martes, mayo 07, 2013

Con el privilegio de pertenecer a la comunidad de Jesús María

Texto escrito a nombre de la generación 1977 con motivo del 100º aniversario de la presencia de la Congregación de Jesús María. 

En el mes de septiembre de 1969 llegue al colegio Mérida por grata recomendación e insistencia de Dña. María Cristina Palma de Patrón, mi mamá tenia cita con la Madre Elena Escudero para inscribirme en el colegio según se define en las normas actuales, para “entregarme” según las normas de mi madre.
El arribo a esa casona me dejo intimidada, existía ahí un aire de solemnidad que me impactaron, yo venía de un colegio en donde había vivido un sistema mixto desde mi preescolar, así que mi entrada a Villa Rosario y todo lo que ella representaba me fue impactante. 
La entrevista no la recuerdo al detalle, solo quedó grabada en mi mente una frase de mi mamá: “Madre Elena aquí le entrego a Patricia, cualquier asunto que haya que resolver, por favor lo resuelve usted con ella”, para mi mamá esa era la mejor manera de indicarnos a mi y al mundo el hecho de que yo era la única y absoluta responsable de mis actos. 

Ingresé al cuarto de primaria y yo, que ahora me dedico a la docencia, reconozco que tuve la suerte invaluable de tener como profesora a la señorita Lupita Heredia, mujer integra, de gran conocimiento y extraordinaria capacidad para el enunciamiento oportuno de los refranes mas variados, que representaban los juicios mas profundos e invariablemente adecuados y oportunos a la situación que se fuera presentando en el salón de clase o en la vida en general. 
De mi época en primaria es imposible no mencionar lo entretenido que fue disfrutar de la compañía de Maritza Torre y Celina Ruiz y sus ocurrencias para evadir responder a las preguntas de la señorita Lupita; el portafolio “misterioso” de Leticia Torres; los juegos de “quemados” en la palapa de kínder, en donde nacieron varios apodos al calor de los partidos, con estrellas como Vanessa Cantón quien se prendía con una fuerza y entrega y a la que se le etiquetó por lo mismo como: “Torito”; la agradable sencillez de Elda Rosa Trava, por quien, en mas de una ocasión, tuvimos que pasarnos gran parte de tiempo buscando sus pertenencias especiales, entre el aserrín de la fosa del salto de longitud. 
 El transporte en el colegio entonces era algo peculiar también, pues independientemente de los autobuses, estos eran conducidos por choferes como Natividad (o Don Nato como era conocido), por otra parte algunas otras éramos transportadas en una camioneta dirigida y capitaneada por la madre Concepción, ahí viajábamos las alumnas fuera de ruta (aunque yo no entendía en aquel entonces que quería decir exactamente eso). 
 “...Señor, que cada vuelta de rueda sea un acto de amor y reparación, ayuda a los misioneros a caminar, sean por siempre alabados Jesús y María”, esa era la oración que se rezaba en la camioneta al cruzar las rejas del colegio para tomar hacia el sur sobre la antigua carretera a Progreso. 
Al ser la última pasajera de la ruta “de las fuera de ruta”, viví con enorme placer el ser designada la acompañante Oficial de la Madre Concepción en sus múltiples periplos al centro de la ciudad para realizar diligencias del colegio. En más de una oacasión viví el intercambio de opiniones entre la religiosa/chofer y algún policía del centro de la ciudad, en donde se conminaba a la chofer a no seguir estacionándose en los sitios no debidos.
Muchas estampitas de los mas variados santos quedaron en manos de policías de tránsito de aquel entonces, como resultado de esos encuentros, unidos por supuesto a la promesa de que serían (y seguro que lo fueron) mencionados en las oraciones de la religiosa/chofer; creo firmemente que mi pasión por el debate y mi firme creencia de poner,  en ciertos casos, las necesidades inmediatas del individuo por encima de las reglamentaciones generales, nació de mis vivencias obtenidas en esas tournées con la Madre Concepción. 
Nuestra generación vivió una época en que el colegio tuvo como religiosas a mujeres capaces, preparadas, entregadas en el ejemplo de vida plena, combinando la juventud con la experiencia como las madres Inés María Llerandi, Pilar del Rio, Cristina Hawley, Leticia, Carmen Santiesteban y mi ultima superiora, Teresa García Bernal quien que dejó en mí, una gran influencia por su capacidad de visión acerca de la formación humana a largo plazo. 
La secundaria fue una época de contrastes, por un lado la Madre Borja era directora y “General de Estado Mayor” de nuestras vidas escolares, su entereza, pulcritud impoluta y disciplina han sido apreciadas por muchas de nosotras después de pasados los años. 
Profesores como la Ingeniera Rocío de matemáticas, cuyo auto era apodado “el mameyito” por su jacarandoso color; don Carmito profesor de historia, quien sufría como pocos el alcanzar los borradores que con perversa inocencia se le ponía arriba del pizarrón; Don Luis Ramírez, también profesor de  historia pero en segundo grado; la Srita. Glorita Sacramento Ávila de geografía y Carmen Cecilia Repetto Tappan de gramática, así como la siempre proverbial señorita Lupita Heredia de Biología, de quien recuerdo como si fuera este el momento su voz diciendo sus interminables arengas: “señorita Juanes Cámara, árbol que crece torcido, nunca su rama endereza”.
Profesores, todo ellos, que se esforzaron por inculcarnos los conocimientos a pesar del embate de nuestros años adolescentes. 
Mención especial merece nuestra profesora de artes manuales, quien se desvivía por lograr desarrollar en nosotras tal habilidad de creatividad y dedicación, sin desmotivarse en el intento, ante nuestro desánimo y franca displicencia, ella motivaba y motivaba: “señorita Ancona ¿Dónde está su labor?...respuesta de la interfecta: “señorita ya le explique a usted que por situación logística familiar no puedo ir a comprar los elementos para mi labor”.....replica de una profesora interesada hacia una alumna desobligada:  “Muy bien señorita Ancona yo misma traeré para la próxima clase los elementos necesarios para su labor”. 
Es en esta etapa cuando se unen a nuestro grupo, queridísimas compañeras como Beatriz Cervera, Mary Laviada, Berta Elena López, Beatriz “la Gringa” Salazar, Cecilia Marín, Conchy Sánchez Navarro y Carmen Quintanilla, entre otras. 
Aún ahora, al reunirnos, recordamos aquel gran portafolio color rojo de Berta Elena el cual al abrirse contenía cual cueva de Ali Baba una cantidad de objetos y golosinas de los cuales solo teníamos derecho a admirar y de ver como eran utilizados y/o consumidos por su propietaria.
Inolvidable para mi fueron las competencias de “sentadas” sobre las marquetas de hielo de la cafetería, alzando la falda por supuesto, con el fin de saber quien se congelaba primero el trasero entre Cristina Muñoz y quien esto escribe, así como nuestras primeras fiestas y reuniones con “muchachos” en casa de Josefina Puerto y Gaby Rodríguez.
 La madre Borja impartía las clases de mecanografía bajo un procedimiento único (a saber), el que consistía en realizar los ejercicios mecanográficos al ritmo de la melodía “Tea for two”, mientras nuestras cabezas se encontraban cubiertas con bolsas de papel de los supermercados KOMESA, en la actualidad tal practica seria interesante aplicarla con las bolsas de plástico.

