De chile, de dulce y de manteca

De chile. Algunos de mis mas cercanos amigos me han preguntado la razón de que yo no haya dado mi opinión sobre los hechos delictivos que han sucedido a nivel local y nacional, dado el interés, procederé a dar mi razón y mi opinión. La razón de no expresarme públicamente al respecto es porque todos estamos en un estado nervioso tan intenso y recibiendo bombitas de información y desinformación en un goteo consistente que creí que debería ofrecer algún tema diferente, solo por variar. Mi opinión es que ningún acuerdo ni pacto va a funcionar en éste país mientras no se haga una restructuración estructural de las causas que han provocado estas y otras circunstancias, como por ejemplo, la polarización del ingreso que provoca un nivel de pobreza que es campo fértil para delinquir; que la oferta no existe si no hay demanda, por tanto son las familias las que deben de verse hacía dentro y preguntarse que hay que cambiar en nuestro sistema de valores para que, tanto jóvenes como adultos no acaben siendo parte de la demanda de droga, alcohol y actividades en que la violencia –ésta última disfrazada muchas veces por juegos de video, mal trato físico o psicológico intrafamiliar o relaciones disfuncionales- es parte central.
También creo en el poder ciudadano, como lo expresaba en alguna oportunidad anterior, por tanto debemos avocarnos a cambiar nuestra actitud en función a una nueva visión de país y de vida en consecuencia.
Una medida inicial podría ser mejorar sustantivamente los sueldos a todos los grupos de policías, federales y locales, prestaciones reales que logre que gente motivada y capaz sea la que nos cuide. La creación independiente de una organización exclusivamente ciudadana, patrocinado por las diferentes organizaciones empresariales y civiles, que se encargue de auditar permanentemente los actos -y los resultados de los mismos- de jueces, ministerios públicos y demás impartidores de justicia, determinar que ministerio publico es el que no fundamenta bien los casos que permiten que los delincuentes salgan libres; que juez es el que sistemáticamente libera a famosos personajes por falta de méritos; que miembro del área judicial vive por encima de sus posibilidades, y entonces proceder a denunciarlos públicamente, sustentando irrefutablemente dicha denuncia ante toda la sociedad, impidiendo que nunca más puedan acceder a ningún cargo público. Exigir que los legisladores creen y aprueben leyes más claras y precisas con sanciones más relevantes para todos aquellos que delinquen y recordar que, si no lo hacen dichos legisladores, no puedan seguir ocupando y brincando de un cargo público a otro, de un periodo a otro. Crear ámbitos de verdadera readaptación social más que prisiones que fungen como universidades del crimen.
¿Con qué fondos cubrir todo esto? Disminuyendo, de una vez por todas, el número de diputados y senadores, bajándoles el sueldo y prestaciones a los que quedaran, eliminar salas de descanso, peluquerías, restaurantes y demás servicios destinados gratuitamente a dichos tribunos. No reirnos o callarnos como resultado de confrontarnos a una acción de franca corrupción cometida por algún pariente o amigo.
Para mi, eso es lo requerido en su enorme simplicidad, claro que, cómo se me ha dicho, en el sistema político mexicano -asumiendo que se desee actuar con la mejor voluntad- se hace, la mayoría de las veces, lo que se puede y no lo que se debiera.
De dulce. A mis 9 lectores los invito a que si son de la era ochentera, les gusta la música de Abba y están estresados, desanimados o con ganas de divertirse y salir con el ánimo –casi- indestructible no pueden dejar de ver la película Mamma Mía, fundamentada en la obra teatral del mismo nombre. Todo es remarcable como excelente: el elenco, el guión creado en torno de las letras de las canciones de Abba, los paisajes, pero por sobre todo lo anterior, la actuación de Meryl Streep es arrolladora, chispeante, divina. Pocos actores son los que pueden aceptar un primer plano, menos aún varios primeros planos, y no pestañear con ello, que belleza, que forma de decirnos: “no soy únicamente la Decisión de Sophie o los Puentes de Madison y El diablo viste de Prada, soy ésta Meryl y soy aquella también”.
De manteca. Hay momentos en nuestra vida en que debemos hacer cambios,por situación y con férrea decisión, independientemente de modas, figura o aceptación. Por tanto, para aquellos que no han llegado a es condición deben detenerse y preguntarse como yo lo he hecho en estas últimas semanas: "A partir de éste momento, ¿Cómo deseo vivir? ¿Qué calidad de vida deseo tener?"
Y confrontarnos a la realidad de que no hay más que el camino del trabajo, el descanso y la sana alimentación.
Por algo dicen por ahí que: 8 horas de trabajo, 8 de sueño/descanso y 8 de superación y actividades de la vida diaria.
Aprendamos a disfrutar el delicioso sabor de una manzana sintiendo que con esto le damos una aportación de frescura a nuestro organismo; que las hojas verdes pueden seducirnos al crujir con el aderezo adecuado. Todo motor requiere mantenimiento. Vivamos en pro de lo saludable, de lo contrario, el organismo decidirá por nosotros, y cuando esto suceda, ya no será cuestión de decisión sino de sobrevivencia. Recordemos esto pensando especialmente en los niños, pongámosles las verduras y las frutas enfrente, de manera divertida, natural y cotidiana, más recordemos que es difícil enseñar sin el ejemplo.
"Mamma Mia, otra vez igual
Ay, Ay ¿como resistirme?
Mamma Mia, siempre acabo mal
Ay, Ay no se corregirme"

