Epifanía

No deseo dejar este espacio sin algo escrito en este final del 2012, el que fue maravilloso para algunas cosas y tremendo para ajustarme, especialmente las neuronas.
Agradecer a todos aquellos que han estado conmigo física y emocionalmente, su compañía, sus palabras de aliento y su cariño, pues son de mis mayores recursos.
Quiero dar gracias a todos aquellos que me maltrataron, hirieron o me hicieron sentir indeseable, por ellos he encontrado una fortaleza que no sabía que tenía.
Agradezco a la vida mi trabajo y entorno laboral, pues soy una bendecida de Dios, hago lo que más me gusta, estoy donde deseo estar, conozco nuevos seres humanos constantemente, quienes me aportan más conocimiento de vida.
Soy bendecida por muchas oraciones, lo que me ha llevado a sentir que la paz no se compra ni se brinda, la paz nace de adentro hacia fuera y se proyecta a los demás, logrando que uno sea retroalimentado y adquiera nuevas emociones calmas.
Soy feliz por todo lo que tengo, a pesar de que a veces duela o me limite, eso me ha dado más paciencia y comprensión hacia los demás.
Doy gracias por los amigos que están,  y también por los que se han ido, unos y otros me han dado luz, para ver la vida con más claridad.
Desde mi habitación, relajándome y mejorando mis daños físicos, agradezco este tiempo obligado que me ha llevado a la reflexión, la aceptación y la revelación.
Reflexión de lo que he hecho y lo que me falta; aceptación de mis límites y lo que puedo lograr con lo que queda y revelación de una fuerza interior con armonía conmigo misma y con mi fe. 

  *El término Epifanía es utilizado, según Giacomo Cannobio, en los setenta para traducir el concepto de "Gloria de Dios" que indica las huellas de su paso o, más simplemente su presencia.

El misterio del portafolio café y "N" anécdotas peregrinas

Con las limitaciones propias de mi actual condición -favor de no pensar que la presente condición no hace diferencia a la anterior- continuaré con una tradición de este espacio: relatar, cerca de sus cumpleaños, vivencias y recuerdos de personas queridas e importantes en mi vida.

En esta ocasión les compartiré algunas anécdotas entrañables sobre mi amiga Leticia, no abundo en apellidos (tres por cierto, pregúntense cuales) por su perfil profesional; siendo que si se unieran los apellidos a ciertos recuerdos, sería yo cadáver en menos de lo que ustedes terminan de leer este cariñoso mensaje.


Me incorporé al colegio Mérida (Jesús María) iniciando el cuarto de primaria, ese año cercano a los 70´s no sabía yo, ni mi generación tampoco, que seríamos de los últimos seres antes de la llegada de las generaciónes de los Nintendos y demás articulos perturbadores.

Iniciemos diciendo que es la segunda de tres hermanos, lo que en psicología la marcaría con ciertos rasgos conductuales, más en su caso fue y es a la inversa, el estar en medio entre una hermana y un hermano menor varón, como que logró desviar la atención sobre sus actividades, sumados a su bajo perfil aparente, en donde no habla, pero su mirada y su lenguaje corporal lo dicen todo.
Cuando entré a ese salón con decenas de caras nuevas, rostros pertenecientes a un gran número de seres que vivían, por esos días, lamentando la partida de una compañera hacía el D.F., no puedo negar que me sentí más una usurpadora que bienvenida, aclaro, me sentí, porque nadie se percató de que yo estaba ahí; pude observar y observar, hasta que fui seleccionando e identificando códigos, personalidades y grupos ,hasta que me fijé en una compañera, la cual aparentaba no pertenecer a ninguno, pero que a la vez pareciera que comandaba alguno, aunque no quedaba claro cómo era la situación. 

