En el juego de ajedrez de la vida

Cual cebolla que se va abriendo capa a capa dividiéndola, voy encontrando mi epicentro.Cada capa que se desprende me revela visiones y sonidos, palabras y mensajes que la edad y el camino iban obstruyendo de mi visión.Un día cualquiera decides que es demasiada ropa la que llevas puesta para protegerte y abrigarte, para ocultar o disimular; demasiadas piedras en la espalda que vas cargando y temes soltar por no dañarlas o por temor a no tenerlas; demasiados pensamientos que no son de tus asuntos,........ y abres los ojos, los oídos, te empiezas a desprender capa a capa, el abrigo, la chaqueta, cada desprendimiento tiene su propio proceso, su aprendizaje, su dolor y su  sorpresa. Que a quien veías como alguien de largo camino, aunque asumiera ser ible, en realidad también es una pieza menor del juego, pues el alfil va por cortos o largos recorridos pero dentro de un mismo color, y te dará fuerza y beneficiará al final, si tienes tus dos alfiles de colores distintos, especialmente si estas en el lado más débil del juego.

Cuando me vi ahora en el espejo, denudada el alma, me dije: “No le debo explicaciones, ni requiero el permiso de nadie, sólo me debo, el alcanzar el último cuadro del extremo opuesto del tablero, siendo yo misma, sin ofensas y sin disculpas”.

Cada desprendimiento invita a seguir insistiendo en llegar a mí ser y SER sin pensar más que en lo que es mejor para mí, lo que deseo y lo que puedo. Dejar atrás todo aquello que “debe ser”, salvo algo positivo para mi prójimo, que nazca de mi o me sea solicitado.

Amistades, familiares, conocidos cercanos o apenas conocidos, pasan al lugar que a cada quien le corresponde sin ninguna de las etiquetas anteriores, mi kilometraje ya es tan amplio, casi para cambio de motor, como para que yo aún me ate a etiquetas sociales o emocionales.

Decir lo que se cree y lo que se siente a quien debas, para no seguir fingiendo, es una de mis primeras misiones, callar lo que se cree, lo que se siente si esto no beneficia a nadie, mi objetivo.

Las capas siguen quitandose y me voy dando cuenta que la frivolidad, la vanidad, el egocentrismo y la incongruencia que me han rodeado pueden autollamarse amor, cariño, amistad, cuando en realidad son resultado de  una excusa social, para hacer lo que se desee y, si te atreves a señalar, entonces te quieren poner en “tu lugar”  por volumen de voz o por posición social, más al final la verdad vive en uno cuando el alma grita tan fuerte lo que ya no siente, es tan profunda la fuerza de la distancia y el silencio que no puede ser vencida.

Y las personas se van yendo, cada cual al cuadro que le corresponde en el tablero de la vida, de pronto te das cuenta, que a quienes veías como piezas valiosas, una reina o el rey, eran tal en cuanto te sentías un pequeño peón.

Que quien brinca más para llegar primero, no es más que un caballo que como apertura ofensiva para las blancas, puede ser útil, más luego te generará tener que cuidar tu estrategia al tenerlos de frente ante los contrarios, es decir, probablemente algún día creíste en alguien en su capacidad y  competencia, pero que finalmente, al estar adelante tengas que estar cuidándolo y defendiendole de los oponentes.

Por lo que ser un peón no es algo negativo, humillante, pero ver reinas y reyes donde no los hay, es perjudicial.

Al final llegas al epicentro, descubres que tu "YO" es mucho más que el personaje que has sido durante mucho tiempo, que es más valioso aún de lo que imaginas y que debe de llegar a otras dimensiones, ver lo amplio del camino por seguir, conocer en lugar de rodearse de caballosy afiles que valdrán numéricamente más que el peón pero que al final -estratégicamente- puede ser más valioso aliado


p.d. Rosita no me corrijas si en mi interpretación del juego hay alguna falla, es libertad literaria.