 También nos impartía, la Madre Borja, clases de Economía Doméstica, en la cual esa fina dama nos iba enseñando desde como hacer “correctamente” una cama: sacando su níveo pañuelo el cual cumplía las funciones de sabana y su libro de español como colchón; hasta como decorar una casa; la iluminación de la misma, la combinación de colores, hasta las más finas normas de urbanidad que toda alumna de Jesús Maria debería de manejar como algo natural.
 En los años 70’s las actividades deportivas del colegio fueron relevantes pues tuvimos un equipo triunfador de voleibol “de las grandes” como Gena Reyes, Malena Muñoz, Ma. Eugenia González, entre otras, en donde yo me sentía triunfadora al portar una chamarra amarilla que servía para dirigir la porra.
Puedo ver ante mí la final realizada entre el colegio en contra del Teresiano en el Club Campestre de aquel entonces.
 Pero no sólo la prepa lució en lo deportivo, nuestro grupo de secundaria se distinguió con resultados sumamente positivos en competencias locales, estatales, regionales y nacionales, en relevo de 4 x 100, salto de altura, de longitud, bala, jabalina y disco. Maritza Torre, Celina Ruiz, Reyna Escamilla y Elena Cáceres corrían como gacelas; Josefina Puerto era un “As” en jabalina; Cristina Muñoz en disco; Elda Rosa daba lecciones en salto de altura, con gran clase. Yo tuve una brevísima aparición en el lanzamiento de bala, pues eso de ir al estadio y estar bajo el sol, nunca será lo mío.
Todo esto bajo la dirección del profesor Rene Pech Trujillo.
 El profesor Pech supo distinguir en su infinita experiencia, el “aire deportivo” de quienes carecíamos de todo aire, por lo que creó “con el grupo del desaliento” dos equipos, conformado por todas aquellas de nosotras quienes no éramos muy hábiles en las actividades deportivas y cuyo tiempo de práctica del mismo se reducía a las horas oficiales de deportes; estos equipos desarrollábamos una competencia de un extraño juego denominado por alguien: “softbol con balón”. Esos partidos pudieron haber hecho historia si se hubiera tomado nota e imagen de los mismos por sus desatinadas y poco coordinadas jugadas, en donde la mayoría del tiempo el balón se encontraba en el fondo del patio, y las grandes discusiones por el pobre desempeño de las participantes, me remonto a los grandes y “sonoros enojos" de la gringa Salazar, o la cara sofocada de Ana Luisa Ponce. 
En dicha actividad pude iniciarme en la práctica del don de la ubicuidad, pues eran tanto los gritos y las acusaciones que yo mientras aprovechaba para irme intercambiando de equipo en equipo, es decir, yo siempre servía o cubría la “tercera base”, bateara el equipo que fuera, siendo que si alguien, dentro de todo ese alboroto me indicaba que yo no era de ese equipo, yo lo negaba firmemente y aseveraba pertenecer al equipo en el que me encontraba en ese momento, obvio procurando de esa manera, el que nunca me tocara a mí ni batear, ni correr las bases.
 Esta formación académica y deportiva se combinaba con la oportunidad de pertenecer a la rondalla, dirigida por la madre Pilar del Rio,  que reunía alumnas de toda las edades, ahí tuve el placer de compartir con Gladys Medina Hadad, todas las hermanas Muñoz Menéndez, las hermanas Achach Vargaz, Rocío Aguiar Sierra, Cinthia Gáber, Marie Simón entre otras.
os después de muchos días de ensayo.
 Ahí lo mío eran las percusiones, a falta de habilidades para la guitarra y mucho menos la mandolina.
Los festivales de navidad y las misas de los primeros viernes eran, para nosotras, una oportunidad de compartir los resultados logrados después de tanto ensayo merecen capítulo aparte.
 Las aventuras en los hermosos jardines del colegio, con sus grandes y frondosos árboles eran algo tradicional, un reto que tenia que ser superado año tras año, esa planeación y definición de cual zona sería la atacada, de acuerdo a la preferencia del tipo de mango y de la “vigilancia” del momento, le proporcionaba ese sabor especial a los mangos producto de nuestra “cosecha”, recreo a recreo.
 Esquivar al fiel vigilante y la persecución consecuente al pillaje, también formaba parte del sabor “cómplice” de esos mangos, el gran Tomas, ese fiel jardinero, quien a veces con su coa, a veces con rociadas de agua proveniente de alguna manguera que parecía de longitud infinita, nos declaraba la guerra desde el inicio hasta el final de la temporada de mangos.
 Ningún mango adquirido por vía comercial posteriormente me ha dado el placer que el sabor que aquellos mangos me dieron.
 Cabe confesar que yo me sentía especial, pues gozaba de “cierta facilidad”, algo que parecía una oportunidad VIP, al poder ir a la cocina y ser obsequiada por la Madre Ana con un vaso de jugo de la fruta de la estación, en medio de gran plática sobre las cosas de la vida...
 El paso a la preparatoria fue un momento difícil de separación, pues algunas de nuestras compañeras de toda la vida se fueron por distintas opciones de estudio Chury Peniche y Gina Suárez entre ellas, más la vida nos trajo la oportunidad de conocer a otras compañeras que sin ocupar el cariño de las ausentes pasaron a formar parte de nuestras vidas pues nos trajeron nuevos afectos como Danielina Herrera, Gaby Correa, Teresita Dorbecker, Marisol Peraza, Lina Soberanis, Rocío Rodríguez, Berta Loret de Mola y en el último año de prepa a Mede Solís.
 En esos momentos históricos de la política en Yucatán cuando nuestro grupo iniciaba la preparatoria, aprendimos el valor de la convivencia, el respeto y la tolerancia, pues en un pequeño grupo se encontraban reunidas en un mismo salón de clase las hijas y sobrina de quienes eran los protagonistas de la agitada e incierta vida política de nuestro estado en esos tiempos.
 A la distancia, me enorgullezco de haber compartido tanto nuestras actividades escolares como las extra escolares de una manera tal, que nunca se vio afectado el ambiente sano de convivencia y complicidad de nuestro grupo.
 Terminamos los estudios en el colegio en el año 1977, y estoy convencida de que gracias a la influencia de todas las religiosas y profesores que nos acompañaron durante esos años de formación es que de  una generación de 23 egresadas se pueden encontrar un gran numero de profesionales universitarias, entre las que se encuentran 6 contadoras publicas, un medica, una arquitecta, una socióloga, dos químicas, tres psicólogas, dos enfermeras, todas comprometidas por el bien común y la responsabilidad social, imbuidos por el espíritu de Jesús María y el ejemplo de quienes participaron en ese proceso de enseñanza, crecimiento, valores, ideales y convicción de trabajo.