Dicho personaje portaba un portafolio color café, delgado de cierre (en esa época no era usual que las “niñas usáramos” portafolios); la portadora del mismo se sentaba en las filas de atrás y parecía como que observaba al resto desde su mundo paralelo.
No hablaba mucho, lo hacía solo con algunas pocas allegadas, pero se notaba que se divertían, aunque no quedaba claro con qué, ni en qué momento; así mismo, daba la impresión de que se llevaba la vida por montera, que no estudiaba, pero la realidad es que no dejaba tarea sin entregar, ni pregunta sin responder.
No se mataba por levantar la mano, pero cuando era requerida sabía por dónde iba la cosa.

Poco a poco me fui acercando a ese grupo, el cual no era el más abierto ni amigable a la primera, pero que parecía (como todo lo que dicen que es pecado) altamente atractivo, logrando ser admitida con ciertas reservas, con lo que pude ir descubriendo a ese gran ser humano, serio pero divertidísimo; canijo pero muy bondadoso; fuerte y sensible, que es mi amiga Leticia.
Ella por esos tiempos no parecía llevar la misma agenda que los demás, por decir, ella vacacionaba no en Chicxulub o con un breve viaje a USA o al D.F., como el resto de las niñas “bien” de aquel entonces, no, ella viajaba con toda su familia desde el mismo día de la entrega de calificaciones hasta casi la entrada al nuevo curso a los sitios más inusuales para su edad, Europa, Oriente -me refiero al Japón, No a Tizimín- porque vamos, ciertamente que los papás de mis compañeras obvio que viajaban a esos sitios, pero no llevaban consigo, como en este caso, a los niños con ellos cada año.
De ahí que Leticia pudiera “accesar” a artículos y bienes de otros países que difícilmente pudiéramos conseguir en nuestro medio, bien porque en aquel entonces hasta una lata de mantequilla azul era “contrabando”, de ahí que inclusive dichos bienes llegaban a conformar parte de su personalidad, como unos suecos -de maravillosos recuerdos pero de incómodo final- porque: ¿Estamos de acuerdo en que nadie usaría suecos de madera de a diario a menos que fuera hija de familia china y lo que quisieran fuera tenerles los pies encerrados? y aún así, siendo chinos no lo harían en madera, sino amarrados y envueltos para que el pie se mantuviera pequeño.

Con ese preámbulo, puedo afirmar (aunque ahora ella lo niega determinantemente) que el contenido del misterioso portafolio café, eran revistas no precisamente “Vanidades”, revistas no científicas, que nos permitieron aprender anatomía antes de llegar a la preparatoria. 
Que en realidad, no nos llevaban a pensamientos pecaminosos, sino que más bien hacia dudas y críticas sobre la belleza de la figura masculina.
De ahí creo yo que ya se iba perfilando su sentido de la estética y su amor por el diseño. 

La llegada diaria al colegio de las hermanas -ella y su noble y santa hermana- era todo un ritual, puesto que la entrada en automóvil a "Villa Rosario" tenía una forma de herradura, los autos por tanto debían parar por sólo unos nanosegundos para que los niños y niñas fueran expulsados por cualquier orificio o medio abatible del mismo, y los choferes, usualmente madres de familia o hermanos mayores, salían disparados para que pasara el siguiente vehículo; este no era el caso de las hermanas a las que me refiero, ahí venían muy serias las dos en su vehículo, sentaditas en el asiento posterior, capitaneadas por un chofer, el cual era odiado y vilipendiado por madres de familia, familiares y religiosas por igual, pero el hombre -el cual sospecho que, o era sordo o tenía un entrenamiento militarizado- seguía el procedimiento aunque el cielo se cayera.
Se bajaba con rapidez pero con formalidad y abría la puerta trasera izquierda, caminaba apresurado hacia la puerta derecha, retornaba y abría la cajuela de dónde sacaba dos portafolios los cuales entregaba a cada dueña de los mismos, cerraba cajuela y portezuelas, procediendo a retirarse en medio de múltiples sonidos, eso dos veces al día.

