domingo, mayo 15, 2005

En Mexico no se discute, se simula.

De inicio aclarar que en nuestro lenguaje coloquial casi nunca se usan las palabras por su significado real, en ésta sociedad mexicana tan nuestra y tan diferente entre si, el término discutir es un sinónimo en inconsciente colectivo de pelear, y nosotros somos pacifistas, bueno hasta el último voto que dimos en la ONU.

Los dirigentes no discuten con sus bases sobre las grandes decisiones de esas organizaciones, un grupúsculo de dirigentes que se pelean por ganarse el titulo del “peor rata del sindicalismo”, entre ellos toman las decisiones trascendentes y cuando no les salen a su gusto se enojan se pelean, ven a quien echarle la culpa (otro deporte favorito de éste país) y mandan a sus agremiados (medianamente, totalmente o parcialmente mal informados) como carne de cañón.

Los partidos renuevan sus bases pero no sus métodos, ni sus plataformas (los que las tienen), ni su visión de país, ni los procedimientos y vías para lograr esa visión.

Los políticos no discuten, se agreden, se insultan, se humillan a la vez que humillan a las instituciones que representan.

Tenemos un canciller que renuncia a una candidatura hemisférica en pos de la unión, pero a su vez nuestro país se abstiene de votar por el candidato por el que se declinó en pos de dicha unidad.

Nuestro presidente, dice en plena reunión internacional de empresarios que él se siente mas empresario que político, si tomamos su trayectoria como empresario independiente, es como para darnos un infarto, ya hasta la fabrica Botas Fox cerró, y era lo último que les quedaba, digo salvo el rancho, que todos esperamos que siga gozando de plena salud económica para ser el remanso de paz que necesitará en unos meses, por tanto, es obvio que sus resultados como político sean los que tenemos, el no sabe como serlo, ergo como hacerlo.

Cuando la simulación logra dominar un sistema es difícil más no imposible erradicarla.

Pero no basta con saberlo, hay que averiguar primero las causas que la originaron, ¿qué ha provocado que simulemos sistemáticamente en nuestra sociedad mexicana?, ¿por qué vivir fingiendo con una burocracia que finge que trabaja con sueldos que son calculados para fingir una remuneración acorde a sus funciones o a lo que debería ser su función? ¿se les paga mal porque son flojos? o ¿son flojos porque estan desmotivados, y después de décadas, desconcientizados?.

Los niños mexicanos ¿estudian por el deseo de saber?, o por la necesidad de ir cubriendo asignaturas a una velocidad inimaginable, con el fin de alcanzar, en un porcentaje bajísimo, un nivel que les de un título el cual amparará una formación herramental y científica, pero poco humanística y de desarrollo de habilidades y actitudes.

Ven en el estudio un medio de desarrollo económico y no humano, una actividad pesarosa pero inevitable para lograr superar los niveles económicos familiares, o en todo caso conservar dichos niveles.

Debemos de iniciar desde la raíz del sistema, desde las entrañas mismas de la sociedad y preguntarnos cada uno a nosotros mismos que es lo que nos lleva a permitir este estancamiento, social, económico y político, a no reaccionar.

Después de ese autodiagnóstico proceder, como un conjunto unido por convicciones similares
en que queremos y como lo queremos y hacerlo saber y sentir, cada uno desde su propia trinchera y sus medios.

La clase política tendrá que oír, si todos hablamos.

Sólo así podremos dejar de simular que tenemos presidente de la republica, poder ejecutivo y estructura política con partidos que supuestamente responden a nuestras necesidades como sociedad.

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