 Agradezco a la vida el haber tenido el privilegio de tener la formación humana y escolar que tuve; el haber compartido y seguir compartiendo con todas las personas que crecieron conmigo, así como el orgullo de pertenecer a esta fascinante comunidad denominada Jesús María. 

"Debemos ayudar a las jóvenes a descubrir y a valorar su identidad, a trabajar por los medios posibles en su verdadera promoción, y a hacerles tomar conciencia de la grandeza de la misión de la mujer, misión única e irremplazable en la construcción de la familia y de la sociedad. "      
                                                                                         Dina Belanger

sábado, mayo 04, 2013

Día de la Madre

Mi mamá con mis hermanos
Mañana es inicio de semana con día festivo importante:                            

El "Día de la Madre"           

Para los que tuvimos - en el sentido correcto, porque algunos piensan que yo no tuve...tuve y mucha- y ya se encuentran en un mejor sitio que el nuestro, una oración de agradecimiento por todo lo que nos dieron, soportaron y guiaron, aunque en el momento no lo entendiéramos. 
Para los que tienen aún a su mamá cerca, se bien que de vez en vez habrá "situaciones", alguna vez será un "detallito por aquí y otro por ahí" lo que les siguen corrigiendo, sin embargo, algunas quisiéramos que nos siguieran corrigiendo con tal de volver a sentir su calor.
Para las que lo son físicamente, un abrazo por haber vivido esa hermosa experiencia, porque no son los nueve meses, ni el parto, es lo que sigue para el resto de la vida. 
Tengo por ahí algunos hijos académicos reconozco que es una emoción especial, y eso que lo mío es puramente a nivel intelectual, sin embargo y sin que pareciera, a veces aún así duele. 
Por las que fueron, la que son y las putativas como yo (proviene en su etimología del latín “putativus”, que significa considerar, suponer, creer; que lo somos sin serlo):                               
                                      ¡Feliz Día de la Madre!                                                                                                                                  
Tiempo, compañía, una carta, un poema, una flor, eso es suficiente. Lo anterior no es limitativo, conste.                              
Se vale el auto-regalo.

lunes, diciembre 31, 2012

Epifanía

No deseo dejar este espacio sin algo escrito en este final del 2012, el que fue maravilloso para algunas cosas y tremendo para ajustarme, especialmente las neuronas.
Agradecer a todos aquellos que han estado conmigo física y emocionalmente, su compañía, sus palabras de aliento y su cariño, pues son de mis mayores recursos.
Quiero dar gracias a todos aquellos que me maltrataron, hirieron o me hicieron sentir indeseable, por ellos he encontrado una fortaleza que no sabía que tenía.
Agradezco a la vida mi trabajo y entorno laboral, pues soy una bendecida de Dios, hago lo que más me gusta, estoy donde deseo estar, conozco nuevos seres humanos constantemente, quienes me aportan más conocimiento de vida.
Soy bendecida por muchas oraciones, lo que me ha llevado a sentir que la paz no se compra ni se brinda, la paz nace de adentro hacia fuera y se proyecta a los demás, logrando que uno sea retroalimentado y adquiera nuevas emociones calmas.
Soy feliz por todo lo que tengo, a pesar de que a veces duela o me limite, eso me ha dado más paciencia y comprensión hacia los demás.
Doy gracias por los amigos que están,  y también por los que se han ido, unos y otros me han dado luz, para ver la vida con más claridad.
Desde mi habitación, relajándome y mejorando mis daños físicos, agradezco este tiempo obligado que me ha llevado a la reflexión, la aceptación y la revelación.
Reflexión de lo que he hecho y lo que me falta; aceptación de mis límites y lo que puedo lograr con lo que queda y revelación de una fuerza interior con armonía conmigo misma y con mi fe. 

  *El término Epifanía es utilizado, según Giacomo Cannobio, en los setenta para traducir el concepto de "Gloria de Dios" que indica las huellas de su paso o, más simplemente su presencia.

martes, julio 17, 2012

El misterio del portafolio café y "N" anécdotas peregrinas

Con las limitaciones propias de mi actual condición -favor de no pensar que la presente condición no hace diferencia a la anterior- continuaré con una tradición de este espacio: relatar, cerca de sus cumpleaños, vivencias y recuerdos de personas queridas e importantes en mi vida.
En esta ocasión les compartiré algunas anécdotas entrañables sobre mi amiga Leticia, no abundo en apellidos (tres por cierto, pregúntense cuáles) por su perfil profesional; siendo que si se unieran los apellidos a ciertos recuerdos, sería yo cadáver en menos de lo que ustedes terminan de leer este cariñoso mensaje.
Me incorporé al colegio Mérida (Jesús María) iniciando el cuarto de primaria, ese año cercano a los 70´s no sabía yo, ni mi generación tampoco, que seríamos de los últimos seres antes de la llegada de las generaciones de los Nintendos y demás artículos perturbadores.

Iniciemos diciendo que es la segunda de tres hermanos, lo que en psicología la marcaría con ciertos rasgos conductuales, más en su caso fue y es a la inversa, el estar en medio entre una hermana y un hermano menor varón, como que logró desviar la atención sobre sus actividades, sumados a su bajo perfil aparente, en donde no habla, pero su mirada y su lenguaje corporal lo dicen todo.

Cuando entré a ese salón con decenas de caras nuevas, rostros pertenecientes a un gran número de seres que vivían, por esos días, lamentando la partida de una compañera hacía el D.F., no puedo negar que me sentí más una usurpadora que bienvenida, aclaro, me sentí, porque nadie se percató de que yo estaba ahí; pude observar y observar, hasta que fui seleccionando e identificando códigos, personalidades y grupos ,hasta que me fijé en una compañera, la cual aparentaba no pertenecer a ninguno, pero que a la vez pareciera que comandaba alguno, aunque no quedaba claro cómo era la situación.
Dicho personaje portaba un portafolio color café, delgado de cierre (en esa época no era usual que las “niñas usáramos” portafolios); la portadora del mismo se sentaba en las filas de atrás y parecía como que observaba al resto desde su mundo paralelo.
No hablaba mucho, lo hacía solo con algunas pocas allegadas, pero se notaba que se divertían, aunque no quedaba claro con qué, ni en qué momento; así mismo, daba la impresión de que se llevaba la vida por montera, que no estudiaba, pero la realidad es que no dejaba tarea sin entregar, ni pregunta sin responder.
No se mataba por levantar la mano, pero cuando era requerida sabía por dónde iba la cosa.
Poco a poco me fui acercando a ese grupo, el cual no era el más abierto ni amigable a la primera, pero que parecía (como todo lo que dicen que es pecado) altamente atractivo, logrando ser admitida con ciertas reservas, con lo que pude ir descubriendo a ese gran ser humano, serio pero divertidísimo; canijo pero muy bondadoso; fuerte y sensible, que es mi amiga Leticia.
Ella por esos tiempos no parecía llevar la misma agenda que los demás, por decir, ella vacacionaba no en Chicxulub o con un breve viaje a USA o al D.F., como el resto de las niñas “bien” de aquel entonces, no, ella viajaba con toda su familia desde el mismo día de la entrega de calificaciones hasta casi la entrada al nuevo curso a los sitios más inusuales para su edad, Europa, Oriente -me refiero al Japón, No a Tizimín- porque vamos, ciertamente que los papás de mis compañeras obvio que viajaban a esos sitios, pero no llevaban consigo, como en este caso, a los niños con ellos cada año.