Los años fueron pasando y la amistad con Leticia era francamente indefinible, pues aunque pudiera llevarme con otros grupos, ella seguía aceptando con cierta displicencia mi presencia intermitente en sus actividades.
Sobresaliendo el hecho de que durante secundaria y preparatoria se iban agregando al grupo nuevas compañeras y siempre, las más traviesas e irreverentes, abiertamente o socavadas, acababan atrás junto a Lety, pero aclaro, estar ahí no era revolverse, ella siempre se mantenía en ese invisible status de espacio personal.
Para ese entonces ya era poseedora de un Datsun amarillo huevo, lo que la hacía privilegiada, pues en esas épocas no era usual que se tuviera vehículo asignado por la familia a los 14 o 15 años.
Su fiesta de quince años fue celebrada con gran pompa en la amplia terraza familiar, con el conjunto de moda, con grandes espectativas pues no era común visitar esa inmensa casa, nunca olvidaré las dimensiones tan amplias, ni el hecho del privilegio de su cuarto privado.


En uno de tantos viajes, Leticia ya en plena etapa juvenil, en la cual es cuando había logrado incluir como parte permanente de sus extremidades los ya mencionados suecos de madera, los que duraron y duraron, pero que al llegar al Japón decidieron dejar de ser útiles y pasar a jubilación, provocándole un tremendo torzón de tobillo al bajar por la escalerilla del avión, lo que ocasiono gran turbación a la familia, y que ella conociera el imperio de Hirohito a media ala.
De las últimas anécdotas en el colegio, mencionaré lo que he llamado: "La fortaleza de la fe", al estar en primero de prepa en un salón que alguna vez fue de kinder, y que por lo tanto era espacioso, lleno de baños y estratégicamente situado cerca pero no dentro de la estructura del edificio de ese nivel escolar, en pleno recreo, pero dentro del aula, Leticia saco "la baraja" recién traída de los "yunaites" con la hermosa figura de Snoopy, cartas plásticas de magnifica calidad, para armar un rápido pokarín entre algunas de la banda....súbitamente y debido a que un pajarito cantó, sólo vimos aparecer un brazo que violentamente arraso con las barajas, recogidas por una mano furiosa y tomando el maso entero, la dueña de esa mano, una religiosa, cubana de nacimiento, las partió en dos con un solo movimiento y mirándonos con ojos refulgurantemente coléricos; aún recuerdo el asombro en nuestras rostros y el latir de mi corazón, al mismo tiempo que pensaba: "¿Cómo las pudo romper?" y a la vez, esperando la reacción de la dueña. 

Sobre como se rompieron, quiero pensar que fue la "fuerza de la fe" y no el carácter de la religiosa cubana quien era de mecha corta, lo que la llevaba a cometer, eventualmente, ciertos desatinos de actitud.
¿Y la dueña? nada, sólo fué al basurero y las recogió. 


Pasados los años, cada quien ha tomado su camino, Leticia se ido forjando dentro de su profesión, la cual es la suma de técnica y arte; desarrollándose con gran capacidad tanto en el sector independiente como en el público, siendo en éste último y hasta donde mis oídos llegan, de quienes han sabido estar para servir y cumplir con eficiencia.
Podría seguir interminablemente describiendo actitudes y actividades que ha desarrollado en su vida, amistades y vivencias que hemos compartido, y otras que solo sé “de oídas”, más creo que lo antes escrito da una idea del por qué Leticia no solo es de esas personas que vale la pena tener cerca en la vida, sino que los momentos, pocos pero memorables, que hemos compartido los últimos años, hacen que la vida se sienta y sepa mejor.

Una carcajada de Leticia provocada por cualquier tema, así sea por alguna “actitud indebida” atribuida por otros a ella misma, es disfrutar el sonido que proviene del corazón de un ser congruente consigo mismo.

Compartido por Pamela Peraza

                                        ME DOY PERMISO PARA
                                     (Reflexión de Joaquin Argente )

Me doy permiso para separarme de personas que me traten con brusquedad, presiones o violencia, de las que me ignoran, me niegan un beso, un abrazo...
No acepto ni la brusquedad ni mucho menos la violencia aunque vengan de mis padres o de mi marido, o mujer, ni de mis hijos, ni de mi jefe, ni de nadie.
Las personas bruscas o violentas quedan ya, desde este mismo momento fuera de mi vida.
Soy un ser humano que trata con consideración y respeto a los demás, merezco también consideración y respeto.