Nuestra Independencia

Existen momentos en que me cuestiono sobre los hechos históricos de nuestro país tal y como son descritos en los libros oficiales.
Iniciare mi reflexión preguntándome ¿Por qué al estudiar historia le rendimos más importancia a las fechas y el nombre del evento que al evento mismo, sus causas y consecuencias?
Si pensamos en la Independencia de México, descubrimos que los criollos ya no querían seguir dependiendo de España y su Rey, por tanto inician una revuelta, incitando obviamente a los mestizos e indígenas, ¿Quién mejor que un cura –imagen materna para el indígena, en contraposición con los soldados que eran su figura paterna- para iniciar esta revuelta? ¿Casualidad que el cura enarbolara un estandarte con la Virgen de Guadalupe plasmada para guiarlos en esta guerra?
Dejo a los historiadores la profundidad de estas preguntas, simplemente las usaré como referencia para mencionar-desde mi punto de vista- la necesidad de una nueva independencia, la de las ideas y las actitudes nacionales.
El México de hoy, ya no es un México cautivo de un partido político determinado, más seguimos sometidos a la dictadura de los políticos reunidos en un club de partidos donde se están matando entre sí -en lo público y lo privado- y en el intermedio la nación espera,
¿Qué esperamos los mexicanos? reformas administrativas, energéticas, fiscales, de seguridad. Todo esto depende de los poderes ejecutivo y legislativo, más ellos están preocupados en entenderse entre sí para seguirse dando tiempo a sus guerras internas motivadas en la premisa que los lleve a descubrir quien manda en cada partido.
La sociedad civil, yo, tú, todos, debemos tomar nuestro sitio y estas fechas meditar sobre que nación deseamos, y entonces ponernos a trabajar en ello de una vez. Para mí las marchas multitudinarias son algo emotivo pero poco efectivo, presionemos a nuestros representantes, enviémosles cartas, vayamos como asistentes a la sesión de los Congresos Locales.
En las fechas de elecciones presionemos para que, de salir electos, una de sus propuestas sea modificar su calendario de actividades legislativas, tanto las de los diputados locales como de los federales, quienes bajo el supuesto de visitar sus zonas distritales, disfrutan de pasajes aéreos, dinero para viáticos y gasolina, choferes, oficinas, secretarias y lo único que no hacen es visitarnos. No dudo que convivan con sus correligionarios de partido y sus familiares; directamente, a mi representante distrital no lo conocí personalmente, ni lo conoceré, si pienso en retrospectiva de acuerdo a la historia.
¿Por qué voté? uno que desea cumplir y ejercer sus derechos, se ufana en averiguar la trayectoria de los candidatos, en seguir sus propuestas y de ahí –en lo personal- sustento mi voto.
Invito a mis representantes tanto local como federal a visitar el parque del fraccionamiento donde vivo -y si me avisan con tiempo- con gusto una servidora, sin cargo al erario, me responsabilizo de invitar a mis vecinos, alquilo sillas, equipo de sonido y hasta preparo rica y fresca horchata -para los vecinos- con el fin de recibir a tan honorables visitantes y así informarnos de primera voz sobre lo que sucede en sus distintos ámbitos de responsabilidad, expresarles nuestras opiniones, ya que finalmente son las que ellos enarbolaran para definir sus votos y decisiones.
Ahí queda la dirección de mi blog -al final de ésta reflexión- para todo aquel representante que desee responder a mi invitación.
Mientras eso sucede vuelvo a mencionar, pienso que en estas fechas no tengo mucho que festejar y me pregunto: ¿Deberemos seguir festejando la Independencia de España cuando vivimos cautivos de la esclavitud del poder político mexicano?

La Academia, somos lo que vemos.