De ahí que Leticia pudiera “accesar” a artículos y bienes de otros países que difícilmente pudiéramos conseguir en nuestro medio, bien porque en aquel entonces hasta una lata de mantequilla azul era “contrabando”, de ahí que inclusive dichos bienes llegaban a conformar parte de su personalidad, como unos suecos -de maravillosos recuerdos pero de incómodo final- porque: ¿Estamos de acuerdo en que nadie usaría suecos de madera de a diario a menos que fuera hija de familia china y lo que quisieran fuera tenerles los pies encerrados? y aun así, siendo chinos no lo harían en madera, sino amarrados y envueltos para que el pie se mantuviera pequeño.

Con ese preámbulo, puedo afirmar (aunque ahora ella lo niega determinantemente) que el contenido del misterioso portafolio café, eran revistas no precisamente “Vanidades”, revistas no científicas, que nos permitieron aprender anatomía antes de llegar a la preparatoria.
Que en realidad, no nos llevaban a pensamientos pecaminosos, sino que más bien hacia dudas y críticas sobre la belleza de la figura masculina.
De ahí creo yo que ya se iba perfilando su sentido de la estética y su amor por el diseño.
La llegada diaria al colegio de las hermanas -ella y su noble y santa hermana- era todo un ritual, puesto que la entrada en automóvil a "Villa Rosario" tenía una forma de herradura, los autos por tanto debían parar por sólo unos nanosegundos para que los niños y niñas fueran expulsados por cualquier orificio o medio abatible del mismo, y los choferes, usualmente madres de familia o hermanos mayores, salían disparados para que pasara el siguiente vehículo; este no era el caso de las hermanas a las que me refiero, ahí venían muy serias las dos en su vehículo, sentaditas en el asiento posterior, capitaneadas por un chofer, el cual era odiado y vilipendiado por madres de familia, familiares y religiosas por igual, pero el hombre -el cual sospecho que, o era sordo o tenía un entrenamiento militarizado- seguía el procedimiento aunque el cielo se cayera.
Se bajaba con rapidez pero con formalidad y abría la puerta trasera izquierda, caminaba apresurado hacia la puerta derecha, retornaba y abría la cajuela de dónde sacaba dos portafolios los cuales entregaba a cada dueña de los mismos, cerraba cajuela y portezuelas, procediendo a retirarse en medio de múltiples sonidos, eso dos veces al día.
Los años fueron pasando y la amistad con Leticia era francamente indefinible, pues aunque pudiera llevarme con otros grupos, ella seguía aceptando con cierta displicencia mi presencia intermitente en sus actividades.
Sobresaliendo el hecho de que durante secundaria y preparatoria se iban agregando al grupo nuevas compañeras y siempre, las más traviesas e irreverentes, abiertamente o socavadas, acababan atrás junto a Lety, pero aclaro, estar ahí no era revolverse, ella siempre se mantenía en ese invisible status de espacio personal.
Para ese entonces ya era poseedora de un Datsun amarillo huevo, lo que la hacía privilegiada, pues en esas épocas no era usual que se tuviera vehículo asignado por la familia a los 14 o 15 años.
Su fiesta de quince años fue celebrada con gran pompa en la amplia terraza familiar, con el conjunto de moda, con grandes expectativas pues no era común visitar esa inmensa casa, nunca olvidaré las dimensiones tan amplias, ni el hecho del privilegio de su cuarto privado.

En uno de tantos viajes, Leticia ya en plena etapa juvenil, en la cual es cuando había logrado incluir como parte permanente de sus extremidades los ya mencionados suecos de madera, los que duraron y duraron, pero que al llegar al Japón decidieron dejar de ser útiles y pasar a jubilación, provocándole un tremendo torzón de tobillo al bajar por la escalerilla del avión, lo que ocasionó gran turbación a la familia, y que ella conociera el imperio de Hirohito a media ala.
De las últimas anécdotas en el colegio, mencionaré lo que he llamado: "La fortaleza de la fe", al estar en primero de prepa en un salón que alguna vez fue de kinder, y que por lo tanto era espacioso, lleno de baños y estratégicamente situado cerca pero no dentro de la estructura del edificio de ese nivel escolar, en pleno recreo, pero dentro del aula, Leticia sacó "la baraja" recién traída de los "yunaites" con la hermosa figura de Snoopy, cartas plásticas de magnifica calidad, para armar un rápido pokarín entre algunas de la banda....súbitamente y debido a que un pajarito cantó, sólo vimos aparecer un brazo que violentamente arrasó con las barajas, recogidas por una mano furiosa y tomando el maso entero, la dueña de esa mano, una religiosa, cubana de nacimiento, las partió en dos con un solo movimiento y mirándonos con ojos refulgurantemente coléricos; aún recuerdo el asombro en nuestras rostros y el latir de mi corazón, al mismo tiempo que pensaba: "¿Cómo las pudo romper?" y a la vez, esperando la reacción de la dueña. 
Sobre cómo se rompieron, quiero pensar que fue la "fuerza de la fe" y no el carácter de la religiosa cubana quien era de mecha corta, lo que la llevaba a cometer, eventualmente, ciertos desatinos de actitud.
¿Y la dueña? nada, sólo fue al basurero y las recogió. 