Me doy permiso: para no obligarme a ser “el alma de la fiesta”, el que pone el entusiasmo en las situaciones, ni ser la persona que pone el calor humano en el hogar, la que está dispuesta al diálogo para resolver conflictos cuando los demás ni siquiera lo intentan.
No he nacido para entretener y dar energía a los demás a costa de agotarme yo: no he nacido para estimularles con tal de que continúen a mi lado.
Mi propia existencia, mi ser; ya es valioso; si quieren continuar a mi lado deben aprender a valorarme.
Mi presencia ya es suficiente: no he de agotarme haciendo más.

Me doy permiso para no tolerar exigencias desproporcionadas en el trabajo.
No voy a cargar con responsabilidades que corresponden a otros y que tienen tendencia a desentenderse. Si las exigencias de mis superiores son desproporcionadas hablaré con ellos clara y serenamente.
Me doy permiso para no hundirme las espaldas con cargas ajenas

Me doy permiso para dejar que se desvanezcan los miedos que me infundieron mis padres y las personas que me educaron.
El mundo no es sólo hostilidad, engaño o agresión: hay también mucha belleza y alegría inexplorada.
Decido abandonar los miedos conocidos y me arriesgo a explorar las aventuras por conocer.
Más vale lo bueno que ya he ido conociendo y lo mejor que aún está por conocer.
Voy a explorar sin angustia.

Me doy permiso para no agotarme intentando ser una persona excelente.
No soy perfecto, nadie es perfecto y la perfección es oprimente.
Me permito rechazar las ideas que me inculcaron en la infancia intentando que me amoldara a los esquemas ajenos, intentando obligarme a ser perfecto: un hombre sin fisuras, rígidamente irreprochable, es decir: inhumano.
Asumo plenamente mi derecho a defenderme, a rechazar la hostilidad ajena, a no ser tan correcto como quieren; y asumo mi derecho a ponerles límites y barreras a algunas personas sin sentirme culpable.
No he nacido para ser la víctima de nadie.

Me doy permiso para no estar esperando alabanzas, manifestaciones de ternura o la valoración de los otros.
Me permito no sufrir angustia esperando una llamada de teléfono, una palabra amable o un gesto de consideración.
Me afirmo como una persona no adicta a la angustia.
Soy yo quien me valoro, me acepto y me aprecio
No espero a que vengan esas consideraciones desde el exterior.
Y no espero encerrado o recluido ni en casa, ni en un pequeño círculo de personas de las que depender.
Al contrario de lo que me enseñaron en la infancia, la vida es una experiencia de abundancia.
Empiezo por reconocer mis valores,  el resto vendrá solo.
No espero de fuera.

Me doy permiso para no estar al día en muchas cuestiones de la vida: no necesito tanta información, tanto programa de ordenador, tanta película de cine, tanto periódico, tanto libro, tantas músicas.
Decido no intentar absorber el exceso de información.
Me permito no querer saberlo todo.
Me permito no aparentar que estoy al día en todo o en casi todo.

Y me doy permiso para saborear las cosas de la vida que mi cuerpo y mi mente pueden asimilar con un ritmo tranquilo.
Decido profundizar en todo cuanto ya tengo y soy.
Con lo que soy es más que suficiente.
Y aún sobra.

Me doy permiso para ser inmune a los elogios o alabanzas desmesurados: las personas que se exceden en consideración resultan abrumadoras.
Y dan tanto porque quieren recibir mucho más a cambio.
Prefiero las relaciones menos densas.
Me permito un vivir con levedad, sin cargas ni demandas excesivas.
No entro en su juego.
Me doy el permiso más importante de todos: el de ser auténtico.

