación y el paso de los años, quedando menos gente dentro del ámbito de la casa familiar, llegó el momento en que mi madre decidió que era necesario que yo desarrollara mis habilidades de decoración activa, es decir que pintara la fachada de la casa en que vivo hasta ahora, al norte de la ciudad, cuando la carretera a Progreso era de un carril y tenía personalidad propia, no era una simple prolongación de la calle 60, menos aún la Avenida Tecnológico; cuando la zona del fraccionamiento Campestre servía para cazar mariposas, de las que pasan de su capullo al vuelo y no del otro tipo.

En fin que la fachada de dicho predio inició siendo naranja-dorado a franjas del frente combinado con un suave color blanco ostión, según costumbre y diseño setentero; después pasó a un azul eléctrico que mi madre vio precioso en el muestrario, pero que al aplicarlo quedó francamente infame, por lo que su tiempo en las paredes frontales del predio fue corto, también fue el tiempo en que terminaron los pintores para ella, pues dijo que ese color no fue producto de su decisión sino que había sido influenciada por el pintor.
Por lo cual se procedió a eliminar el tangerina por el amarillo kayak amainado por detalles blancos y pintando la reja de un color bronce anodizado, con lo que se pretendía equilibrar con puro claro la brillantes del kayak, aun cuando fue adquirido en mate.
La primera mañana que salí, George ya había avanzado un gran tanto, de pronto le dije a Richard: "¡Frena! este hombre se confundió, pues pintó la pared que colinda con mi casa, la que se acaba de vender y la están arreglando", después comprobamos que no era un error sino el efecto del sol sobre mi pared, provocaba que la pared lateral contraria se viera perfectamente amarilla....kayak.
Lo cual me hizo reír toda la mañana pensando cómo, ahora sí, se requerirían anteojos polarizados para ver mi predio.
Adicionalmente que se cumpliría un factor inesperado, ya no requería de dirección, pues con solo decir vivo en la casa "friega retina frente al parque del fraccionamiento tal", no podía haber ser humano por aletargado que fuera que no la encontrara, inclusive se podría volver como una especie de servicio social, pues podría servir como referencia inobjetable a los demás.
 Poco a poco fui recibiendo sus bondades, en la mañana que salgo entre dormida y atontada, me hace sonreír, en la noche cuando regreso algo apaleada por las realidades de la vida me infunde fortaleza para prepararme para el día siguiente, pensando que finalmente "mañana será otro día".
Una cualidad que tiene dicho color es que sus tonos van cambiando, en las mañanas brillantes es amarillo papel chillón bond, a mediodía es amarillo limón y por las noches con las luces blancas ahorradoras, es color verde lechuga fresca y limpia, es decir, es varios colores en uno, como es nuestro propio estado de ánimo y la vida misma.
Al termino los vecinos callaron, sólo la encargada de la cocina económica le dijo a Mary: "oye, ¿qué le pasó al buen gusto de tu jefa?", lo cual confirmó que había hecho lo correcto.
Estos días que no corresponden a la fachada sino al interior y techo, cambie el tono de mi baño de blanco amanecer a un gris que al término no me convenció, compre otro gris y tampoco me llenó el ojo, así estaba, y como el baño tiene baldosas entre grises fondo blanco con destellos negros y verde ónix, con mobiliario que originalmente fue fucsia con detalles acorde a dicho color, no encontraba mi esquina con el color adecuado, hasta que Mary -la cual no es muy allegada a Dn. George porque dice que: "con eso del cariño y de que hay que dar cariño, lo que no hay que darle es mucha confianza"- conversando con Dn. Reyes, hermano de George, éste Reyes, le comentaba que podía imitar cualquier cuadro que le dieran, que pintaba con su hermano porque su hija estaba enferma, pero que además era rotulista, situación que Mary me comento al final del día y mi mente voló: "¿Rotulista?, ¡ROTULISTA!, ahora vengo tengo que ir por pintura, pero antes pregúntale si puede pintar rayas", al recibir la respuesta afirmativa, se procedió en consecuencia, por lo cual mi baño ahora es de rayas grises y fucsia.


P.D. Antes de las rayas y mientras pintaban mi cuarto de un azul relajante, Dn. George dijo: "Reyes pinta la puerta como la pared" y Dn. Reyes le replicó: "George, estas mal, no puede ser, seguro que lo entendiste mal", "que sí, que sí, píntalas así", "que no, luego ¿qué haremos?", "Dña.Maryyy, ¿Verdá que la Doña quiere que sus puertas estén del mismo color que las paredes?", "Si, así es", contestó la encargada del hogar; ya con la autoestima en su sitio y seguridad George concluyó diciendo: "¿Ya ves Reyes que yo tenía razón?, no ves que Doña Paty es "como gringa", a ella le gusta lo que a los demás de por aquí no".