Pasados los años, cada quien ha tomado su camino, Leticia se ido forjando dentro de su profesión, la cual es la suma de técnica y arte; desarrollándose con gran capacidad tanto en el sector independiente como en el público, siendo en éste último y hasta donde mis oídos llegan, de quienes han sabido estar para servir y cumplir con eficiencia.
Podría seguir interminablemente describiendo actitudes y actividades que ha desarrollado en su vida, amistades y vivencias que hemos compartido, y otras que solo sé “de oídas”, más creo que lo antes escrito da una idea del por qué Leticia no solo es de esas personas que vale la pena tener cerca en la vida, sino que los momentos, pocos pero memorables, que hemos compartido los últimos años, hacen que la vida se sienta y sepa mejor.
Una carcajada de Leticia provocada por cualquier tema, así sea por alguna “actitud indebida” atribuida por otros a ella misma, es disfrutar el sonido que proviene del corazón de un ser congruente consigo mismo.
De las últimas anécdotas en el colegio, mencionaré lo que he llamado: "La fortaleza de la fe", al estar en primero de prepa en un salón que alguna vez fue de kínder, y que por lo tanto era espacioso, lleno de baños y estratégicamente situado cerca pero no dentro de la estructura del edificio de ese nivel escolar, en pleno recreo, pero dentro del aula, Leticia sacó "la baraja" recién traída de los "yunaites" con la hermosa figura de Snoopy, cartas plásticas de magnifica calidad, para armar un rápido pokarín entre algunas de la banda....súbitamente y debido a que un pajarito cantó, sólo vimos aparecer un brazo que violentamente arrasó con las barajas, recogidas por una mano furiosa y tomando el mazo entero, la dueña de esa mano, una religiosa, cubana de nacimiento, las partió en dos con un solo movimiento y mirándonos con ojos refulgurantemente coléricos; aún recuerdo el asombro en nuestras rostros y el latir de mi corazón, al mismo tiempo que pensaba: "¿Cómo las pudo romper?" y a la vez, esperando la reacción de la dueña.
Sobre cómo se rompieron, quiero pensar que fue la "fuerza de la fe" y no el carácter de la religiosa cubana quien era de mecha corta, lo que la llevaba a cometer, eventualmente, ciertos desatinos de actitud.
¿Y la dueña? nada, sólo fue al basurero y las recogió.
Pasados los años, cada quien ha tomado su camino, Leticia se ido forjando dentro de su profesión, la cual es la suma de técnica y arte; desarrollándose con gran capacidad tanto en el sector independiente como en el público, siendo en éste último y hasta donde mis oídos llegan, de quienes han sabido estar para servir y cumplir con eficiencia.
Podría seguir interminablemente describiendo actitudes y actividades que ha desarrollado en su vida, amistades y vivencias que hemos compartido, y otras que solo sé “de oídas”, más creo que lo antes escrito da una idea del por qué Leticia no solo es de esas personas que vale la pena tener cerca en la vida, sino que los momentos, pocos pero memorables, que hemos compartido los últimos años, hacen que la vida se sienta y sepa mejor.

Una carcajada de Leticia provocada por cualquier tema, así sea por alguna “actitud indebida” atribuida por otros a ella misma, es disfrutar el sonido que proviene del corazón de un ser congruente consigo mismo.

domingo, julio 15, 2012

Compartido por Pamela Peraza

                                        ME DOY PERMISO PARA
                                     (Reflexión de Joaquin Argente )

Me doy permiso para separarme de personas que me traten con brusquedad, presiones o violencia, de las que me ignoran, me niegan un beso, un abrazo...
No acepto ni la brusquedad ni mucho menos la violencia aunque vengan de mis padres o de mi marido, o mujer, ni de mis hijos, ni de mi jefe, ni de nadie.
Las personas bruscas o violentas quedan ya, desde este mismo momento fuera de mi vida.
Soy un ser humano que trata con consideración y respeto a los demás, merezco también consideración y respeto.

Me doy permiso: para no obligarme a ser “el alma de la fiesta”, el que pone el entusiasmo en las situaciones, ni ser la persona que pone el calor humano en el hogar, la que está dispuesta al diálogo para resolver conflictos cuando los demás ni siquiera lo intentan.
No he nacido para entretener y dar energía a los demás a costa de agotarme yo: no he nacido para estimularles con tal de que continúen a mi lado.
Mi propia existencia, mi ser; ya es valioso; si quieren continuar a mi lado deben aprender a valorarme.
Mi presencia ya es suficiente: no he de agotarme haciendo más.

Me doy permiso para no tolerar exigencias desproporcionadas en el trabajo.
No voy a cargar con responsabilidades que corresponden a otros y que tienen tendencia a desentenderse. Si las exigencias de mis superiores son desproporcionadas hablaré con ellos clara y serenamente.
Me doy permiso para no hundirme las espaldas con cargas ajenas

Me doy permiso para dejar que se desvanezcan los miedos que me infundieron mis padres y las personas que me educaron.
El mundo no es sólo hostilidad, engaño o agresión: hay también mucha belleza y alegría inexplorada.
Decido abandonar los miedos conocidos y me arriesgo a explorar las aventuras por conocer.
Más vale lo bueno que ya he ido conociendo y lo mejor que aún está por conocer.
Voy a explorar sin angustia.

Me doy permiso para no agotarme intentando ser una persona excelente.
No soy perfecto, nadie es perfecto y la perfección es oprimente.
Me permito rechazar las ideas que me inculcaron en la infancia intentando que me amoldara a los esquemas ajenos, intentando obligarme a ser perfecto: un hombre sin fisuras, rígidamente irreprochable, es decir: inhumano.
Asumo plenamente mi derecho a defenderme, a rechazar la hostilidad ajena, a no ser tan correcto como quieren; y asumo mi derecho a ponerles límites y barreras a algunas personas sin sentirme culpable.
No he nacido para ser la víctima de nadie.

Me doy permiso para no estar esperando alabanzas, manifestaciones de ternura o la valoración de los otros.
Me permito no sufrir angustia esperando una llamada de teléfono, una palabra amable o un gesto de consideración.
Me afirmo como una persona no adicta a la angustia.
Soy yo quien me valoro, me acepto y me aprecio
No espero a que vengan esas consideraciones desde el exterior.
Y no espero encerrado o recluido ni en casa, ni en un pequeño círculo de personas de las que depender.
Al contrario de lo que me enseñaron en la infancia, la vida es una experiencia de abundancia.
Empiezo por reconocer mis valores,  el resto vendrá solo.
No espero de fuera.

Me doy permiso para no estar al día en muchas cuestiones de la vida: no necesito tanta información, tanto programa de ordenador, tanta película de cine, tanto periódico, tanto libro, tantas músicas.
Decido no intentar absorber el exceso de información.
Me permito no querer saberlo todo.
Me permito no aparentar que estoy al día en todo o en casi todo.

Y me doy permiso para saborear las cosas de la vida que mi cuerpo y mi mente pueden asimilar con un ritmo tranquilo.
Decido profundizar en todo cuanto ya tengo y soy.
Con lo que soy es más que suficiente.
Y aún sobra.

Me doy permiso para ser inmune a los elogios o alabanzas desmesurados: las personas que se exceden en consideración resultan abrumadoras.
Y dan tanto porque quieren recibir mucho más a cambio.
Prefiero las relaciones menos densas.
Me permito un vivir con levedad, sin cargas ni demandas excesivas.
No entro en su juego.
Me doy el permiso más importante de todos: el de ser auténtico.