No me impongo soportar situaciones y convenciones sociales que agotan, que me disgustan o que no deseo.
No me esfuerzo por complacer.
Si intentan presionarme para que haga lo que mi cuerpo y mi mente no quieren hacer, me afirmo tranquila y firmemente diciendo que no.
Es sencillo y liberador acostumbrarse a decir “no”.
Elijo lo que me da salud y vitalidad.
Me hago más fuerte y más sereno cuando mis decisiones las expreso como forma de decir lo que yo quiero o no quiero, y no como forma de despreciar las elecciones de otros.
No me justificaré: si estoy alegre, lo estoy; si estoy menos alegre, lo estoy; si un día señalado del calendario es socialmente obligatorio sentirse feliz, yo estaré como estaré.

Me permito estar tal como me sienta bien conmigo mismo y no como me ordenan las costumbres y los que me rodean: lo “normal” y lo “anormal” en mis estados emocionales lo establezco yo.pero que a ustedes, mis queridos lectores, les de una nueva visión de paz, como la encontré yo.

El Chuchuluco de Dios

Queridos lectores, amigos de ilusiones y sueños, de imágenes y experiencias, hoy me reintegro, con moderación, a este ejercicio del alma que consiste en transmitir mis emociones, ideas y opiniones.

Durante un largo período de más de 9 meses he tomado un reposo obligatorio de muchas de mis más preciadas aficiones, entre ellas el compartir con ustedes este espacio.
No sé cuantos hayan tenido la paciencia para esperar, tampoco sé cuantos saben las causas de esa espera, pero debo de aclarar que -aunque no fue por causa voluntaria- finalmente dentro del plan divino, esto vino en el momento justo y necesario, como casi todas las cosas de la vida, las que eventualmente no entendemos en el momento, pero que a la larga podemos ver claramente que todo sucede para nuestro bien.
El dolor me ha permitido recordar cuanto debo apreciar los momentos de felicidad; las diferentes limitaciones que vinieron como consecuencia, me han dado más paciencia y tolerancia hacia mi misma y hacia los demás.
 ¡¡Y lo que me falta!!, como diría mi admirado Alex Lora.

Así que aquí estoy de nuevo, espero que en esta nueva etapa tengamos más cosas que compartir.   
www.youtube.com/watch?v=L9YSq-T1Cpw

No voy a negar que han existido momentos de angustia o de incertidumbre, más nunca he preguntado "¿Por qué yo?"

Circulo de Amor, ha compensado con su cariño cualquier inquietud e inseguridad, recordándome todo lo que he vivido....


P.D. Para los curiosos como yo, aquí hay mucho que aprender de "nuestra habla": http://es.wikipedia.org/wiki/Espa%C3%B1ol_yucateco


Que nos espera: Paulina Peña Petrellini

Paulina Peña Petrellini compartió por Twitter un comentario: 

"Un saludo a toda la bola de pendejos, que forman parte de la prole y sólo critican a quien envidian!” ......

