¿Para qué nací?

Muchas veces me he preguntado lo anterior, como cuando me sentía fuera de lugar entre tantas personas mayores con problemas y alegrías que no entendía, cuando me sentía sola sin tener con quién compartir mis aventuras y sueños de infancia o cuando el miedo me alcanzaba en la noche por una sombra extraña en el mosquitero de un catre de una casa que no era la mía.

En esos momentos en que eres entre un mueble simpático a veces y otras uno inservible, te cuestionas…. 
¿Qué vine a hacer aquí?

Sin embargo en medio de todo, sentía que yo tenía más obligaciones que mis coetáneos y menos comunidad, a la vez, apreciaba la oportunidad de poder oír a tanta gente mayor a mí, de diversas generaciones, en sus mundos y escenarios tan diferentes, con tristezas y alegrías, que compartían, mientras la niña estaba presente para verla más no para ser escuchada.

Gracias a esas eternas charlas de familiares y amigos de mis padres y hermanos, porque para sorpresa de muchos los tengo y los tuve, especialmente madre, pude ir aprendiendo desde muy temprano situaciones de la vida que no me competían en ese momento conocer, más que me dieron la oportunidad de prever después, en el futuro, posibilidades y personalidades.


No con eso me he salvado de grandes golpes y caídas (éstas literales, las menos) pero también aprendí a levantarme más fuerte, más segura, porque bien dicen, que lo que no te mata te fortalece.

Durante mucho tiempo he dicho y estaba convencida de que que mi mayor virtud, era mi mayor debilidad: la sensibilidad, sobre la cual mi madre trabajo tanto.

Hoy me he visto en el espejo retrovisor de la vida y me doy cuenta de que mi mayor defecto es creer en las personas, amarlas, prodigarlas y aunque me demuestren su deslealtad, seguir creyendo, pensando que el cariño y la entrega pueden resarcir el desliz de un momento o de varios.

Noviembre se ha vuelto el mes que quisiera borrar del calendario, en noviembre mi persona especial, mi heroína y mi fortaleza se fue al cielo; en noviembre me han pegado golpes al alma quienes han recibido sólo amor, lealtad y entrega de mi parte, viendo yo en esas personas lo que no había, cual madre ve a su hija desgarbada y llena de forúnculos, como la más bella del concurso.

Noviembre negro, noviembre infeliz, hoy he decidido que se vuelva el mes de la claridad, de ver sin inciensos que opaquen las verdades, pues soy una persona congruente con mi actuar o cuando menos así me aprecio de serlo, por lo que he razonado que no puedo serlo si no soy capaz de ver a las personas, iniciando por mí,  en su realidad, favorable y desfavorable, con sus tremendas limitaciones, sin pretender justificárles ni

seguir creyendo que son en cuanto a mí, lo que nunca han sido ni deseado ser.

Noviembre oscuro, noviembre doloroso, que me ha hecho ver que una persona nunca puede ni debe reclamarle a un ser que ha querido y protegido, su indiferencia hacia lo realizado por uno, ni su incompetencia en cuanto a llegar a ser lo que no puede, pues nunca ha tenido con qué serlo.

Noviembre hostil, noviembre pagano, donde pareciera que todo lo malo sale, para que en diciembre nos limpiemos en una feria de felicidades paganas, donde el licor y la comida, el vestido y el glamour, toman el lugar del que da vida a esa fiesta, si hay alguien que merece ser bien recibido, festejado y regalado, es el niño del pesebre, no los creyentes de cumplimiento y menos los mercaderes del templo.

Noviembre putrefacto, noviembre de sangre y miasma, de poder conseguido a como sea, de declaraciones y desapariciones; de verdades a medias y de lealtades olvidadas. 
De promesas rotas, de silencios temerosos, de búsqueda de posición, poder y dinero.

Finalmente he acabado queriendote noviembre, porque ahora sé que existes para mí para abrirme los ojos, estos ojos que durante décadas  empezaban a cerrarse desde enero y que llegaban a ti con una visión difuminada de la realidad, de mi entorno, de las personas.

No hay que darse sin límite más que a la fe en lo supremo y en uno mismo, al ser, humano o no, necesitado, que requiere desesperadamente de uno.

Ahora me valoro, y voy a entrenar para ser mi propia campeona, al fin he descubierto por qué y para qué nací, vine a esta vida para que al final de la misma pueda partir sintiendo que honre mi vida.

Mercedes Sosa-Honrar la Vida
https://www.youtube.com/watch?v=Zg6Vns2QOkU&list=PL711AE88F9D347CEC