domingo, diciembre 26, 2010

Santa paz


Como ustedes, queridos amigos lectores ya saben, las fiestas navideñas y mi cumpleaños equivalen para mi a las celebraciones del reciente Bicentenario.
Con tal comparación, imaginaran que dichas fechas son preparadas y celebradas por mí con mucha anticipación, planeo reuniones con seres allegados a mi vida y a mi corazón, me voy relajando según van llegando los días mencionados. Esta navidad, sencillamente decidí iniciar desde mediados de noviembre, comprando prácticamente el primer árbol que llegó a estas tierras y el reto fue conservarlo – regado y en aire acondicionado- para que llegara en su plenitud a las fechas precisas.
Pinte partes de mi predio, historia relatada en el post anterior; compre todo lo requerido, antes que las multitudes en plena tensión mental y arterial salieran en actitud frenética y desesperada a apropiarse de lo necesario y de lo no tan necesario, provocando con ello filas larguísimas en las cajas de pago, estacionamientos llenos, padres alterados, niños histéricos, jóvenes felices porque nadie se da cuenta de lo que ellos hacen o dejan de hacer con la misma asiduidad de lo normal, en fin el despelote en su puro desarrollo. Mientras, yo lista con todas mis necesidades, me relajo conversando, visitando y disfrutando a personas que no puedo frecuentar tanto durante el año, o pasarme las horas con las personas cotidianas, criticando a todos los del despelote.
Todo lo que podía estar planeado y bajo mi control lo estaba, considerando, inclusive algunos factores que no lo están –estrictamente bajo mi control- pero que son predecibles en su embate, ya estaba lista como navaja de afeitar…… hasta la mañana del martes 21, en la que desperté sintiéndome apaleada, francamente pensando que en la noche me habían convertido en puré de camote, la fosa nasal derecha en estado de chile habanero, el ojo del mismo lado llora y llora, mientras el izquierdo delataba cierta perturbación por no estar ni ligeramente triste como su compañero, decisión inmediata, Dra. Lope ahí voy.
Me recibió con su cordialidad usual, diciéndome: “… es natural, es tiempo en que los asmáticos se retientan y con su rinitis peor”, yo guarde profundo silencio, pues me he pasado todo este año en la viva tos, afonía y lagrimeo y siempre ha sido "este endemoniado clima", preguntándome cual es el que me había convenido hasta el año pasado, mientras ella seguía diciendo: “es natural que se sienta así”.
En fin que para no hacerla larga, me fui con mi bastimento de medicinas contra todo mal presente y repose, pues en la noche me esperaba mi posada navideña de la facultad a la que en ningún momento puse en duda el no asistir, lo cual hice, pasando momentos divertidos, amenos y amables entre amigos, y algunos que olvidamos, en ese evento, que no somos tan allegados el resto del tiempo, pero que dicho evento nos olvidamos de manías, pataditas y achuchones.
Retorne a mi predio a hora apropiada y seguí mis días con cabalidad más, al llegar el 24 por la mañana –madrugada para mí - me invadió una sensación de devolución total de todo, alimento, medicinas y hasta lo que no sabía que tenía, por todas las vías posibles.
Dra. Lope al rescate, diciendo que mi flora intestinal se había vuelto aparentemente fauna y que refrenara los medicamentos bronquiales y pulmonares, para atacar los efectos intestinales.
Obvio que con ello todo plan quedaba a un lado, la comida en el refrigerador y algunas actividades canceladas.
Aquí viene lo medular de esta larga descripción de tan poco amable panorama, frenados los desahogos físicos y con la tos y afonía a la alza, impredeciblemente no sentí alejarse de mí el jacarandoso espíritu navideño.
Sabía que la gente tenía sus planes y debían cumplirlos, misteriosamente no entré al drama del: “¿por qué yo?”; algunas otras navidades las he pasado en cama con esa sensación de: “pobrecita de mí” o “ahora no haré otra cosa que dejar pasar los días de navidad, pues seguro me enfermare”.
¡Nanay!, asumí la gelatina, la manzana en trozo, en jugo, en concentrado y me di a la tarea de disfrutar de lo que sucedía.
He visto TV hasta el amanecer, he leído, he pensado y he encontrado que la pasé a todo dar.
Agradezco con infinito cariño a todas las queridas personas que estuvieron comunicadas en todo momento, pero, el dormir hasta las 6 de la tarde del 25 y las 3 de hoy, el poder no cambiarme de pijama, en fin el hacer, no hacer o deshacer, ha sido el mejor regalo de navidad y ya me gustó.
Algunos post atrás –como 123- ya había yo afirmado que por fin estaba haciendo lo que yo quería y que ya me había gustado, pero evidentemente que ahora he descubierto que cuando menos mi vida es como un rol de canela, que se ve como un todo, pero que al ir desenrollándolo encontramos todas sus partes y complementos.
Que si me gusta estar enferma: ¡para nada!, además de que cuando me envía la cuenta de mis medicamentos cada año el Jefe Escoffié, paso un mal rato, pero que me gustó esta placida tranquilidad, compartida en su mayor parte por la única persona a quien debo rendir cuentas: a mi misma.
La verdad que esta versión Pango 5.1.11 se cae mejor a la inmediata anterior.
Así que me pondré a flotar los próximos días en el mar de lo esperado y de lo inesperado, con los ojos bien abiertos (uno de ellos con lagrimeo) tanto como el corazón.
Un abrazo por compartir estas letras.


P.D. Todo el mes de enero no contemplo decir las fechas del calendario en voz alta, con el fin de que mi organismo no inicie su proceso de boicot con el fin de baldear mi cumpleaños, pues si bien no niego mis letras arriba plasmadas, el cumple es el cumple – o sea mi Bicentenario anual particular- y yo lo festejo desde una semana antes hasta otra después de la fecha; para meditar ya estuvo bueno, ¿Ok?