El filósofo y escritor mexicano Héctor Jesús Zagal Arreguín le escribe:
La Familia REAL
Pero no es de tu padre de quien quiero hablar, sino de ti. ¿Te confieso algo? Me aterra que hayas utilizado la expresión “hijos de la prole” como un insulto. Insisto, es disculpable que te enfades por la burla hacia tu padre. No me asustaría que los llamaras “babosos”, “tontos”. Es más, no le preocupa el que nos hayas llamado “pendejos”. En cambio, no se puede excusar tu menosprecio a los hijos de los trabajadores, de los obreros.
¿Oíste del escándalo de las Ladies de Polanco? Descalificaron a un policía llamándolo “asalariado”. Algo similar hiciste tú: descalificas a la mitad del país por su condición social. ¿Qué tiene de malo ser hijo de un obrero? Sabes, yo soy nieto de un minero, un proletario. No me da vergüenza decirlo. ¿Te avergonzarías de tu padre si fuese un vendedor de tamales o un plomero?
Tu padre, que ha leído la Biblia, te puede recordar una frase de Jesús en el Evangelio: “De la abundancia del corazón, hablará la boca”. Sin pretenderlo, con tus palabras has revelado tu clasismo. Desprecias el trabajo manual. Minusvaloras a quienes se mantienen con su esfuerzo. ¡Qué tristeza que así piense la hija de un candidato presidencial!
“Hijos de la prole” son, en efecto, quienes estudiaron en escuelas públicas, quienes utilizan el metro, quienes no comen cortes argentinos y quesos españoles, quienes no utilizan zapatos de miles de pesos, quienes no se atienden en el hospital ABC, quienes no viajan en helicóptero. Los hijos de la prole, por el contrario, deben hacer largas horas de filas en las clínicas del seguro social, deben comer carbohidratos (tortillas), deben estudiar en salones sin computadoras, deben apretujarse en los transportes públicos. Los hijos de la prole, querida Paulina, ganan en un año lo que tu padre gana en una semana.
Cuando leas estas líneas has el siguiente ejercicio. Revisa lo que llevas puesto encima: perfume, cremas, desodorante, ropa, zapatos, celulares, aretes. Suma el total. ¿Sabes que traes encima más de lo que una indígena gana durante un año de trabajo duro?
Paulina, me da terror que pienses así. Tu lapsus reveló tu “realidad”: vives en una burbuja color de rosa. “Hijos de la prole” no es un insulto, sino un título honorable. Este país, que tu padre aspira a gobernar, depende de los obreros, de los campesinos, de los empleados, depende de esas personas a quienes menosprecias.
Ojalá este gravísimo desliz, no sea fruto de la educación que recibiste en casa. Ojalá y sea culpa tuya, fruto de tu arrogancia (tan propia, eso sí, de la clase alta mexicana). ¿Qué será de México si lo llega a gobernar una persona que desprecia al proletariado?
Mira Paulina, me parece que por tu bien, debes inscribirte en una escuela pública, reducir tu escolta al mínimo, tomar el metro en horas pico, y ponerte a trabajar. Por si no lo sabes, muchos de los “hijos de la prole” se pagan sus estudios con su trabajo: los hay campesinos, vendedores, obreros. Algunos trabajan desde niños.
“Hijos de la prole” son, en efecto, quienes estudiaron en escuelas públicas, quienes utilizan el metro, quienes no comen cortes argentinos y quesos españoles, quienes no utilizan zapatos de miles de pesos, quienes no se atienden en el hospital ABC, quienes no viajan en helicóptero. Los hijos de la prole, por el contrario, deben hacer largas horas de filas en las clínicas del seguro social, deben comer carbohidratos (tortillas), deben estudiar en salones sin computadoras, deben apretujarse en los transportes públicos. Los hijos de la prole, querida Paulina, ganan en un año lo que tu padre gana en una semana.
Cuando leas estas líneas has el siguiente ejercicio. Revisa lo que llevas puesto encima: perfume, cremas, desodorante, ropa, zapatos, celulares, aretes. Suma el total. ¿Sabes que traes encima más de lo que una indígena gana durante un año de trabajo duro?
Paulina, me da terror que pienses así. Tu lapsus reveló tu “realidad”: vives en una burbuja color de rosa. “Hijos de la prole” no es un insulto, sino un título honorable. Este país, que tu padre aspira a gobernar, depende de los obreros, de los campesinos, de los empleados, depende de esas personas a quienes menosprecias.