No me impongo soportar situaciones y convenciones sociales que agotan, que me disgustan o que no deseo.
No me esfuerzo por complacer.
Si intentan presionarme para que haga lo que mi cuerpo y mi mente no quieren hacer, me afirmo tranquila y firmemente diciendo que no.
Es sencillo y liberador acostumbrarse a decir “no”.
Elijo lo que me da salud y vitalidad.
Me hago más fuerte y más sereno cuando mis decisiones las expreso como forma de decir lo que yo quiero o no quiero, y no como forma de despreciar las elecciones de otros.
No me justificaré: si estoy alegre, lo estoy; si estoy menos alegre, lo estoy; si un día señalado del calendario es socialmente obligatorio sentirse feliz, yo estaré como estaré.

Me permito estar tal como me sienta bien conmigo mismo y no como me ordenan las costumbres y los que me rodean: lo “normal” y lo “anormal” en mis estados emocionales lo establezco yo.pero que a ustedes, mis queridos lectores, les de una nueva visión de paz, como la encontré yo.

El Chuchuluco de Dios

Queridos lectores, amigos de ilusiones y sueños, de imágenes y experiencias, hoy me reintegro, con moderación, a este ejercicio del alma que consiste en transmitir mis emociones, ideas y opiniones.

Durante un largo período de más de 9 meses he tomado un reposo obligatorio de muchas de mis más preciadas aficiones, entre ellas el compartir con ustedes este espacio.
No sé cuantos hayan tenido la paciencia para esperar, tampoco sé cuantos saben las causas de esa espera, pero debo de aclarar que -aunque no fue por causa voluntaria- finalmente dentro del plan divino, esto vino en el momento justo y necesario, como casi todas las cosas de la vida, las que eventualmente no entendemos en el momento, pero que a la larga podemos ver claramente que todo sucede para nuestro bien.
El dolor me ha permitido recordar cuanto debo apreciar los momentos de felicidad; las diferentes limitaciones que vinieron como consecuencia, me han dado más paciencia y tolerancia hacia mi misma y hacia los demás.
 ¡¡Y lo que me falta!!, como diría mi admirado Alex Lora.

Así que aquí estoy de nuevo, espero que en esta nueva etapa tengamos más cosas que compartir.   
www.youtube.com/watch?v=L9YSq-T1Cpw

No voy a negar que han existido momentos de angustia o de incertidumbre, más nunca he preguntado "¿Por qué yo?"

Circulo de Amor, ha compensado con su cariño cualquier inquietud e inseguridad, recordándome todo lo que he vivido....


P.D. Para los curiosos como yo, aquí hay mucho que aprender de "nuestra habla": http://es.wikipedia.org/wiki/Espa%C3%B1ol_yucateco


viernes, junio 15, 2012

Que nos espera: Paulina Peña Petrellini

Paulina Peña Petrellini compartió por Twitter un comentario: 

"Un saludo a toda la bola de pendejos, que forman parte de la prole y sólo critican a quien envidian!” ......

