Carnaval poítico a la mexicana

Pues bien, después de larga ausencia me invade la necesidad de compartir mis ideas con alguien que caiga en este sitio por deseo o por casualidad.
Ahora que nos encontramos en pleno “mardi gras” político, con candidatos vestidos o aderezados con coronas de pan, decenas de collares de flores y bastones de mando de pueblos indígenas que, pobrecitos, no son ni capaces de dirigir su destino y que por tanto le entregan reiterativamente el bastón de mando de su destino al candidato en turno.
Lo que si, nos viene siendo la mas costosa, o reafirmando, cada vez nos cuesta más caro ver la misma película.
Ahora que es hora de todo eso, no podemos sustraernos a ciertas afirmaciones un tanto distorcionadas; primero, no ha sido la más fría de las campañas, ni la más desangelada, ni la que menos propuestas ha exhibido, no que no, es una campaña electoral igual que las de antaño.
Que si ahora se dicen chachalacas, bueno antes se dijeron tepocatas y víboras prietas.
Que si ahora dicen que desde el mismo primer minuto del mandato van a bajar el agua, el teléfono y la luz (Oye Bartola), pues bueno igual antes se iba a arreglar Chiapas en 15 minutos…pero en fin nuestro presichente se ha perdido en el túnel del tiempo.
Por tanto, ¿a que viene tanta sorpresa?, que si está apanicada la clase media alta y la media –media, igual lo estaban los priistas hace 6 años.
Que esto no es consuelo, pues claro que no lo es, más tampoco podemos decir que nos sea desconocido, la verdad es que es más de lo mismo.
Veamos los trajes de carnaval político de los 3 candidatos punteros.
Un candidato, vestido de vaquero del medio oeste norteamericano en su versión colonizadora, pequeño de estatura, con piel delicada y sin control sobre su carácter, quien no ha podido ignorar y/o soportar la mas leve de las provocaciones pues ante el mínimo resoplido, relincha.
El otro vestido de mono araña, más por ser miembro de la familia del tiranosaurio rex, tiene la piel mas dura que el cemento y aguanta cualquier injuria dicha o pensada, no sólo porque se las merece todas, si no porque a él, lo que a Juárez, ni el viento lo toca, y hablando de tocar, pues tampoco parece que le tocaran las preferencias de los votantes, incluyendo a muchos del partido al que dice representar.
Y por último, el candidato que en su visión el único traje posible que le queda es el de Siddharta Gautama Sakyamuni, el más lustroso, el que ya se siente lo que cree que ya es, es decir, porque lo visualizó ya existe, y por tanto si existe para él, existe para los demás, y de no ser así de plano eres una chachalaca implicada en una acción concertada, es decir un “compló “ en su contra y en contra, por tanto, de la verdad, la solidaridad, la esperanza, de un futuro visionario de una América unida, en donde los menos favorecidos y los indígenas serán redimidos bajo programas que aún no se han pensado y que por tanto no puede plantear, pero que harán que éste país regrese a ser el México que fué, si, el Mexico de Pedro Infante y Sara García.
Es decir éste personaje inspirado y en el papel protagónico, nos presenta su realidad reflejada en una mezcla de Juan Pablo II, Luis Echeverría y Carlos Salinas de Gortari. Aunque cabe aclarar que ninguno de éstos personajes, o la figura que resulta de su conjunto, tienen nada que ver con el disfraz utilizado, incongruencia congruente, con alguien que se dice AMLO y que en realidad es por acta de nacimiento MALO. Por ahí dicen que infancia es destino.