Ojalá este gravísimo desliz, no sea fruto de la educación que recibiste en casa. Ojalá y sea culpa tuya, fruto de tu arrogancia (tan propia, eso sí, de la clase alta mexicana). ¿Qué será de México si lo llega a gobernar una persona que desprecia al proletariado?
Mira Paulina, me parece que por tu bien, debes inscribirte en una escuela pública, reducir tu escolta al mínimo, tomar el metro en horas pico, y ponerte a trabajar. Por si no lo sabes, muchos de los “hijos de la prole” se pagan sus estudios con su trabajo: los hay campesinos, vendedores, obreros. Algunos trabajan desde niños.
Cuando leas estas líneas has el siguiente ejercicio. Revisa lo que llevas puesto encima: perfume, cremas, desodorante, ropa, zapatos, celulares, aretes. Suma el total. ¿Sabes que traes encima más de lo que una indígena gana durante un año de trabajo duro?
Paulina, me da terror que pienses así. Tu lapsus reveló tu “realidad”: vives en una burbuja color de rosa. “Hijos de la prole” no es un insulto, sino un título honorable. Este país, que tu padre aspira a gobernar, depende de los obreros, de los campesinos, de los empleados, depende de esas personas a quienes menosprecias.
Ojalá este gravísimo desliz, no sea fruto de la educación que recibiste en casa. Ojalá y sea culpa tuya, fruto de tu arrogancia (tan propia, eso sí, de la clase alta mexicana). ¿Qué será de México si lo llega a gobernar una persona que desprecia al proletariado?
Mira Paulina, me parece que por tu bien, debes inscribirte en una escuela pública, reducir tu escolta al mínimo, tomar el metro en horas pico, y ponerte a trabajar. Por si no lo sabes, muchos de los “hijos de la prole” se pagan sus estudios con su trabajo: los hay campesinos, vendedores, obreros. Algunos trabajan desde niños.
Paulina, me da terror que pienses así. Tu lapsus reveló tu “realidad”: vives en una burbuja color de rosa. “Hijos de la prole” no es un insulto, sino un título honorable. Este país, que tu padre aspira a gobernar, depende de los obreros, de los campesinos, de los empleados, depende de esas personas a quienes menosprecias.
Ojalá este gravísimo desliz, no sea fruto de la educación que recibiste en casa. Ojalá y sea culpa tuya, fruto de tu arrogancia (tan propia, eso sí, de la clase alta mexicana). ¿Qué será de México si lo llega a gobernar una persona que desprecia al proletariado?
Mira Paulina, me parece que por tu bien, debes inscribirte en una escuela pública, reducir tu escolta al mínimo, tomar el metro en horas pico, y ponerte a trabajar. Por si no lo sabes, muchos de los “hijos de la prole” se pagan sus estudios con su trabajo: los hay campesinos, vendedores, obreros. Algunos trabajan desde niños.
Ojalá este gravísimo desliz, no sea fruto de la educación que recibiste en casa. Ojalá y sea culpa tuya, fruto de tu arrogancia (tan propia, eso sí, de la clase alta mexicana). ¿Qué será de México si lo llega a gobernar una persona que desprecia al proletariado?
Mira Paulina, me parece que por tu bien, debes inscribirte en una escuela pública, reducir tu escolta al mínimo, tomar el metro en horas pico, y ponerte a trabajar. Por si no lo sabes, muchos de los “hijos de la prole” se pagan sus estudios con su trabajo: los hay campesinos, vendedores, obreros. Algunos trabajan desde niños.
Mira Paulina, me parece que por tu bien, debes inscribirte en una escuela pública, reducir tu escolta al mínimo, tomar el metro en horas pico, y ponerte a trabajar. Por si no lo sabes, muchos de los “hijos de la prole” se pagan sus estudios con su trabajo: los hay campesinos, vendedores, obreros. Algunos trabajan desde niños.

"No tengo el gusto de conocerte personalmente. No sé cómo eres, desconozco tus cualidades, tus aficiones, tus intereses. Entiendo tu molestia ...al escuchar las críticas a tu padre, Enrique Peña Nieto. Son gajes del oficio. Deberás irte acostumbrando a los ataques contra él. En una democracia, la crítica es un ejercicio fundamental. Tu padre es una figura pública y, por ende, sus actos serán juzgados con rigor. “¿Por qué son tan duros con él?”, te preguntarás. Bueno, los funcionarios públicos ganan mucho dinero. Hay miles de personas dispuestas a sufrir críticas y cuestionamientos con tal de figurar en la nómina oficial. El sueldo bien vale esos golpes. ¿No?
Paulina, haz puesto en riesgo el futuro político de tu padre. Pero lo que es más grave: pones en peligro en riesgo el futuro de México".