El filósofo y escritor mexicano Héctor Jesús Zagal Arreguín le escribe:
La Familia REAL
Pero no es de tu padre de quien quiero hablar, sino de ti. ¿Te confieso algo? Me aterra que hayas utilizado la expresión “hijos de la prole” como un insulto. Insisto, es disculpable que te enfades por la burla hacia tu padre. No me asustaría que los llamaras “babosos”, “tontos”. Es más, no le preocupa el que nos hayas llamado “pendejos”. En cambio, no se puede excusar tu menosprecio a los hijos de los trabajadores, de los obreros.
¿Oíste del escándalo de las Ladies de Polanco? Descalificaron a un policía llamándolo “asalariado”. Algo similar hiciste tú: descalificas a la mitad del país por su condición social. ¿Qué tiene de malo ser hijo de un obrero? Sabes, yo soy nieto de un minero, un proletario. No me da vergüenza decirlo. ¿Te avergonzarías de tu padre si fuese un vendedor de tamales o un plomero?
Tu padre, que ha leído la Biblia, te puede recordar una frase de Jesús en el Evangelio: “De la abundancia del corazón, hablará la boca”. Sin pretenderlo, con tus palabras has revelado tu clasismo. Desprecias el trabajo manual. Minusvaloras a quienes se mantienen con su esfuerzo. ¡Qué tristeza que así piense la hija de un candidato presidencial!
“Hijos de la prole” son, en efecto, quienes estudiaron en escuelas públicas, quienes utilizan el metro, quienes no comen cortes argentinos y quesos españoles, quienes no utilizan zapatos de miles de pesos, quienes no se atienden en el hospital ABC, quienes no viajan en helicóptero. Los hijos de la prole, por el contrario, deben hacer largas horas de filas en las clínicas del seguro social, deben comer carbohidratos (tortillas), deben estudiar en salones sin computadoras, deben apretujarse en los transportes públicos. Los hijos de la prole, querida Paulina, ganan en un año lo que tu padre gana en una semana.
Cuando leas estas líneas has el siguiente ejercicio. Revisa lo que llevas puesto encima: perfume, cremas, desodorante, ropa, zapatos, celulares, aretes. Suma el total. ¿Sabes que traes encima más de lo que una indígena gana durante un año de trabajo duro?
Paulina, me da terror que pienses así. Tu lapsus reveló tu “realidad”: vives en una burbuja color de rosa. “Hijos de la prole” no es un insulto, sino un título honorable. Este país, que tu padre aspira a gobernar, depende de los obreros, de los campesinos, de los empleados, depende de esas personas a quienes menosprecias.
Ojalá este gravísimo desliz, no sea fruto de la educación que recibiste en casa. Ojalá y sea culpa tuya, fruto de tu arrogancia (tan propia, eso sí, de la clase alta mexicana). ¿Qué será de México si lo llega a gobernar una persona que desprecia al proletariado?
Mira Paulina, me parece que por tu bien, debes inscribirte en una escuela pública, reducir tu escolta al mínimo, tomar el metro en horas pico, y ponerte a trabajar. Por si no lo sabes, muchos de los “hijos de la prole” se pagan sus estudios con su trabajo: los hay campesinos, vendedores, obreros. Algunos trabajan desde niños.
“Hijos de la prole” son, en efecto, quienes estudiaron en escuelas públicas, quienes utilizan el metro, quienes no comen cortes argentinos y quesos españoles, quienes no utilizan zapatos de miles de pesos, quienes no se atienden en el hospital ABC, quienes no viajan en helicóptero. Los hijos de la prole, por el contrario, deben hacer largas horas de filas en las clínicas del seguro social, deben comer carbohidratos (tortillas), deben estudiar en salones sin computadoras, deben apretujarse en los transportes públicos. Los hijos de la prole, querida Paulina, ganan en un año lo que tu padre gana en una semana.
Cuando leas estas líneas has el siguiente ejercicio. Revisa lo que llevas puesto encima: perfume, cremas, desodorante, ropa, zapatos, celulares, aretes. Suma el total. ¿Sabes que traes encima más de lo que una indígena gana durante un año de trabajo duro?
Paulina, me da terror que pienses así. Tu lapsus reveló tu “realidad”: vives en una burbuja color de rosa. “Hijos de la prole” no es un insulto, sino un título honorable. Este país, que tu padre aspira a gobernar, depende de los obreros, de los campesinos, de los empleados, depende de esas personas a quienes menosprecias.
Ojalá este gravísimo desliz, no sea fruto de la educación que recibiste en casa. Ojalá y sea culpa tuya, fruto de tu arrogancia (tan propia, eso sí, de la clase alta mexicana). ¿Qué será de México si lo llega a gobernar una persona que desprecia al proletariado?
Mira Paulina, me parece que por tu bien, debes inscribirte en una escuela pública, reducir tu escolta al mínimo, tomar el metro en horas pico, y ponerte a trabajar. Por si no lo sabes, muchos de los “hijos de la prole” se pagan sus estudios con su trabajo: los hay campesinos, vendedores, obreros. Algunos trabajan desde niños.
Cuando leas estas líneas has el siguiente ejercicio. Revisa lo que llevas puesto encima: perfume, cremas, desodorante, ropa, zapatos, celulares, aretes. Suma el total. ¿Sabes que traes encima más de lo que una indígena gana durante un año de trabajo duro?
Paulina, me da terror que pienses así. Tu lapsus reveló tu “realidad”: vives en una burbuja color de rosa. “Hijos de la prole” no es un insulto, sino un título honorable. Este país, que tu padre aspira a gobernar, depende de los obreros, de los campesinos, de los empleados, depende de esas personas a quienes menosprecias.
Ojalá este gravísimo desliz, no sea fruto de la educación que recibiste en casa. Ojalá y sea culpa tuya, fruto de tu arrogancia (tan propia, eso sí, de la clase alta mexicana). ¿Qué será de México si lo llega a gobernar una persona que desprecia al proletariado?
Mira Paulina, me parece que por tu bien, debes inscribirte en una escuela pública, reducir tu escolta al mínimo, tomar el metro en horas pico, y ponerte a trabajar. Por si no lo sabes, muchos de los “hijos de la prole” se pagan sus estudios con su trabajo: los hay campesinos, vendedores, obreros. Algunos trabajan desde niños.
Paulina, me da terror que pienses así. Tu lapsus reveló tu “realidad”: vives en una burbuja color de rosa. “Hijos de la prole” no es un insulto, sino un título honorable. Este país, que tu padre aspira a gobernar, depende de los obreros, de los campesinos, de los empleados, depende de esas personas a quienes menosprecias.
Ojalá este gravísimo desliz, no sea fruto de la educación que recibiste en casa. Ojalá y sea culpa tuya, fruto de tu arrogancia (tan propia, eso sí, de la clase alta mexicana). ¿Qué será de México si lo llega a gobernar una persona que desprecia al proletariado?
Mira Paulina, me parece que por tu bien, debes inscribirte en una escuela pública, reducir tu escolta al mínimo, tomar el metro en horas pico, y ponerte a trabajar. Por si no lo sabes, muchos de los “hijos de la prole” se pagan sus estudios con su trabajo: los hay campesinos, vendedores, obreros. Algunos trabajan desde niños.
Ojalá este gravísimo desliz, no sea fruto de la educación que recibiste en casa. Ojalá y sea culpa tuya, fruto de tu arrogancia (tan propia, eso sí, de la clase alta mexicana). ¿Qué será de México si lo llega a gobernar una persona que desprecia al proletariado?
Mira Paulina, me parece que por tu bien, debes inscribirte en una escuela pública, reducir tu escolta al mínimo, tomar el metro en horas pico, y ponerte a trabajar. Por si no lo sabes, muchos de los “hijos de la prole” se pagan sus estudios con su trabajo: los hay campesinos, vendedores, obreros. Algunos trabajan desde niños.
Mira Paulina, me parece que por tu bien, debes inscribirte en una escuela pública, reducir tu escolta al mínimo, tomar el metro en horas pico, y ponerte a trabajar. Por si no lo sabes, muchos de los “hijos de la prole” se pagan sus estudios con su trabajo: los hay campesinos, vendedores, obreros. Algunos trabajan desde niños.

"No tengo el gusto de conocerte personalmente. No sé cómo eres, desconozco tus cualidades, tus aficiones, tus intereses. Entiendo tu molestia ...al escuchar las críticas a tu padre, Enrique Peña Nieto. Son gajes del oficio. Deberás irte acostumbrando a los ataques contra él. En una democracia, la crítica es un ejercicio fundamental. Tu padre es una figura pública y, por ende, sus actos serán juzgados con rigor. “¿Por qué son tan duros con él?”, te preguntarás. Bueno, los funcionarios públicos ganan mucho dinero. Hay miles de personas dispuestas a sufrir críticas y cuestionamientos con tal de figurar en la nómina oficial. El sueldo bien vale esos golpes. ¿No?
Paulina, haz puesto en riesgo el futuro político de tu padre. Pero lo que es más grave: pones en peligro en riesgo el futuro de México".