Como ya lo he admitido en el pasado, soy una apasionada de los medios de comunicación, especialmente de la televisión, programas sobre todo aquello que tenga que ver con las noticias, la historia y con el desarrollo humano, por tanto, los reality shows me procuran mucha información acerca de las diferentes sociedades y su cultura.
Evidentemente que hay que diferenciar de programas a programas, Proyect Runway, Los Tudor son algunos de los programas que atraen mi atención actualmente como lo fueron Operación Triunfo España o Dancing with the Stars en su momento.
He visto los programas relativos que se han realizado tanto en México como en España y los Estados Unidos, lo que me ha permitido darme cuenta del manejo psicológico que se hace sobre los participantes y el público que sigue dichos programas.
La primera conclusión es que existen diferencias estructurales en el manejo emocional y de lo que se desea proyectar de país a país. Me resisto, más no puedo dejar a un lado, que el morbo es el elemento inicial y fundamental en nuestra sociedad mexicana, hay que exponer todo el dolor, los vicios, las inquietudes, los desasosiegos de los participantes en dosis perfectamente calculadas para tener un balance que lleve a la producción del programa, como hilo conductor a un rating aceptable. Sólo la desgracia nos conmueve.
Inicialmente basándose en la visualización de Orwell en su obra “1984” surge el proyecto mexicano denominado Big Brother, la basura más grande, desde mi perspectiva, realizada en este país.
Cada una de esas “Televisas” ediciones ha sido un ejemplo de manipulación para introducir en la sociedad costumbres, modismos, estilos de vida que representan a ciertos sectores de la sociedad más que no son la suma del colectivo mexicano. Siempre hay su recatada, su mujer “loca”, su varón hippie, etc. Los elementos salidos de esos programas han alcanzado fama y por tanto se siguen sus pasos posteriores, los cuales lo menos que se puede decir, es que son vergonzosos, en su mayoria,remeber al "Pato" Zambrano.
Actualmente tenemos una edición más de “La Academia, la Última Generación”, en donde al igual que en sus periodos anteriores, TV Azteca usa y abusa del drama, las cualidades vocales no parecieran ser el elemento central, percibo que al entrevistarlos durante el “casting”, junto con la calidad vocal se requiere de alguna situación personal que pudiera ser explotada a la par de la realización de la “competencia”.
Este último domingo llegó a su mayor desmesura la producción de dicho programa con la presentación del drama del hijo que no veía a su padre desde hacía 4 años para lo cual se trasladó al padre desde España, pasando -como segunda opción de drama- por la confrontación de uno de los concursantes con su novia -la que por cierto, y fuera de concurso, hizo una presentación previa de baile antes de la confrontación- en la cual el público y los propios compañeros de “Academia” gritaban “que lo corten, que lo corten”, como si se hubiera retrocedido a la época en que el gladiador quedaba expuesto a la decisión del césar.
Y que decir del susodicho jurado, donde difícilmente se hacen comentarios constructivos y orientadores, congruentes a la calidad y el conocimiento que se supone tienen dichos especialistas. La opinión más profunda de éste domingo fue la aportación de un presunto “maestro”, Raúl Quintanilla el cual, de manera prepotente y agresiva les dijo: “son ustedes unos burros, han dado un presentación deplorable”.
Ese tipo de eventos, en donde un grupo de jóvenes de entre 16 a 28 años, conviven durante meses encerrados en una “casa” rodeados de cámaras, sometidos a arduas jornadas de trabajo y “apoyados” por profesores que los descalifican y someten a gritos y amenazas, con un director neurótico el cual pareciera la reencarnación de Hitler en su etapa más desequilibrada, en donde los obligan a realizar las “dinámicas” más degradantes que he visto, desde la proyección de sus miedos y complejos, hasta la promoción de enamoramientos y expresiones corporales que son justificadas bajo la premisa de que por esos medios “aprenden a sacar sus emociones”.
Esta opción de vida se relaciona con la gran necesidad de sobresalir y ser “alguien” en éste país, ser admirado y salir de la pobreza, pero con velocidad. Lamentablemente la mayoría de ellos carece del talento elemental para seguir una carrera artística y sólo están ahí para que sus familias promuevan las llamadas de apoyo, que generan grandes dividendos a la televisora.
Es triste la manera en que se desarrolla el aprendizaje bajo ese esquema, no entiendo las circunstancias para que un padre permita las vejaciones a las que son sometidos esos jóvenes, creo que no existe justificación alguna.
El mismo programa realizado bajo una verdadera visión de formación de alto rendimiento, sin la presentación del drama personal y el manoseo de las emociones de dichos jóvenes, sería un programa atractivo de ver, inclusive hasta relevante para la proyección de la cultura del esfuerzo y la dedicación, las que unidas al talento pueden hacer que un sueño se realice.
Que triste espectáculo. Que penosa vía para lograr un objetivo. ¿Acaso al final del recorrido, los cientos que quedan en el camino logran asimilar la trascendencia de los efectos que ese tipo de experiencia deja en su personalidad? ¿Acaso el fin del rating justifica los medios?
Como declaró en su momento Emilio “El Tigre” Azacárraga, “en Televisa hacemos televisión para jodidos”.