jueves, diciembre 10, 2009

¡Cómo me gusta diciembre!

El titulo es sencillo, diciembre me gusta y me gusta por muchas razones, válidas y no tanto. Me gusta porque es el termino del año, que aunque ya estoy como para no añorar que terminen, me gusta recordar que hice todo este tiempo y definir si salgo pareja, debiendo o sobrepasada. 
Diré que a pesar que ser un año que termina en impar (esos como que no me gustan tanto) este me gustó, hubo de todo como en botica, ganó lo bueno a lo malo (cómo debe de ser), el trabajo a la flojera y lo amable a lo francamente evitable. Me gusta diciembre porque en teoría, algunos yucatecos como yo, deseamos implorantes que llegue un leve norte que nos permita no sudar con alguna ropita medianamente gruesa, aunque debo de reconocer que hay de los otros yucatecos, cuyo termostato corporal se rige mas bien por el calendario, podemos verlos a 33 grados de temperatura con tremendo suéter o poncho de Chiconcuac, chamarras con peluche y hasta sombreros, pero eso si de chanclas o sandalias, que disque porque es trópico, cuando cualquier ser levemente informado sabe que, en el caso de frío, tapándose la cabeza y los pies uno ya mitiga mas del 60 % del frío, perooooooooo recordemos que esto es Mérida, aquí nada se parece a algo y finalmente tampoco tiene porque parecerse.
Me gusta diciembre porque muchos amigos cumplen en este mes y porque se acerca mi propio cumple el cual yo celebro como funeral de pueblo, con semanas de anticipación y posterioridad, es tanta mi celebración y tan profunda la semejanza con las tradiciones funerarias, que éste año 2010 he pensado regocijarme contratando a un músico de serafina para sentirme acorde a la situación, sólo que en lugar de pagar a la plañideras para que lloren, llamaré al club de mi lectora numero 4 para que se revuelquen a carcajadas, no hay nada mas bello que la risa de un ser humano, de la edad que sea. Me gusta diciembre porque nuestra ciudad se adorna, por lo que podemos salir tranquilamente a “gustar” los foquitos y decir “máre, ojala y se quedara así todo el año”; aunque ese feo reloj del bicentenario, ese el de la fuente de la hamburguesería que afea a la fuente y a cuanto adorno se ponga ahí, por patrio, carnavalesco o decembrino que éste sea, ¿Acaso no pudieron escoger algún sitio más estratégico y menos elitista?
Digo, porque yo creo que los pobladores de la zona del “Macho Cabrío” o de Juan Pablo Segundo también merecen estar al tanto de cuantos segundos nos faltan para festinar lo que en realidad no es nada festinable, una “chan” independencia, creada por unos cuantos, que finalmente después de dos siglos siguen detentando el poder por vía de sus descendientes y alguno que otro agregado. 
Me gusta diciembre porque los niños se ilusionan y con su ilusión, algunos, que nos mantenemos en etapa inicial nos sentimos contagiados y por unos días nos olvidamos de tantos líos, desgracias, carencias e inclusive podemos hasta ayudar a otros mediante una simple acción u objeto necesario, para que, si bien no solucionen sus problemas, cuando menos por unos instantes se sientan felices por ser objeto del cuidado de personas que se organizan para obtener y darles lo indispensable, aunque sea por ser diciembre. 
Me gusta diciembre, porque me da el pretexto completo para tener un árbol natural adentro de mi casa mediante toda una obra de calculo de ingeniería, ya que cada año superándome a mi misma y a los proveedores de árboles, trato de adquirir alguno mas alto que el techo de mi predio y mas ancho que el espacio destinado para sala, espacio que en su uso regular en realidad se utiliza como una especie de área lúdica. 
Me gusta diciembre porque y tratando de no salirse de los lineamientos médicos indicados uno puede zumbarse uno que otro trozo de pavo horneado, espagueti, sandwichón, ensalada de frutas, dulces de almendra y vasos de sidra, sin pensar por dos noches, que eso es un pecado para la diabetes, un atentado a la hipertensión y una oportunidad para más músculo acumulado en reposo. 
Por todo eso y mucho más me gusta diciembre. 
Tratemos de que éste nos sea inolvidable, más por el cariño, los abrazos y los reencuentros, que por las ventas nocturnas, regalos productos de horas enteras de sudor, dolor y lágrimas (por los pies adoloridos y por el estado de cuenta de la tarjeta). 
Nunca el valor del presente podrá representar la estima o el aprecio, sencillamente regalemos eso, aprecio, cariño, compañía, alegría, asertividad y sonrisas; iniciando por nosotros mismos, veámonos al espejo y digámonos cuan bellos somos y que bien nos caemos…..total es diciembre.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Lo que más me gusta de diciembre son los 10 días de que dispongo para levantarme a la hora que sea y disfrutar el flotar en mi hamaca sin tener que dejarla corriendo por obligaciones laborales. Bendito diciembre que hace que los depresivos se depriman y los suicidas se marchen ya.

εїз BorBoLeTA εїз dijo...

a mi me gusta porque conoci a mi esposo en el remate de paseo de montejo, justo frente al arbolito, que cosas, no?? por cierto... en juan pablo si llego la decoracion navideña, como ves??? XD