martes, noviembre 01, 2011

Cuando los hermanos se reencuentran

Sabemos que por ley de vida los hermanos son como una especie de azar, podemos compartir mucho de pequeños, mas al ir creciendo se van forjando características, se van relacionando cada quien con sus propios cada cuales y finalmente en algunas familias esto provoca mayor unión y en otras, y no por precisamente el deseo o disposición, por distancia y demas situaciones pueden crearse una distancia en tiempo y espacio que abarca etapas completas de vida.
Eventualmente la vida o alguna de las partes buscan, recorta las distancias, buscando el momento adecuado, midiendo que tanto es lo preciso, creando un plan logístico de elementos entretejidos como el amor, el interés y la concilicación.
Paso a pasito se va logrando el acercamiento, buscando puntos de encuentro, evitando
diferencias, no imponiendo verdades propias, encontrado nuevos elementos compartidos. Callando diferencias, compartiendo afinidades. cincelando gota a gota una escultura que refleje amistad, sentimientos compartidos de amor y complicidad, lealtad. Historias pasadas recreadas e historias que se escriben desde este nuevo período.
La vida me dio la oportunidad de tener varios hermanos, mas nacimos como en camadas, todos
ellos juntos conviviendo y compartiendo generación y padres jóvenes, una vida difícil, que los hizo crecer con la visión del trabajo, la dedicación y la cultura del esfuerzo. Y luego llegué como un tamarindo del árbol de frente a la casa, fuera de tiempo, de época paterna y de etapa fraterna.
Fui un juguete inesperado, pues ellos ya estaban a punto de iniciar sus vidas, quedando yo en calidad de observadora, para observar varias películas en paralelo diariamente.
Habiendo tomado la costumbre este año de escribir acerca de mis afectos más cercanos en torno a la fecha de su cumpleaños, en este caso el protagonista, dada la intensidad de su vida y personalidad, me obliga a reprimirme a unas cuantas anécdotas acerca de uno de mis personajes favoritos, mi hermano Eduardo.
Eduardo nació para traer felicidad a muchos, especialmente a mis padres, su capacidad de dar cariño, de sacar sonrisas es tan grande que te hace feliz aún en cuando esté torturándote, en el buen sentido siempre.
Es de las personas que puede repetirte una frase mil veces seguidas, estar harto uno de la frase y de quien la emite y aún así seguir riendo.
En las pocas reuniones familiares que hemos tenido, siempre las aventuras de Eduardo son las que llevan la alegría.
De pequeño tomo camino por el centro de la ciudad, saliendo como si nada de casa de la abuela paterna en busca de algo, probablemente de aventuras mas retadoras que las que ofrecían los primos Ancona, llego hasta la Plaza Grande, entablando charla, según me cuentan, con un soldado, quien terminado su turno se llevo al infante a su casa y después de comer regreso a su guardia depositando a su nuevo amiguito en el mismo sitio donde lo encontró (uno se pregunta por qué no lo llevo a la policía, pero Mérida, nuestra Mérida era otra y sus guardianes también), regresando feliz el niño a la casa de la abuela, en donde mientras, había gran revuelo en búsqueda del primer hijo varón, del único hijo varón, ¡Horror! O sea, casi la joya de la corona, la tensión era imposible de soportar.
Al verlo llegar campante y como quien se lleva la vida por montera, dícese que mi padre lo poso sobre sus rodillas dándole de nalgadas en tal cantidad y con tal puntería que la maneo paterna quedo marcada en la posaderas de mi hermano, como advertencia imborrable. Al paso de los días mi abuela materna, le preguntó al niño:” ¿Te volverías a ir?”, respondiendo el infante:” ¿Tienes más alcohol Chichí?”
Con eso ya pintaba, fue el que más apegado estuvo a mi padre, debido a que mi familia debió cambiar de lugar de residencia con cierta regularidad y Eduardo era quien partía primero con mis padres pues….."su trayectoria" le precedía, siendo que mis demas hermanos permanecían con mi abuela materna, hermosa dama campechana quien nos ejemplifico con su vida lo que es el resultado del esfuerzo, la dedicación y el trabajo.
En una de esas extrañas etapas en las que Eduardo permaneció con mi Chichí, decidió subirse al techo de esa casona de la calle 65, mi abuela que su vida se dividía en trabajar, rezar y descansar, en ese orden, empezó a oír como caían piedras del techo a la terraza central de la casa, saliendo y observando como mi hermano de unos 11 años corría divertidísimo aventando piedras a la casa, ella con su tono de autoridad le indico que bajara o pagaría las consecuencias, el adolescente poco creyente en la consecuencia que su acción tendría, persistió en su actuar.
Mi abuela que era más propia de acciones que de palabras, entro a su casa y saco una caja que contenía uno de los mayores tesoros de mi hermano, su colección de cuentos, y advirtió: “Bájate de una vez, y si tiras mas piedras será un cuento por cada piedra”, el crédulo aprendiz de chico banda aventó su piedra y el ¡Chrash! del primer cuento roto fue el seco sonido en respuesta, enfurecido el joven galán tiró otra y nuevamente un cuento cedió ante la fuerza de mi abuela, no se sabe o no recuerdo si me dijeron cuantos cuentos fueron rotos, pero sí recuerdo que las piedras pararon de llegar al piso.
Por esa mis época, el mismo personaje decidió salir en paños menores a la calle, asumo que huyendo de alguna pillería (como robarse una bola de almendra molida de la nevera de la abuela), siendo el Tío Humberto el designado para perseguirlo en su automóvil por la calle 65, el joven que ya pintaba para regirse de la estrategia como norma de vida, entonces empezó a correr a la inversa de la circulación del tránsito, impidiendo que el tío lo alcanzara, sin pensar que éste por edad, fuerza y altura podría atraparlo, lo cual logró, pensando que llevar al muchacho a la policía y dejarlo ahí unas horas sería un buen método de para corregir lo incorregible, hecho lo anterior, regreso a las dos o tres horas, encontrando a mi hermano con los policías y la radio que controlaba las patrullas de aquella época, en plena algarabía y jovialidad.
Características que conjugadas, por su sana picardía, sucompañerismo, su alegría por gozar la vida y los bienes que esta posee y brinda, desde un x´nipek con tortilla como único alimento de almuerzo hasta compartir con sus amigos, pareciendo que donde estuviera él seguramente pequeños, medianos y grandes tendrían su dosis de diversión, sin ofensa alguna y muchas veces sin defensa posible.
No podría terminar sin incluir una anécdota con mi madre.
Siendo sábado por la noche, el galán trajeado con todo y corbata se encontraba bajo el volante de su automóvil tratando de arrancarlo directamente pues ya era tarde para la cita, mi madre salió conmigo de la mano y pregunto con ese tono autoritariamente familiar: ”Eduardo ¿Podrías dejarme de pasada en casa de tu tía?” a lo que el aprendiz de mecánico respondió con una serie de improperios tales como: “¿Qué no ves que voy retrasado y que esto no arranca …¡Me lleva!”
Para mi madre eso era suficiente, solo me dijo: “Quédate aquí”, entro a la casa, saco un cubo de metal, abrió la llave del agua del jardín, lleno el cubo, camino hacia el joven trajeado y vertió sobre él toda el agua contenida en el cubo, provocando que mi hermano saliera como un personaje de caricatura, enfurecido y de un solo brinco de abajo del volante, gritando el abecedario, mi madre asentó el cubo, me tomo de la mano y nos fuimos caminando.
Ese es mi hermano Eduardo, el dulce, el del relajo sano, el amigo de todos, el del corazón abierto. 

De aquellas personas que uno no se cansa de escucharlas, las que al partir te dejan una sensación de bien estar.
Es un juguetón de la vida.
El que sabe disciplina y disciplinar con objetivo, no es el hombre perfecto, ni pretende serlo, pues el mismo dice encontrarse en permanente aprendizaje.
Unido a su familia, sé cuanto los ama y le preocupan, pues para él son un núcleo de amor, apoyo y consuelo mutuo.
No importa cuánto hayan tardado nuestros caminos en cruzarse, lo importante es que sucedió cuando más le necesitaba para gozarlo y amarlo.
p.d. Gracias a quien se paso transcribiendo y re-transcribiendo estas letras, ante mi incapacidad para aporrear las teclas a gusto.

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La muerte del Mencho (o el misterio del ataúd dorado)

  Si el asunto no fuera tan oscuro, uno podría recordar la vieja canción del gran Chava Flores sobre la muerte de Cleto.  Cleto, al menos, t...